DESPISTAOS prende fuego a Madrid: una noche para tatuar en la memoria
A las 21 horas, el Palacio de Vistalegre exhaló ese silencio eléctrico que solo antecede a los grandes conciertos. La pantalla central marcó un conteo regresivo de sesenta segundos, y el público, miles de voces apretadas en un sold out histórico, lo acompañó como si en ello les fuera la respiración. Cuando el reloj cayó a cero, una nube generosa de humo subió desde el escenario, tres torres de luces doradas se encendieron con violencia controlada, y los cuatro de Despistaos —José Crespo, Lázaro Fernández, Alex Hernanz y Daniel Varela— irrumpieron entre una ovación que no se escuchaba: se sentía.

EPISODIO 1 · El estallido inicial
La conexión fue inmediata. El primer disparo, Mi mejor momento, funcionó como llave maestra: Vistalegre explotó de arriba abajo. Las gradas vibraban, la pista saltaba como un solo cuerpo, y la banda, consciente de lo que estaba pasando, pisó el escenario como quien vuelve a casa para celebrar algo grande. El combo de Guadalajara jugaba de local en Madrid.

Con Voy a salir de fiesta, el recinto se transformó en un karaoke unánime. Los cañones de humo marcaron las subidas del estribillo, y las visuales —tres pantallas fusionando animaciones con los rostros de los cuatro protagonistas— dieron al show un aire inmersivo que amplificaba todo. Ruido llegó como un abrazo multitudinario: miles de gargantas convertidas en una sola. El bloque continuó con 137 horas, A la luz de las piernas y Caricias en tu espalda, esta última sostenida por una interpretación que rozó lo poético.

Tras ese arranque arrollador, Dani tomó aire y recordó los comienzos en la mítica sala Caracol, anunciando que la noche estaría dividida en cinco episodios. Concluía así el primer capítulo, un aperitivo potente para lo que vendría.

EPISODIO 2 · Fuego desde el centro del escenario
El segundo acto se abrió con Por volveré a verte y Los zapatos de un payaso, mientras artificios frontales y laterales iluminaban el aire. La banda se mostraba sólida, segura, disfrutando sin perder el pulso. Entonces llegó Y mírame, acompañados por Peter, inaugurando una cadena de invitados que terminaría contando a doce amigos de la música.

Pablo Alonso de Pignoise sumó bajo y coros a Lo que hemos vivido, y Carlos Escobedo de Sôber dio una intensidad especial a El silencio. Tras Kansas City, se produjo un pequeño receso. Afuera la noche era fría, pero dentro todo ardía. Despistaos y su público mantenían un diálogo perfecto, canción tras canción.
INTERLUDIO · Un respiro íntimo
La pantalla anunció Interludio. Sobre una escenografía cálida —alfombras, un sofá rojo, dos lámparas tímidas— José se sentó en un taburete alto con la mirada emocionada. Guitarra y armónica para Un beso y nada más, dedicada a su hija Ainhoa. Al final del tema se sumó Dani al contrabajo, y luego entraron Lázaro y Alex con cajón peruano y bajo para Hasta que pase la tormenta. La venezolana Georgina se unió en Vuelve a verme. El interludio cerró con una versión delicada de Cuando lloras, los cuatro músicos regresando a sus posiciones, mientras el público escuchaba con una calma reverencial.
Difícil es describir con palabras lo que se estaba viviendo. Un espectáculo que ha hecho justicia a una dilatada trayectoria de un grupo que se encuentra en el imaginario colectivo de todos. Dueños de un estilo único y con piezas sonoras de espíritu propio.

EPISODIO 3 · Un cañonazo emocional
El tercer segmento arrancó con la frase proyectada Hace más ruido que el ruido de un cañón. La cantante Suu apareció para poner su sello en Muérdeme. Después llegó una interpretación sublime de Mientras bailas sola, y el ambiente volvió a estallar con la participación de los miembros de La La Love You en Estrella.
Casi sin transición, Dani ofreció unas palabras sinceras: agradecimientos al staff, a los fans y, sobre todo, a sus compañeros. Gracias sonó como un poema sonoro, meciendo a miles de personas al mismo compás.
Entonces llegó el momento que muchos esperaban. Física o química, uno de los himnos del grupo, incendió Vistalegre. Walls, Enol y Hens se subieron para acompañar el torbellino colectivo. Todos volvimos a aquel instituto donde esa canción marcó una época. El aforo al completo saltaba y cantaba, celebrando el presente, recordando el pasado.

EPISODIO 4 Y FINAL · El corazón en los últimos compases
Las flechas del logo de Despistaos parecían más certeras que nunca. Las visuales, el sonido y la entrega del cuarteto creaban un clima vibrante. En el último tramo, Nunca la primera con Veintiuno rugió tan fuerte que parecía escucharse desde Madrid hasta Guadalajara, su ciudad de origen.

Mi accidente preferido envolvió el pabellón como un manto. Luego, Cada dos minutos con Rulo de La Contrabanda y Kutxi Romero (líder de Marea) rompió cualquier intento de describirlo: la emoción estaba a flor de piel, y el público lo sabía.
Mi agradecimiento sincero, antes de concluir, a Manuel Ripoll por su trabajo, profesionalidad y colaboración continúa. Siempre es un gusto coincidir contigo, malagueño.

Atravesadas las 23 horas, con más dos horas de concierto, la banda se despidió con Estoy aquí. Fuegos de artificio, humo, una ovación descomunal y un último gesto: los doce invitados regresando para la foto final, una imagen de familia que selló el que probablemente haya sido el concierto más importante de la carrera del cuarteto. Abrazo colectivo, telón abajo y la sensación general de haber asistido a algo irrepetible.
Despistaos pasó por Madrid, firmó una noche histórica en Vistalegre y recordó por qué sus canciones siguen siendo esa caricia necesaria del mejor pop punk español.








