Desde la cuna carga con un nombre que no es cualquier nombre: Juanse, bautizado Juan Sebastián en homenaje a Johann Sebastian Bach, lleva en esa identidad una marca de destino. El viernes por la noche, en Valencia (España), ese destino se tradujo en una celebración eléctrica dentro de la sala Rock City, con el arranque europeo del tour Pappo X Juanse. Una parada con aroma a primera vez y a ajuste de cuentas emocional.
Juanse, histórico líder del combo argentino Ratones Paranoicos, aterrizaba en la capital del Turia para comandar una ceremonia de verdadero rock and roll. La sala, donde se entremezclaban hasta tres generaciones diferentes, con su aforo rozando el lleno y un público que mezclaba canas ilustres, camisetas gastadas y chavales con hambre de riffs, respiraba expectación desde mucho antes del inicio. Se notaba en los cánticos espontáneos y en ese murmullo nervioso que antecede a las noches importantes.

Calentando motores con Forajidos del Sheriff
El combo local Forajidos del Sheriff tomó posiciones y fue construyendo una atmósfera sólida, de guitarras con cuerpo y bases rítmicas bien engrasadas. Llevaron a cabo canciones como Hey Bebe, Ironía y dejaron que Luna Llena expandiera sus texturas por la sala.
Su repertorio viaja con naturalidad entre el rock clásico y el blues, con aroma de folk, pasajes de country y con una actitud franca que conecta rápido. Tres generaciones coreando estribillos en una misma sala no es una postal habitual, y aquí sucedió con fluidez. La banda supo leer el pulso del público, jugar sus cartas y cerrar su set con una ovación merecida. Más de uno salió de ahí con nuevo grupo en la lista de favoritos.

Mientras los técnicos ajustaban amplificadores y chequeaban monitores, el murmullo volvió a crecer. Camisetas agitadas al aire, gargantas afinándose sin complejos. Las almas ya venían eufóricas desde el hogar para latir al ritmo del protagonista de la jornada.
Chaqueta roja y riffs en llamas
Los ajustes de rigor en el stage. Los fans rugen y se escuchan cánticos para ir calentando las golas. Las almas y los corazones ya venían encendidas desde casa y se alistaban para arder a través del talento del frontman argentino.
Entre aplausos que sonaron a rugido, apareció Juanse. Chaqueta roja metalizada, guitarra al pecho y una sonrisa cómplice que duró lo justo antes de atacar el primer acorde. Desde el primer arpegio quedó claro que la noche giraría alrededor del álbum Pappo X Juanse, publicado hace una década y convertido en columna vertebral del show.

El tributo y homenaje al ilustre guitarrista argentino Pappo —Norberto Napolitano—, ausente desde hace veinte años, no fue solemne. Fue visceral. El Hombre Suburbano, con un sonido crudo y una banda compacta, ajustada al milímetro, fue épico. El público respondió con un karaoke inmediato, de esos que no necesitan invitación.

En Adonde Está La Libertad la sala se volvió un coro grave, casi ritual. Juanse habló poco, dejó que la guitarra hiciera el trabajo. Cuando lo hizo, fue para soltar una de esas frases que descomprimen: Ya no tomo alcohol, ahora solo líquido de frenos para el coche. Risas generales, complicidad instantánea.
Sucio Y Desprolijo y El Viejo trajeron ese blues áspero que marcó época. En Fiesta Cervezal la temperatura subió varios grados. La banda sonaba afilada, con un volumen generoso pero nítido. El trabajo de luces fue sobrio, dominado por tonos cálidos y rojos que acompañaban la estética del homenaje sin distraer del centro: las seis cuerdas.
Las almas y los corazones ya venían encendidas desde casa y, a través del talento de Juanse, mutaron en una verdadera llamarada. Si no han visto a este prócer de la guitarra en directo, no se lo pierdan en esta gira europea. Van a sentir cómo el riff les atraviesa toda la espina dorsal y saca de órbita sus cuerpos.

Himnos que no envejecen
El repertorio no se quedó solo en el legado de Pappo. También hubo espacio para los himnos de Ratones Paranoicos. Ya Morí, Damas Negras y El Centauro mantuvieron la tensión arriba, con ese aire stoniano que forma parte del ADN de la banda.
Uno de los picos emocionales llegó con Ruta 66. No hizo falta presentación: la primera estrofa fue absorbida por el público como si la sala entera respirara al mismo tiempo. Una sola voz, compacta, celebrando la carretera eterna del rock.
Juanse se movía cómodo sobre las tablas, con el oficio de quien ha pisado escenarios de todos los tamaños desde hace cuatro décadas. Cada solo parecía una prolongación natural de su propio cuerpo. La guitarra no era instrumento, era argumento.

El cierre: todo sigue girando
El golpe final fue para enmarcar con Sigue Girando, himno de Ratones Paranoicos, la cual puso a Rock City a rugir como un motor revolucionado. Fue el cierre perfecto: sudor, camisetas al aire y una sensación compartida de catarsis.
Las luces generales se encendieron y los extintores no fueron suficientes para apagar el fuego interior de todos los presentes. La primera parada europea del tour quedó sellada con un homenaje honesto y encendido al legado de Pappo. En Valencia, el rock and roll encontró su ceremonia sin artificios, con riffs como ofrenda y un público que salió con la certeza de haber sido parte de algo más que un concierto, una ceremonia de rock en su máxima expresión y con permiso del blues.
Juanse concluyó la primera parada de su tour europeo, homenajeó la obra artística de su amigo Pappo y supo morder la yugular de todos los presentes a base de himnos sonoros.
No diga rock and roll, diga Juanse.




