InicioReseñasKaravana desata la locura en Madrid con su concierto en La Riviera

Karavana desata la locura en Madrid con su concierto en La Riviera

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Madrid, viernes por la noche

Pasadas las 19:30 horas, la sala La Riviera, Madrid empieza a llenarse con ese murmullo previo que ya anticipa que algo va a pasar. Aún hay huecos en la pista, pero el ambiente está listo para prender. Y prende.

El humo abundante se apodera del recinto y las columnas verticales adicionales empiezan su jornada laboral con ráfagas de disparos blancos ante la atronadora ovación de todos los presentes. Con todos ustedes la incombustible locomotora de emociones llamada Karavana.

Pero previamente a esto, hubo un par de propuestas sonoras cautivadoras que supieron encender al respetable e iniciaron el ritual del pogo en la ciudad.

Karavana convierte La Riviera en un cuerpo en ebullición junto a El Iceberg y Nadie Patín

Los primeros chispazos

Abren fuego El Iceberg, que no pierden el tiempo en presentaciones largas ni rodeos. Van al grano. Gasolina y 20 Años funcionan como dos cerillas bien frotadas: rápidas, incisivas, con ese punto de urgencia que conecta fácil. Madrid cae en terreno amigo y el público responde con los primeros saltos coordinados de la noche. Veneno termina de redondear un inicio donde la banda juega a tensar y soltar la cuerda.

Se despiden con Rey de los Locos y Azúcar Glass, agradeciendo la invitación a Karavana con una naturalidad que se agradece. Su set ha sido breve, pero suficiente para dejar claro que manejan bien la combustión logrando cosechar una recepción muy positiva.

El relevo lo toman Nadie Patín, que suben al stage con ganas visibles de fiesta. Amy abre con nervio, seguida de Pedregalejo y Las 7, tres piezas que construyen un arranque en pendiente ascendente. La sala responde: manos arriba, primeros pogos más definidos y una sensación de que la noche ya ha entrado en calor desatando toda una tormenta entre el numeroso público que iba poblando la sala madrileña poco a poco.

Hay un momento especialmente afinado con Volver a Casa y Espíritu Olímpico, donde la banda muestra más matices sin perder energía. Antes de irse, palabras sinceras hacia Karavana y un cierre acelerado con Rápido, Rápido, Rápido! Ovación honesta, de las que no necesitan exagerarse.

El momento Karavana

Las luces caen del todo. El humo empieza a ocupar su sitio como un actor más y las columnas verticales disparan ráfagas blancas interminables que acompañan una ovación que ya no distingue entre primeras filas y fondo de sala. Karavana entra sin preámbulos con Fantasma. Y ahí se rompe algo cuando la noche despega.

El sonido es contundente, limpio incluso en los picos más altos. La banda suena compacta, bien engrasada, con esa sensación de grupo que ha rodado mucho escenario en los últimos años. No hay rigidez: se mueven, se buscan, se entienden.

Karavana La Riviera Madrid
Foto: Henrique Pratas @henrique_pratas

Resaca Pop, Amores y Errores y No Pegamos Nada van cayendo como piezas de un engranaje que cada vez gira más rápido. Desde la segunda planta se ve claro: la pista es una masa en movimiento constante. Los pogos crecen en diámetro y frecuencia, y hasta quienes se mantienen en los laterales acaban coreando.

El humo, las luces y las columnas generan un entorno casi envolvente, sin distraer del centro real del asunto: canciones que funcionan en directo. Hay algo muy físico en cómo suenan Karavana; no solo se escuchan, se sienten en el pecho.

Al mencionado espectáculo escénico hay que sumarle una entrega absoluta por parte del público y una demostración de poderío por parte de la banda. Si a todo esto se le añade que sus canciones son como sal bendita diseñada para incorporarse acorde a acorde y perfectamente, a las heridas abiertas que tengan las almas presentes, se obtiene una alquimia perfecta.

Karavana La Riviera Madrid
Foto: Henrique Pratas @henrique_pratas

Un puente emocional con el público

La conexión con la sala es directa, sin artificios. Gonzalo Boatas se mueve como si no hubiera distancia entre escenario y pista. Se permite pausas breves para agradecer, pero el discurso principal lo llevan las canciones.

Karavana es ese puente necesario y evidente que necesita la humanidad para sentir que merece la pena estar con vida y en este mundo. Desde que inauguran su set hasta la finalización del mismo, la noche no hace otra que subir, subir y subir. Van construyendo un show envolvente donde el corazón se acelera y el espíritu se siente libre.

Los pogos se van multiplicando y cada vez, el ojo del huracán de los mismos es mayor. Desde la segunda planta de la sala se observa cómo la marea de seguidores se mueve al compás de las canciones y hasta las emblemáticas palmeras cantan las canciones del combo.

Karavana La Riviera Madrid
Foto: Henrique Pratas @henrique_pratas

La parroquia había acudido al concierto para olvidarse de cualquier inconveniente personal y sentir cómo la piel puede ser acariciada por la obra y la gracia de los Karavana. Al grupo se lo ve afilado y si al comienzo del directo ya se avecinaba un terremoto sonoro, a estas alturas, los cimientos aguantaban a duras penas los continuos saltos de todo el auditorio.

En su directo reúnen todos los ingredientes perfectos que debe tener una fiesta. Además, en su trayectoria han sabido dar pasos firmes participando de los festivales más importantes del panorama nacional, brillando con luz y riffs propios en cada presentación que han ido llevando a cabo en estos años.

Cariño, Madrid y Pastillas preparan el terreno para uno de los momentos más emotivos de la noche: el homenaje a Robe Iniesta, figura clave del rock nacional y alma de Extremoduro. Interpretan Salir Con Respeto, pero también con identidad propia. La sala responde con una intensidad distinta, más contenida al principio, que termina en un canto colectivo que eriza el ambiente.

Karavana La Riviera Madrid
Foto: Henrique Pratas @henrique_pratas

El tramo final: cuando ya todo es fuego sagrado

El bloque final es de esos de antología y el cierre llega sin bajones. Quién Quiere Más? abre el último bloque con la sensación de que la banda todavía guarda gasolina. Después llega Strokes, y ocurre algo curioso: el público ruge como si no hubiera una mañana, canta más alto que el propio grupo y obliga a reiniciar la canción hasta tres veces para poder concluir. El estribillo —y que pongan los Strokes, saltaré por tu ventana si pones a C Tangana— se convierte en un mantra compartido que desborda cualquier planificación.

Para el final, Gonzalo decide bajar. Se lanza a la pista, se mezcla con la gente y desde ahí arranca Verano de los 27. La escena tiene algo de cierre natural: ya no hay barrera, no hay escenario, solo un grupo tocando dentro de su propio público.

El concierto termina y durante varios minutos, la sala sigue aplaudiendo mientras algunos ya empiezan a salir cantando a capela ese estribillo que se ha quedado flotando en el aire… saltaré por tu ventana si pones a C Tangana….

Karavana La Riviera Madrid
Foto: Henrique Pratas @henrique_pratas

Karavana pasó por Madrid y dejó una de esas noches que no necesitan ser sobredimensionadas para recordarse. Energía, canciones y un público que entendió perfectamente a qué venía: a la certificación de uno de los shows más potentes, hipnóticos y atrapantes del panorama actual.

La leyenda y el recorrido de la inmortal Karavana continúa.

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Autores

  • Karavana La Riviera Madrid

    Redactor, fotógrafo y entrevistador de Arepa Volátil. El riff como capa, la poesía como espada y el rock and roll como sangre bendita. La música, el único escudo.

    Escritor de pluma honesta, siempre atento a las propuestas emergentes, a los artistas que rompen moldes y con devoción suprema a los dioses de la música.

    Rockstar a mi manera.
    Los shows en directo, la sal de la vida.

  • Karavana La Riviera Madrid

    Fotografío como quien parpadea: de forma natural, instintiva, inevitable. Me gusta la música, aunque a menudo huyo de las propuestas masivas; como en aquel teatro de barraca e itinerante, siento que las experiencias más auténticas están en lo pequeño, en lo efímero, en lo que apenas deja huella salvo en quien lo presencia.

    También disfruto del cine, aunque confieso que, cuando se vuelve demasiado de autor, necesito verlo en varias partes porque acabo quedándome dormido… aun así, he visto casi toda la filmografía de Béla Tarr, y uno de mis pequeños tesoros es un libro de animación firmado por los Hermanos Quay.

    Encuentro en el teatro y la danza —especialmente en propuestas que se escapan de lo habitual, como el teatro físico, el butoh o la performance— un territorio fértil para la emoción y la inspiración. Siempre que en Madrid surge algún sarao escénico fuera de lo común, intento estar allí con mi cámara, capturando lo invisible entre luces y cuerpos en movimiento.

    De vez en cuando escribo crónicas de esas experiencias, para compartir no solo lo que vi, sino también lo que sentí. Actualmente colaboro como corresponsal y fotógrafo en Arepa Volátil, donde documento parte de esas vivencias para que otros puedan asomarse a ellas.

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