InicioReseñasCarlos Ares, el lobo gallego conquista Madrid

Carlos Ares, el lobo gallego conquista Madrid

Comparte con tus amigos

Carlos Ares, el lobo gallego, aterrizaba por tercera noche en La Riviera de Madrid en el marco de la duodécima edición de Inverfest. Clavó sus colmillos por completo en el corazón y en la yugular del respetable a base de talento, entrega y sangre celta, con un directo que es uno de los mejores del panorama nacional en estos momentos. Un artista que a veces toma la forma humana, porque ya sabemos, es un mamífero letal. Lobo suelto, corderos atados y encantados.

El escenario como territorio ancestral

Una cortina negra cubría por completo el escenario. En las esquinas delanteras, dos esculturas zoomorfas en tonos grises sostenían del cuello una ristra de cencerros conectados a un sistema de poleas. Presagio rural, casi mitológico. Cuando las luces cálidas comenzaron a respirar lentamente, el telón se abrió y apareció la escena completa: una palloza gallega dominando el centro, con techo de paja, muros de piedra y puerta de madera rústica. Alrededor, neumáticos, bidones de agua, objetos de campo. Una postal viva de Galicia.

Carlos Ares en La Riviera
Foto: Henrique Pratas @henrique_pratas

Carlos Ares, un lobo suelto en Madrid: El primer aullido

¿Será verdad eso de que viene el lobo y te comerá? Tal como decía mi madre. Humo abundante. Luces doradas laterales iluminan de forma tenue las esculturas e ingresan por la puerta de la palloza cada uno de los músicos de la banda, hacen una reverencia al público y Carlos Ares, ante una estruendosa y espontánea ovación, levanta la mano en señal de saludo y se enfunda la guitarra. Saca sus garras, enseña sus fauces y aúlla por primera vez en la noche con Días de perro, pieza perteneciente a su último álbum La boca del lobo, el cual tendría enorme protagonismo en el concierto. Fuego encendido y todos a su alrededor.

Carlos Ares en La Riviera
Foto: Henrique Pratas @henrique_pratas

Prosigue con Aquí todavía, tras la cual dos músicos toman las poleas de las esculturas mencionadas y, tirando de las mismas, hacen sonar los cencerros y de estos salen polvos de talco. Como invocando al lobo, a la bestia, al lupo más letal, y este llega. Sus ojos brillan en la oscuridad. Su mirada se vuelve penetrante, profunda, y observa el interior de sus seguidores. Afronta La boca del lobo y el recinto se viene abajo con este himno.

Carlos Ares en La Riviera
Foto: Henrique Pratas @henrique_pratas

Lobo suelto, corderos entregados

Lenguas calvas, Autóctono, Odisea y Un beso al sol son las responsables de que el respetable se sienta feliz en la guarida del lobo, danzando con él. Cada átomo, cada molécula, vibra. El lobo huele sangre. El lobo aúlla y, sin desprenderse de la guitarra en ningún momento, muerde certeramente. Se inclina permanentemente en posición de alerta, de guardia, de lobo feroz que está al acecho y va a morder la yugular y el alma.

Carlos Ares en La Riviera
Foto: Henrique Pratas @henrique_pratas

La banda suena acompasada, con violín, bajo, guitarras, piano y una sección de percusión de lo más completa, la cual incluye hasta un bombo leguero. Todo liderado por el jefe de la manada. Los músicos bailan durante todo el concierto con sus cuerpos, levantando sus piernas, moviendo melenas. Es una celebración a la vida. En un vendaval de sonidos abrazados con la poesía de un artista, destinado a marcar una época.

Carlos Ares en La Riviera
Foto: Henrique Pratas @henrique_pratas

Su guarida como refugio ideal

La conexión es absoluta, plena. Creo que vi hasta los tres cerditos, a Caperucita Roja y su prima Caperucita Azul, bailando y cantando las canciones del lobo gallego. Las texturas de Cigarra, Amigo y Materia prestada nos recuerdan que su disco Peregrino es un álbum sólido por demás.

El recinto canta de forma unísona. Se han apoderado de la obra de Carlos Ares por completo. El lobo más feroz es el más talentoso. Además, se ha sabido rodear de otros de su misma especie y hacen que el espectáculo sea titánico, pulcro y con un sonido grandioso.

El lobo es solitario por naturaleza

Salen de escena todos los músicos por la puerta de la palloza, menos Carlos. Se colocan siete taburetes altos en el stage. Luces en tonos cobre. En soledad, con sus garras, con su pelaje y con su guitarra, muestra la profundidad de la boca del lobo cuando interpreta Terrícola sentado sobre su banqueta correspondiente ante un silencio verdaderamente sepulcral en la sala, en lo personal nunca visto (querido lector, si estuviste ahí, sabes lo magnífico que fue, cual grito mudo de Michael Corleone en El Padrino III), y este se rompe solo al final de la composición, con una ovación de varios minutos, luego retribuida por el propio intérprete hacia el público.

Una prueba más del enorme calado que produjo en la platea durante todo el directo. Dientes y garras afiladas son mostradas en todo momento. Nadie teme por su vida. La bestia amansa los corderos con sus aullidos.

El regreso de la manada, palabras a la platea y un matrimonio feliz

Uno a uno retornan los músicos por la puerta de la palloza y, sentándose en cada uno de los taburetes, instrumento en mano, afrontan en formato electroacústico junto al Lobo la instrumental Mineral y Collar, con la que ponen punto y final al bloque principal.

Se dirige por primera vez al público, agradece por ser el tercer directo con lleno absoluto y a todos los que trabajan para que salga perfecto el show y da pie a una pedida de matrimonio entre dos fans, que terminó con un sí y un beso final, ante la ovación del público y el abrazo afectuoso de ambas con el frontman. Carlos Ares bromeó que la palloza, protagonista durante toda la velada, estaba reservada para la noche de boda. Las protagonistas felices posaron para nuestra cámara.

Carlos Ares en La Riviera
Foto: Henrique Pratas @henrique_pratas

El aullido final es más poderoso aún y bajo la luna

El tramo final está reservado para Importante, en Rocíos, con todos los músicos de rodillas, cual adoradores del dios de los tambores, esperan a que el percusionista concluya. El respetable seguía acompañando con palmas y voces, a pesar de estar sangrando abundantemente por las mordidas letales. La entrega era absoluta por parte del lobo gallego y de sus devotos corderos. Presenta al resto de la manada con palabras sentidas.

Carlos Ares en La Riviera
Foto: Henrique Pratas @henrique_pratas

Se acerca a cada uno de los extremos del stage y dedica una mirada y un gesto cómplice al público, tras lo cual toca Peregrino y, acto seguido, ingresa un saxofonista para acompañarlos en los compases finales y en el último aullido, Páramo, que concluye con el lobo acariciando las manos de sus corderos.

El público lo aplaude con amor al finalizar y hasta las palmeras de la sala le dedican vítores. El lobo, junto al resto de la manada, le dedica una reverencia al público y finalizan igual que comenzaron, abandonando el escenario por la puerta de la palloza.

Carlos Ares en La Riviera
Foto: Henrique Pratas @henrique_pratas

Mamá, estabas equivocada. El Lobo vino y no me comió, se puso a bailar junto a mí, enfundado en su guitarra y con sus garras haciendo magia. El tiempo y el espacio es de los dioses, la música, de Carlos Ares.

Mi único Lobo héroe en esta vida.

Comenta con tu Facebook!

Autor

  • Carlos Ares en La Riviera

    Redactor, fotógrafo y entrevistador de Arepa Volátil. El riff como capa, la poesía como espada y el rock and roll como sangre bendita. La música, el único escudo.

    Escritor de pluma honesta, siempre atento a las propuestas emergentes, a los artistas que rompen moldes y con devoción suprema a los dioses de la música.

    Rockstar a mi manera.
    Los shows en directo, la sal de la vida.

300x600

Subidas Recientes

Compra tu hosting ya!
arepavolatilpng 2
Resumen de privacidad

Con su acuerdo, nosotros y nuestros socios usamos cookies o tecnologías similares para almacenar, acceder y procesar datos personales como su visita en este sitio web. Puede retirar su consentimiento en cualquier momento haciendo clic en "Configurar" o en nuestra Política de Cookies en este sitio web.

Nosotros y nuestros socios hacemos el siguiente tratamiento de datos: Almacenar o acceder a información en un dispositivo, Anuncios y contenido personalizados, medición de anuncios y del contenido, información sobre el público y desarrollo de productos, Compartir tus análisis de navegación y grupos de interés con anunciantes y otros intermediarios del mercado publicitario, Datos de localización geográfica precisa e identificación mediante las características de dispositivos