El regreso de Viva Suecia a Madrid: una noche de comunión total en el Movistar Arena
Estamos aquí de nuevo, una secuela meses después de aquel 31 de octubre de 2025. Nuevamente el reloj fue muy puntual: eran casi las 21 horas cuando empezó el show. Últimamente el público suele vestir como sus artistas favoritos o algo que les recuerde a ellos, como una camiseta de la selección de fútbol de Suecia, pañuelos al cuello, etc.

Como no podía ser de otra forma, qué mejor forma de abrir el show: llegó con Dolor Y Gloria, uno de los pilares de Hecho En Tiempos De Paz. Ya hay un viejo recuerdo de lo que fue en octubre, pero retumba más el suelo cuando los miles de asistentes están disfrutando en paz y en armonía. No hay que mirar hacia atrás, sino al presente y al futuro, y este nuevo concierto de Viva Suecia se escuchó tan espectacular y tan bonito que hizo saltar lágrimas a más de uno.

Rafa Val, Jess Fabric y Alberto Cantúa no paran: van de un lado para otro, saltando entre el público, con vino… da gusto verles. Se están moviendo de un lado para otro en todo el escenario durante todo el concierto, y eso contagia. Todo el Movistar Arena saltaba de alegría y coreaba todas sus canciones, desde sus viejos temas hasta sus nuevos.
El escenario, dividido en tres alturas y rematado por un mini stage frontal, con cuatro escalones y una pequeña pasarela, permitió al cantante, al bajista y al guitarrista acercarse tanto a la primera fila que algunos fans lograron rozarles la mano en más de una ocasión, tocar las cuerdas, respirar el mismo aire que ellos. Chapó por esta cercanía del grupo murciano.

El diseño escénico fue, sin duda, otro de los protagonistas: espectacular. La pantalla panorámica es puro arte, enseñando con imágenes la historia emocional del repertorio: cada canción era un mundo, y aunque todos tenemos la imagen de Rafa Val como el protagonista, todos lo son; los once músicos son por igual.
Melancolía fue de los mejores momentos de la noche, con dos voces que todos conocemos porque siempre están en todos los shows. No fue Samurai, pero sí dos voces femeninas invitadas acompañaron desde los coros, mientras Rafa Val se sentaba al teclado en un momento de recogimiento escénico que contrastaba con la energía eléctrica del resto del set.
Un repertorio de himnos, invitados y un Movistar Arena completamente entregado
Justo cuando El Mundo Apriete pintó un nuevo lienzo sonoro sobre los corazones presentes, seguido de Bien Por Ti, que levantó de nuevo el ánimo tras un bloque más introspectivo. Con Mala Prensa, el set alcanzó su punto de inflexión: luces estroboscópicas, disparos de humo y una lluvia de confetis que quedó suspendida en el aire, como si el tiempo se detuviera un instante para contemplar la escena.
En la penúltima pieza, un pequeño imprevisto: Rafa Val bajó al foso para cantar entre el público y su petaca de sonido se rompió. La banda, impasible, continuó, y el público tomó el relevo, cantando los versos al unísono. Fue un diminuto percance convertido en magia, un recordatorio de que la emoción no necesita perfección.
Si hay un mejor final, es este. Como no suele ser habitual, su cierre no fue con El Bien, que es himno absoluto, sino con Mala Prensa. Y es que no hay que hacer caso a lo que dicen los cantantes; tiene mucha razón Rafa Val: hay que tomarle muy en serio con todo lo que dice y deja de hacer.
¿Qué es lo que se siente al terminar uno de los conciertos de tu vida? Cerca de las 23 horas, tras casi dos horas de ceremonia, Viva Suecia se despidió de todos los asistentes, de todo Madrid. Te das cuenta de que todo ha terminado cuando las luces se encienden lentamente y el público comenzó a salir poco a poco, pero ves el confeti, algunos tarareando el último tema, y te sale una sonrisa en la cara.

A diferencia de octubre, hubo cambios, pocos, pero hubo, como ese final, el orden de las canciones, los invitados. En octubre estuvo Siloé; en este caso no estuvo. Hoonine, como era de esperar, estaba presente. ¿Cuál fue mejor? Los dos. Son diferentes, pero cuando hablamos de espectáculo, sin duda disfrutamos tanto este como el de hace unos meses.

El recinto se fue vaciando poco a poco, entre risas, lágrimas, pero con una armonía total entre todos: con ganas de juerga unos, con ganas de dormir plácidamente otros, cansadas otras personas, un poco de todo.
Viva Murcia y Viva Suecia.




















