Andrés Suárez, el cantante venido a este mundo en Ferrol, Galicia, pero con la voz y el latido de artista más universal, aterrizaba en la mítica sala madrileña de La Riviera con motivo de la presentación de su álbum Lúa en la primera de las dos noches de poesía, arpegios y emoción.
La capital española tiene algo especial para el frontman, quien juega en casa. Quizás sea porque aquí empezó a escribir su historia en escenarios pequeños o porque buena parte del público que llena hoy salas grandes lo vio crecer guitarra en mano en Libertad 8. Sea como sea, el viernes por la noche se transformó el recinto madrileño en un pequeño santuario de canciones con motivo de la gira de Lúa.
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ToggleAndrés Suárez hace de La Riviera un refugio de canciones y memoria
La expectación se respiraba antes incluso de que se apagaran las luces. En los pasillos y cerca de la barra, los fans comentaban el nuevo disco, intercambiaban recuerdos de antiguos conciertos y hablaban de las recientes firmas de discos del gallego. Muchos recordaban cuando lo veían tocar a escasos metros en aquel bar de Madrid que funciona como incubadora de cantautores.
El escenario, a dos alturas, ya adelantaba que la noche no sería convencional: alfombras de aspecto noble distribuidas estratégicamente y cubriendo el suelo, pañuelos de seda verde abrazando los pies de micrófono y pequeñas lámparas antiguas iluminando tenuemente los teclados. En el centro, el logo de Lúa presidía la escena como una constelación doméstica y la emoción es una invitada de excepción en la velada.
Un comienzo dedicado a Robe
A las nueve, los altavoces dejaron escapar una voz reconocible para cualquier amante del rock español: Robe Iniesta. El homenaje no era casual. Andrés Suárez apareció tras una breve reflexión grabada en la que recordó la importancia de los humanos para la música y la del otrora líder de Extremoduro en su vida.
El gallego, con voz en off, resumía el espíritu de la noche: IA, Inteligencia Animal. Después remató con una dedicatoria directa: todos los conciertos de la gira van dedicados a Robe, allí donde quieras que estés. La sala respondió con un aplauso largo, de esos que parecen un abrazo colectivo.
Sin pausa, el concierto arrancó con Durmiendo Con Mi Enemiga. La interpretación fue contenida, íntima, casi como si estuviera cantando en el salón de casa. Luego llegaron San José, Almería y Cuánto Daría, completando un arranque que conectó de inmediato con el público. Cuando se acercó al micrófono para saludar con un sencillo Boa noite, la sala ya estaba completamente dentro de la historia.
Así, sinceramente, demostrando que la nobleza y la sal del mar están en su lenguaje, siguiendo el mismo orden del mencionado álbum Lúa, clava su poesía sonora y con tintes de arena mezclada con el salitre y la bruma del océano en el interior del público.
Tras cada reflexión e introducción verbal que realizó en cada canción prácticamente el músico, con su inseparable escudera, la guitarra, se lo ve cercano, con una sonrisa y comunicativo en todo momento. Miradas cómplices tanto con las primeras filas de fans como con sus músicos, como con los miembros del staff.

Canciones que curan
La gira de Lúa vertebra buena parte del repertorio y la banda —a la que Suárez se refiere cariñosamente como el bandón— funciona con precisión quirúrgica y construye un sonido limpio que deja espacio a la voz rasgada del ferrolano.
El concierto avanzó como un mapa emocional en el que cada canción abría un paisaje distinto. Seríamos Reyes, Jacarandá o Lleva México Mi Amor fueron recibidas con un silencio reverencial que sólo se rompe en los estribillos. La sensación en el auditorio era clara y la audiencia escuchaba con atención de teatro y celebraba con entusiasmo de concierto de rock.
El repertorio también rescató momentos clave de su trayectoria. Vuelve, del recordado Moraima, apareció enlazada con Perdón Por Los Bailes del disco Cuando Vuelva La Marea, un puente entre distintas etapas que el público cantó con evidente complicidad.
La comunión con su parroquia es única, con un silencio respetuoso y atento en los momentos claves y rompiendo con atronadores vítores tras cada pieza. Todos aportan desde su rol para que el concierto sea seguramente uno de los mejores que se le recuerdan al compositor gallego en Madrid.

Rulo entra en escena
Uno de los momentos más celebrados llegó cuando Rulo, líder de Rulo y la Contrabanda, apareció sobre el escenario. El propio Rulo resumió la relación con una frase que arrancó risas: Andrés es el cantautor con alma de rockero y yo soy el rockero con alma de cantautor.
Juntos interpretaron Números Cardinales, en una versión que mezcló camaradería y potencia vocal. Fue uno de esos instantes donde el concierto cambia de temperatura: más eléctrico, más celebratorio.
Después llegó Ahí Va La Niña, precedida por una pequeña anécdota del propio Suárez. El público, impaciente, se adelantó en un momento y comenzó a cantar el tema a capela. El músico sonrió, dejó que la sala tomara el control unos segundos y luego se sumó con la guitarra.

Historias que explican una carrera
Andrés Suárez es un narrador natural. Entre canción y canción fue construyendo una autobiografía fragmentada. Recordó cómo Eva Amaral le prestó cincuenta euros en el metro en una etapa difícil y defendió a Madrid como una ciudad hospitalaria que siempre lo acogió.
También hubo espacio para los agradecimientos emocionales. A Almudena Pozas le dedicó Habitación 517 y, antes de interpretar Hay Algo Más, tuvo palabras muy especiales para Julián, del Café Libertad 8, uno de los primeros en confiar en él ciegamente.
La sala escuchaba esas historias con la misma atención que las canciones. En los rostros del público se veía algo más que entusiasmo; se podría definir como reconocimiento envuelto en devoción.
La noche era un lienzo emocional donde Andrés Suárez iba trazando pinceladas de arte y la platea contemplara cómo la música es sanadora, envolvente y transformadora. El bandón, tal como se refiere al grupo que lo acompaña en directo, suena pulcro, acompasado y limpio. Batería, bajo, piano, violín y guitarras demuestran gran conexión con la voz y el talento del compositor gallego.

Un final con electricidad
El tramo final del concierto elevó la intensidad. Suárez cambió la acústica por una guitarra eléctrica y dejó asomar su costado más rockero, con ecos evidentes de Extremoduro y poseído por el espíritu de Robe Iniesta.
También hubo momento para el piano, donde, acompañado por el violín, ofreció versiones especialmente emotivas de su repertorio. Los himnos con los que concluye el concierto son Voy A Volver A Quererte, seguido de un medley de rock visceral, 320 Días y No Saben De Ti. La Riviera cantó cada verso para despedir la actuación.
Antes de finalizar, quiero agradecer especialmente a toda la crew de GTS (Almudena, Pablo, Sara, etc.) por su profesionalidad, trabajo y colaboración continua para que podamos desarrollar nuestra tarea periodística.
El cantautor de Ferrol volvió a demostrar por qué muchos lo definen como el cantautor más rockero del panorama español. Y esa noche, en Madrid, todas esas historias —las de antes y las de ahora— sonaron especialmente vivas.
Tras la foto de familia, se despedía monsieur chanson Andrés Suárez, tras haber marcado a fuego el alma de sus seguidores, pintar un cuadro de poesía sonora en el corazón del respetable y rubricar una vez más que es el cantautor más rockero del orbe. Un artista con mayúsculas. Robe, va por ti.
Autor

Redactora musical, camarógrafa y enviada especial de Arepa Volatil.
Mi profunda pasión por la música se remonta a mi infancia donde, gracias a mi padre, fui expuesta a una amplia gama de estilos y sonidos que van desde la opera pasando por el flamenco más puro, el pop de autor, hasta desembarcar en el blues, el mas furioso rock y otros géneros musicales del mundo.Un lenguaje tan diverso, pero tan universal, que logró crear una conexión tan profunda que necesita ser no sólo vivida, sino compartida.
De ahí mi vocación por crear contenidos que inspiren y conecten a las personas con la música y a esta, con el mundo, cual ríos que buscan alcanzar el mar. Ya lo dice el mismo Sabina..."como un Pato en el Manzanares".



