Había algo en el aire del Paral·lel 62, en Barcelona, el domingo 12 de abril que iba más allá de un concierto al uso. Desde mucho antes de que Diego Torres pisara el escenario, la sala ya vibraba con una energía que mezclaba nostalgia, expectativa y ganas de soltar todo. No es habitual que un artista logre juntar en la misma sala a personas de tres generaciones distintas y que todas canten igual de fuerte, con el mismo nudo en la garganta y la misma sonrisa en la cara. Torres lo consiguió. Y lo hizo sin esfuerzo aparente, como quien lleva toda la vida haciéndolo. Que son, en realidad, más de treinta años.

La gira Mi Norte & Mi Sur lo lleva por España presentando su trabajo más reciente, el álbum homónimo publicado en noviembre de 2025 bajo el sello Sony Music. Once canciones que muestran a un músico en plena forma creativa, sin miedo a explorar nuevos territorios sin abandonar la esencia que le ha traído hasta aquí. Colaboraciones con Estopa, Miranda!, Edén Muñoz y Manuel Carrasco refuerzan la idea de un artista que tiende puentes, que entiende la música como un acto colectivo. Antes de llegar a Barcelona, Torres ya había pasado por Madrid el miércoles 8 y por Palma y Murcia los días siguientes. Llegó a la Ciudad Condal con el rodaje perfecto y con las ideas muy claras sobre lo que quería entregar.
Los temas del nuevo disco encajaron con naturalidad entre los clásicos, y eso es algo que no siempre ocurre. Cuando un artista lleva tanto tiempo en activo, el riesgo de que el material nuevo suene a interrupción es real. Aquí no pasó eso. Vas A Quedarte, Trepando Paredes y La Última Noche conectaron de inmediato con el público barcelonés, que las fue sumando a su memoria musical en tiempo real. El sonido del álbum, esa mezcla de pop alternativo, sonoridades acústicas y ritmos latinos, funcionó en vivo de una manera que pocas veces se consigue en el debut en directo de un disco nuevo.

Diego Torres habló con el público con esa cercanía natural que tiene, compartió alguna anécdota, agradeció con genuina emoción el cariño que España siempre le da. Hay artistas que cuando dicen que se sienten en casa en un lugar lo hacen por protocolo. Diego no. Se nota que este país le importa de verdad, que la conexión con el público español lleva décadas forjándose concierto a concierto, ciudad a ciudad. Barcelona no fue una excepción: fue, si cabe, una de las noches más redondas de una gira que sigue adelante hacia Sevilla y Valencia con el mismo combustible que ha movido a este artista durante más de treinta años. Optimismo, talento y la certeza de que la música, cuando es de verdad, no caduca.








