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Exsonvaldes atrapó a Madrid con su indie rock

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La noche del viernes en Madrid arrancó con esa electricidad previa que no necesita volumen para notarse. A las 21:00 en punto, con la sala rozando su capacidad habitual, las almas comprimidas entre barra y escenario se encendían y el murmullo se transformó en atención. Había ganas de ver a Exsonvaldes, sí, pero también curiosidad por el arranque de RIPOLL.

Noche de electricidad fina y pulsión melódica en Sala El Sol

RIPOLL: abrir en canal la noche

David Ripoll apareció a su cita ceremonia con la ceremonia, guitarra al pecho y una banda que sabe sostener sin invadir. Su directo tiene algo de confesión sin dramatismo: canciones que avanzan con pulso vital y una voz que no busca imponerse, sino quedarse.

Podemos Seguir y Vendaval sirvieron para templar el ambiente, con un público que fue pasando del respeto al sentimiento y al aplauso final. En Punk y Pájaro Herido apareció ese filo que equilibra lo íntimo con lo eléctrico. Ripoll apenas habló —un par de gracias, una media sonrisa—, pero el gesto era claro: dejar que las canciones hicieran el trabajo.

Exsonvaldes en Madrid
Foto: Mauro Nicolás Gamboa

El tramo final elevó la temperatura. Septiembre cayó con peso específico y Marinero Sentimiento, de El Sueño Fantasma, cerró su set con una ovación franca. No fue una apertura de trámite: fue un aviso de que había algo que atender ahí.

Posee un magnetismo propio de los artistas que cautivan. Convencido estoy de que al finalizar su actuación cosechó un buen número de seguidores para su propuesta sonora. Los aplausos fueron un acompañamiento más tras cada ejecución.

Exsonvaldes: precisión y emoción con electricidad

Tras los ajustes de rigor, se disponía todo para que llegara el plato principal de la velada. Francia siempre ha tenido esas expresiones tan apreciadas en todo el mundo: la buena gastronomía y la excelente música. Son incontables los ejemplos, pero en esta oportunidad todo estaba alineado, hasta los astros más rebeldes, para que el banquete musical mutara en un festín pantagruélico donde los cuatro mosqueteros clavaran en la profundidad del alma de todo el público su obra.

Exsonvaldes en Madrid
Foto: Mauro Nicolás Gamboa

Tras un cambio ágil de escenario, las luces bajaron y una niebla discreta dibujó el primer plano. Exsonvaldes entró y disparó Tired Of Everything, de Ninety Seconds To Midnight. El arranque fue directo, sin rodeos, con guitarras bien calibradas y una base rítmica que no concede espacio al despiste.

Horizon —de Aranda— amplió el rango: más aire, más paisaje, teclados que asoman con elegancia. Change, de Maps, terminó de fijar el tono de la noche: un concierto que sabe alternar músculo y detalle sin perder continuidad.

Un set que respira al ritmo de los mosqueteros

El cuarteto funciona como una maquinaria afinada. Las guitarras se entrelazan con naturalidad, la batería empuja sin atropellar y los teclados aparecen cuando deben. En la sala se notaba una mezcla curiosa: público local y un buen puñado de francoparlantes que celebraban cada giro con complicidad.

Paris-Bruxelles fue uno de esos momentos en los que la sala se ilumina desde dentro: coros compartidos, móviles discretos, sonrisas abiertas. La banda, cómoda, dejó espacio para que la canción respirara y creciera con el público. Fue toda una experiencia ver cómo se los rostros brillaban con su clásico moderno.

Exsonvaldes en Madrid
Foto: Mauro Nicolás Gamboa

La lírica, cuando va acompañada de una gran ejecución, sumada a una entrega absoluta por parte de los artistas, tiene como resultado final lo que se vivió en la noche del pasado día viernes en la clásica Sala El Sol. Me atrevo a sostener que, si los cuatro fantásticos de Liverpool siguieran en activo hoy en día, su sonido se asemejaría bastante a los cuatro mosqueteros franceses.

Invitada y punto de inflexión

La aparición de Helena Miquel añadió un matiz distinto. En sentido contrario, tal como en el disco Ninety Seconds To Midnight, registró una combinación de voces que generó un contraste preciso, casi quirúrgico. Repitieron alianza en En Silencio y Cyclop, con una química que evitó cualquier gesto impostado. Fue uno de los picos emocionales del concierto.

La noche tenía corazón voraz y se alimentaba con un grupo que va desde la electricidad plena, pasando por la emotividad absoluta y culminando en un éxtasis sonoro. Su abanico artístico es amplio y la conjunción del cuarteto en escena es una ecuación perfecta. Las cuatro almas de los intérpretes se abrazan perfectamente y hay una evidente química escénica entre ellos.

Exsonvaldes en Madrid
Foto: Mauro Nicolás Gamboa

Tramo final en ascenso

El grupo se muestra afilado, sólido y contundente en directo. Prosigue repartiendo canciones que son recibidas como pócimas mágicas sanadoras por los cuerpos de todos los presentes, tal como se evidencia en Málaga y Rockets, entre otras, las cuales mantuvieron un equilibrio entre melodía y empuje que define a la banda.

Es una de esas noches que tendrían que haber sido eternas, pero el tiempo es tirano y somos todos esclavos de las benditas agujas. En la recta final, y para dejar en llamas a toda la platea, afrontaron colosalmente Beyond Repair, Abandoned Water Park y Days, con una ejecución sólida y un público ya entregado por completo, que desataba un océano de aplausos.

El cierre llegó con la sensación de que el repertorio había sido medido al milímetro. Último acorde, luces arriba y un aplauso sostenido que no pedía más canciones, sino otra noche igual.

Exsonvaldes pasó por Madrid con un directo afilado y rubricaron, una vez más, por qué son los cuatro mosqueteros del indie rock francés.

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Autor

  • Exsonvaldes en Madrid

    Redactor, fotógrafo y entrevistador de Arepa Volátil. El riff como capa, la poesía como espada y el rock and roll como sangre bendita. La música, el único escudo.

    Escritor de pluma honesta, siempre atento a las propuestas emergentes, a los artistas que rompen moldes y con devoción suprema a los dioses de la música.

    Rockstar a mi manera.
    Los shows en directo, la sal de la vida.

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