InicioReseñasUna nave punk llamada Biznaga arrasa en La Riviera de Madrid

Una nave punk llamada Biznaga arrasa en La Riviera de Madrid

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Lo de Biznaga en Madrid no fue un concierto cualquiera: en la segunda de sus noches en La Riviera, con todas las entradas vendidas, la banda salió a escena ya en combustión, desatando desde el primer minuto ese directo atrapante y poderoso del que tanto se habla en cada rincón de la península.

Pasadas las 20 horas, con la sala aún llenándose y las primeras cervezas en alto, la maquinaria empezó a rodar con un aperitivo que supo ganarse su espacio.

Biznaga incendia por segunda noche consecutiva La Riviera

Zero Azúcar abre el apetito

El trío Zero Azúcar salió a escena con la solvencia de quien sabe que tiene una oportunidad importante entre manos. Con una baja sensible en su formación, resolvieron la papeleta sumando una teclista que aportó capas y texturas a un directo que se mueve con soltura entre la nostalgia y la pista de baile.

Biznaga La Riviera Madrid
Foto: Rebecca Cabrera Galindo / @pandoramusicphoto

En su directo se puede contemplar cómo reúnen ingredientes estilísticos muy diversos que dan como resultado un pop con evidente aroma ochentero. Sus interpretaciones van sumergiendo a los presentes en un viaje en el tiempo y pasan desde un sintetizador que envuelve hasta una guitarra que hipnotiza, acompañada por unas bases rítmicas electrónicas. Agradecieron a los protagonistas de la jornada y supieron jugar acertadamente sus cartas.

Su propuesta, con un pop de clara querencia ochentera, fue calando poco a poco. Entre sintetizadores envolventes, guitarras de pulso hipnótico y bases electrónicas bien medidas, fueron desplegando canciones de su debut homónimo, dejando momentos destacados con Ni Al Calor Ni Al Frío. El guiño a Golpes Bajos con No Mires A Los Ojos De La Gente funcionó como un puente generacional: reconocible, respetuoso y reinterpretado con personalidad. Grandes aplausos cosecharon a la finalización de su presentación.

Escenografía: una nave lista para zarpar

Se realizan los ajustes de rigor, las últimas pruebas de sonido, el respetable se refresca antes de la ebullición del volcán y la imponente escenografía queda a la vista para disfrute de los presentes. Tras el cambio de escenario, la sala reveló una producción con intención narrativa: grandes rocas salpicadas de flores salvajes (las cuales no son biznagas, para nuestra sorpresa), cuerdas marineras delimitando el espacio, telas blancas rasgadas esparcidas a lo largo y ancho de todo el stage y un mástil central que emergía como símbolo desde el centro neurálgico del logo de la banda. Todo sugería travesía. Todo apuntaba a viaje.

El público, ya compacto, se preparaba para lo inevitable. La sensación era de olla a presión. La nao se alistaba para zarpar con sus cuatro almirantes y toda la tripulación que colmaba el recinto.

Biznaga La Riviera Madrid
Foto: Rebecca Cabrera Galindo / @pandoramusicphoto

El estallido: Biznaga toma el control

El abundante humo se apodera de la sala; de las almas ya se encarga Biznaga. El público ruge, aplaude y la expectación va creciendo latido a latido. Lentamente aparecen los cuatro protagonistas y el estallido general se escuchó hasta Málaga y más allá.

Sin rodeos, abrieron con El Futuro Sobre Plano y la reacción fue física y química: pogo instantáneo, brazos en alto, cuerpos sincronizados. La sala, con el cartel de sold out colgado desde días atrás, respondió como un organismo único.

Desde ese primer golpe quedó claro que el concierto no iba a conceder tregua. El repertorio avanzó combinando piezas de toda su discografía, con letras que no pierden filo en directo; más bien lo afilan. Su poesía sonora es fusión de compromiso, entrega, actitud y un discurso con fundamentos.

Biznaga La Riviera Madrid
Foto: Rebecca Cabrera Galindo / @pandoramusicphoto

Un setlist que no da respiro

Cayeron con contundencia Contra Mi Generación, 2K20, Mediocridad Y Confort y Agenda 2030, ejecutadas con precisión y rabia contenida. Hubo un breve momento en el que el volumen se desbordó y la mezcla perdió definición, pero el ajuste fue rápido y la banda nunca perdió el pulso, logrando que el despliegue escénico del grupo arrasara sobre las tablas.

Lo que sí se mantuvo intacto fue la conexión con el público. Cada estribillo era coreado con una intensidad que convertía el concierto en algo más colectivo que contemplativo. La sensación era de pertenencia. La decoración resiste los saltos continuos de los fans y los disparos, transformados en canciones, hacen que hasta las emblemáticas palmeras del recinto se unan a la fiesta de Biznaga.

Biznaga La Riviera Madrid
Foto: Rebecca Cabrera Galindo / @pandoramusicphoto

En su recital se puede comprobar cómo da igual la pieza que afronten: la conexión con su parroquia es única. En vivo toman aún más fuerza y sabiduría sus interpretaciones. Saben cómo construir un concierto desde el talento, mezclarlo con la fuerza y que salgan riffs furiosos, acompañados por unos tambores que suenan titánicos.

Un océano en movimiento y una nao de fuego

A mitad del show, la sala ya era una masa en ebullición. El pogo no decayó y, como suele pasar en estos contextos, la violencia aparente escondía una red invisible de cuidado: manos que levantan a quien cae, miradas cómplices, energía compartida.

En ese tramo central, Divino Fracaso, La Escuela Nocturna y Una Historia De Fantasmas sonaron especialmente densas, con una carga emocional que atravesaba el ruido. Aquí, Biznaga demostró que su discurso no se diluye en la intensidad, sino que se refuerza.

El espectáculo no disminuye ni un ápice; el karaoke es increíble y los cuatro almirantes siguen guiando a su nao llamada Biznaga por un océano de pieles que se mueven al compás. Por momentos tengo la sensación de que las cuerdas que rodean todo el stage protegen y, quizás, están colocadas para que no escaparan las almas de los protagonistas y se vieran tentados de sumarse al increíble pogo. Increíble conexión física, química y espiritual entre la banda y la platea.

Sorpresas y clímax

El giro inesperado llegó con la irrupción de Curro y Cobi, las mascotas de la Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona, que tomaron el escenario en medio de Espíritu Del 92. La escena, entre lo festivo y lo celebrado, elevó aún más el nivel de euforia. El tramo final fue un golpe directo al pecho.

Canciones de su último trabajo, ¡Ahora!, convivieron con clásicos de Bremen No Existe y Centro Dramático Nacional. El momento álgido llegó con Madrid Nos Pertenece, coreada como un himno no oficial de la ciudad, y demostraron cómo cada placa de estudio ha sido un paso firme en su carrera.

Biznaga La Riviera Madrid
Foto: Rebecca Cabrera Galindo / @pandoramusicphoto

El cierre: sin reservas

El concierto encaraba su desenlace. La Gran Renuncia, Líneas De Sombra y El Entusiasmo funcionaron como una descarga final que dejó a la sala exhausta y satisfecha. Vaya últimos cañonazos. No hubo necesidad de bises. La sensación era de cierre completo, de viaje bien contado.

Llega el navío a puerto con los cuatro almirantes sanos y salvos, pero extasiados tanto como toda la tripulación de fans. La ovación se alargó mientras los miembros de la banda repartían flores del decorado entre el público, un gesto sencillo que contrastaba con la intensidad vivida minutos antes.

Biznaga y su nao de fuego cargada de honestidad, discurso y riffs pasaron por Madrid y rubricaron, una vez más, por qué poseen uno de los shows más incendiarios del panorama del punk rock nacional.

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Autor

  • Biznaga La Riviera Madrid

    Redactor, fotógrafo y entrevistador de Arepa Volátil. El riff como capa, la poesía como espada y el rock and roll como sangre bendita. La música, el único escudo.

    Escritor de pluma honesta, siempre atento a las propuestas emergentes, a los artistas que rompen moldes y con devoción suprema a los dioses de la música.

    Rockstar a mi manera.
    Los shows en directo, la sal de la vida.

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