Estamos en enero de 2026 y la civilización colapsa; la industria musical ha alcanzado finalmente su estado ideal: producir éxitos masivos sin la molesta intervención de seres humanos que necesiten comer, dormir o tener una crisis existencial en Twitter.
The velvet sundown: la banda sin sexo, drogas ni conflictos por regalías
El fenómeno viral de la semana es The Velvet Sundown. Tienen millones de reproducciones en YouTube Music, un sonido dream-pop impecable y un pequeño detalle técnico: no tienen pulso. Son una «Banda Fantasma», un conjunto de algoritmos de IA que han logrado lo que tú no pudiste con tu banda de garaje: gustarle a todo el mundo (sin existir).
Lo hermoso de este fraude musical es su eficiencia. Mientras un músico real se queja de que Spotify paga una miseria, a The Velvet Sundown le basta con un poco de electricidad y un servidor refrigerado. No hay peleas por quién escribió el estribillo, no hay sobredosis en hoteles de lujo y, lo mejor de todo, no hay que verles la cara en las entrevistas.
El valle inquietante: música con sabor a cartón piedra
Muchos oyentes se quejan de una sensación de «vacío» al escucharlos. ¡Por supuesto! Es música diseñada por una máquina que analizó millones de canciones para darte exactamente lo que tu cerebro perezoso quiere oír. Es el equivalente auditivo a una hamburguesa de plástico: se ve perfecta, pero no alimenta a nadie.

En El Manual de lo Anormal llamamos a esto «Necro-Pop». Estamos bailando al ritmo de un código que emula sentimientos que nunca ha tenido. Es el arte perfecto para una sociedad que prefiere los filtros de Instagram a la realidad con granos y ojeras.
El apocalipsis de los «artistas con sentimientos»
A este paso, para mediados de 2026, los únicos músicos humanos que quedarán serán los que toquen en el metro por monedas (que ya nadie lleva encima). La «crisis de autoría» denunciada este 9 de enero es solo el funeral de la vanidad humana. Los algoritmos han ganado porque son mejores que nosotros: no tienen ego, no llegan tarde a los ensayos y, sobre todo, no tienen esa molesta tendencia a «intentar expresar algo profundo».
Enlaces que te harán perder la fe en la humanidad
Los «videoclips» de The Velvet Sundown (como no) son fractales generados por otra IA para que tus ojos se mantengan tan vacíos como tus oídos. Dale clic a estos espectros digitales y contribuye a que un servidor en Silicon Valley gane más dinero que cualquier compositor vivo:
Dust on the Wind: El éxito absoluto del proyecto, superando los 4 millones de reproducciones en plataformas como Spotify y Chartmetric.
Drift Beyond the Flame: Se mantiene como la segunda más escuchada, con aproximadamente 1,3 millones de reproducciones.
As the Silence Falls: Muy cerca de la anterior, rozando el millón de escuchas (989.6K).
Donando mis oídos a la IA
En conclusión: no lloren por los músicos de carne y hueso. Al menos las Bandas Fantasma no caerán en vicios y excesos. En 2026 el silencio es oro, pero un algoritmo que suena a música es mucho más rentable.
Nota del autor: Este artículo fue escrito por un humano (o eso pretendo. A veces, lo logro).




