En su segunda edición, el Festival Rock N’ Love comienza a consolidarse como una cita fija dentro del calendario alternativo limeño. Celebrado en el Centro de Convenciones de Barranco, en Lima, Perú, el festival apostó nuevamente por una curaduría enfocada en el rock peruano en sus distintas generaciones, conectando la frescura del indie con la memoria del rock nacional en vísperas de San Valentín.
El recinto limeño fue un viaje perfecto desde la frescura del indie hasta la nostalgia del rock nacional. El evento se desarrolló desde la tarde del viernes 13 de febrero y se extendió hasta las 2 de la madrugada del 14.

La banda peruana originaria de Pucallpa, Los Ficus, subió a escena con sus destacadas notas de indie rock para dar comienzo al concierto del amor y el desamor en el Centro de Convenciones de Barranco. La agrupación, que ha venido posicionándose dentro del circuito alternativo amazónico y limeño, abrió la jornada con una energía fresca que marcó el tono generacional del inicio.

Cementerio Club, banda de pop rock melódico de guitarras limpias, atmósfera noventera y letras atravesadas por la nostalgia urbana, tomó la posta y encendió la noche con su característico estilo. Abrieron con Inmortal; la más coreada por las parejas fue A Veces Bonita, y el cierre llegó con Barco Viejo, sellando un momento de comunión generacional.

Con más de dos décadas de trayectoria y un lugar ganado dentro del rock alternativo peruano desde finales de los noventa, su presencia aportó peso histórico y conexión emocional inmediata con el público.

Phonic deleitó a los presentes con un set acústico alternativo, íntimo pero cargado de intención, donde cada arreglo respiró con matices y precisión, preparando el ambiente con la energía justa y necesaria.

Fue un momento de transición elegante, profundo y emocional, que dejó el terreno listo para que Miguel Ángel Samamé tomara el escenario con su tributo a Soda Stereo, recordándonos la esencia de Gustavo Cerati y recordándonos que el amor siempre es Música Ligera. El homenaje no solo apeló a la nostalgia latinoamericana, sino que reforzó el carácter romántico del festival.

La noche siguió su curso natural con el encanto de Maya Endo, un proyecto que entrelaza indie folk y pop alternativo con sutiles matices de jazz y R&B, y que viene ganando presencia dentro de la escena independiente de Lima y el circuito alternativo peruano. Una propuesta interesante, honesta y con personalidad propia.

Pero la verdadera explosión de la noche estuvo de mano de Los Trece Baladas, quienes transformaron el Centro de Convenciones en un karaoke masivo, poniéndonos a cantar a todo pulmón esos clásicos del ayer con alma de Rock. Esa transición del formato íntimo al desahogo colectivo fue uno de los puntos más dinámicos de la velada.

Rock peruano y nostalgia en Rock N’ Love 2026
Cuando el espíritu bohemio de Ves Tal Vez y la potencia alternativa de Gaia sonaron casi a la medianoche, la energía mutó del romance a la euforia, demostrando la versatilidad del rock local, con un Michael Spitzer (vocalista de Gaia) bajando del escenario y dirigiéndose a las parejas reunidas entre el público.

Gaia, banda con una trayectoria consolidada dentro del rock alternativo peruano y una propuesta que transita entre la densidad progresiva y la introspección lírica, con guitarras contundentes, cambios de dinámica marcados y una interpretación vocal que oscila entre lo melódico y lo visceral, y con presencia constante en festivales nacionales, aportó el momento más intenso de la noche, rompiendo la barrera entre escenario y público con una ejecución brutal y emocional.

Rock N’ Love 2026: un final a la altura de su historia
El cierre, precedido por la voz etérea de Clara Yolks, una de las figuras más destacadas de la nueva escena peruana y reconocida como Artista Revelación, nos regaló ese último respiro de ternura antes del gran final. Con su indie pop luminoso, guitarras limpias y una sensibilidad que flota entre la nostalgia y la esperanza, creó una atmósfera íntima que abrazó al público por unos minutos.

Luego llegó Mar de Copas. Figura clave del rock peruano desde los años noventa, la banda representa una de las comunidades más fieles del circuito nacional, algo que volvió a evidenciarse con fuerza en Barranco.

Los fans de Mar de Copas recibieron a sus ídolos bajo una lluvia de aplausos y, entre copas y coros inmortales, sellaron una noche donde el amor y la amistad se hicieron presentes con la mejor banda sonora. Clásicos coreados a una sola voz confirmaron que su repertorio sigue siendo un puente entre generaciones.

Más que un Festival, el Rock N’ Love 2026 fue la invitación a la hermandad musical en donde grandes momentos en escena nos hicieron sentir como un invitado de honor a una reunión familiar; donde el Rock, más que un género, fue el verdadero lenguaje de la amistad.
Con esta segunda edición, el festival no solo repite fórmula: empieza a definir identidad. Apostar por talento local, mezclar generaciones y convertir la víspera de San Valentín en una celebración del rock peruano es una declaración clara. Y, si algo quedó demostrado en Barranco, es que la escena nacional tiene historia, presente y un público dispuesto a seguir cantando hasta la madrugada.
Queremos agradecer a la producción por la acreditación que nos permitió realizar esta crónica y por el excelente trato durante toda la jornada. También un reconocimiento especial al gran fotógrafo Gianni Andree Ojeda Bonelli, quien nos salvó con sus tremendas imágenes y aportó mirada y calidad a esta cobertura.
Nuestro aplauso al equipo organizador del Rock N’ Love por la impecable coordinación y el pulso curatorial que logró equilibrar memoria y actualidad con criterio y coherencia. Y, sobre todo, felicitaciones al público por su buen comportamiento y por vivir cada presentación con respeto, entusiasmo y verdadera pasión por la música. En tiempos donde no siempre es así, vale la pena decirlo.




