Hay noches que empiezan antes de que suene la primera nota. El viernes 13 en Madrid fue una de ellas. Desde media tarde, las inmediaciones de la Plaza de Toros de Las Ventas respiraban ese cosquilleo previo a las grandes citas. Camisetas de giras anteriores, monos de piloto —guiño interno que ya forma parte del imaginario de la banda— y mesas altas ocupadas en las tascas cercanas. Había ganas de escuchar La Vida De Nadie en casa, en la parada capitalina de La Gira De Nadie. Y se notaba.
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ToggleBesmaya conquista Madrid y convierte Las Ventas en un karaoke gigante
Con el coso madrileño ya convertido en una marea expectante, las pantallas se encendieron. Un personaje vestido completamente de amarillo recorría los aledaños del recinto en un plano cinematográfico. Caminaba con calma, cruzaba la puerta, saludaba al personal y avanzaba hacia el escenario. Cuando la figura subió las escaleras y se reveló el juego, el rugido fue inmediato. Besmaya estaba listo para la noche más grande de su carrera hasta ahora.

La descarga comenzó con Cuando Te Tengo Delante y una lluvia de confeti que cayó como si alguien hubiese decidido adelantar las campanadas. El sonido, nítido y envolvente, permitió que cada matiz encontrara su sitio en una plaza con miles de almas. Desde el primer acorde quedó claro que la producción estaba pensada para un recinto de esta envergadura: visuales trabajadas, luces sincronizadas al milímetro y un escenario que sabía ocupar el espacio.

Dos capitanes al mando
Al frente, Javier Ojanguren y Javier Echávarri. Se mueven con la seguridad de quien ha hecho los deberes y disfruta el examen. Entre guitarras, tambores y esa química que no se ensaya, condujeron al público por un repertorio que equilibra épica indie y pop expansivo.
Instante, de Nuevos Lemas, fue uno de los primeros momentos de éxtasis emocional. Las luces latían y la plaza entera cantó con esa mezcla de euforia y vitalidad que solo se logra cuando la canción ya es de todos. No hizo falta pedirlo: el público llevaba la lección aprendida. Todos querían formar parte del karaoke de Besmaya.
El bloque central estuvo dedicado a su nuevo trabajo, La Vida De Nadie. Intruso, Nadie y Todos Mis Amigos confirmaron que el disco ha calado hondo. Miles de gargantas coreando temas publicados hace apenas unas semanas es la mejor métrica posible. En Nadie, la sangre adquiría temperatura y las siluetas de los músicos eran como imanes, y en Todos Mis Amigos, el recinto se vuelve una sola voz. Es evidente la complicidad generacional que atraviesa sus letras.

Canción a canción, directo a directo, van cimentando y construyendo una trayectoria de presente, pero también de mucho futuro. No son promesa, son una realidad necesaria para la música en castellano. Aportan frescura, solidez y virtud. Desde las tablas, saben crear un hilo emocional dorado que va directamente al centro mismo del respetable. No solo hacen que cruce la dimensión de la realidad el público, sino que este siente cómo vibra su sangre acorde a acorde.
Un viernes 13 sin supersticiones
Supieron romper ese mito del viernes 13 y la mala suerte. Besmaya no cree en ello. Besmaya no es suerte, es trabajo, sacrificio, oficio y entrega plena. La noche avanzó sin fisuras. Sobrenatural fue recibida con brazos en alto, mientras que Me Dará Igual se convirtió en el gran himno colectivo. El estribillo retumbó en la estructura metálica de la plaza y salió disparado hacia el cielo de Madrid. Hubo palabras de agradecimiento en las que la banda recordó el camino recorrido hasta llegar a un escenario como este.
Uno de los momentos más sensibles llegó con Mama. Las luces se tiñeron de tonos cálidos y la interpretación se sostuvo en una contención elegante. Se escucharon aplausos largos, de esos que acompañan.
El tramo cautivador volvió a encender la mecha con Mimentekistan, Frágiles, Corona Laurel y El Cable. La pista prosiguió siendo un karaoke multitudinario. Desde el escenario, los gestos eran de cariño, química y gratitud. Se les veía cómodos, como si tocar ante miles de personas fuese la extensión natural de un ensayo entre amigos.
Las visuales aportaron un marco coherente durante toda la noche, con gráficos dinámicos, colores saturados en los momentos de mayor intensidad y planos más íntimos en los pasajes introspectivos. Tu Carita, ya clásico del repertorio, sonó épica y con el público poniendo su gola al servicio de la causa.

El tridente final
La banda encaró la recta final y el cierre fue un tridente pensado para dejar huella: Lo Que Nunca Fue, Matar La Pena y El Tiempo Que Pasó Contigo. En esta última, la plaza volvió a ser una sola voz. Los Javieres se abrazaron en el centro del escenario mientras la banda se despedía bajo una ovación larga, atronadora, que se prolongó varios minutos después de que se apagaran las luces.

Antes de concluir, quiero agradecer por su gran trabajo, amistad y colaboración a César Lorenzo Pérez, conocido artísticamente como el Paparazzi Musical, y a todo el equipo de The Music Republic, en especial a Andrea Azcona, por su gran labor y ayuda en todo momento.
Besmaya se marchó por la puerta grande de Las Ventas. Presentaron La Vida De Nadie y, durante su directo, hicieron que esa vida fuese compartida. Lo suyo no tiene que ver con supersticiones. Tiene que ver con canciones que funcionan en estudio y crecen en directo, con trabajo acumulado y con una conexión que en Madrid alcanzó su punto más alto hasta la fecha.
Autor

Redactor, fotógrafo y entrevistador de Arepa Volátil. El riff como capa, la poesía como espada y el rock and roll como sangre bendita. La música, el único escudo.
Escritor de pluma honesta, siempre atento a las propuestas emergentes, a los artistas que rompen moldes y con devoción suprema a los dioses de la música.
Rockstar a mi manera.
Los shows en directo, la sal de la vida.



