Madrid nunca había esperado un concierto como esperó el de BTS. Fueron años de rumores, deseos, giras que nunca llegaban y miles de mensajes imaginando el día en que RM, Jin, SUGA, j-hope, Jimin, V y Jungkook pisaran un escenario español. Finalmente, el 26 y 27 de junio de 2026 dejaron de ser una fecha marcada en el calendario para convertirse en un recuerdo que difícilmente olvidaremos.
Cerca de 70.000 ARMY llenamos el Riyadh Air Metropolitano para vivir el ARIRANG World Tour. Como baby ARMY, puedo decir algo con total sinceridad: he estado en conciertos de muchos artistas, festivales y giras de distintos géneros, pero nunca había vivido un ambiente como este. Lo verdaderamente especial empezó mucho antes de que se apagaran las luces.
Una ciudad completamente teñida de morado y rojo
Llegar al estadio ya era parte de la experiencia. Con el calor intenso de una tarde de verano madrileña, miles de personas caminaban desde el metro intercambiando freebies, photocards, pulseras y pequeños regalos preparados durante semanas, hasta meses. No importaba el idioma ni el país de procedencia. Bastaba cruzar miradas para empezar una conversación.
El acceso resultó bastante fluido incluso llegando sobre las cinco de la tarde. Después del soundcheck, las colas crecieron, pero la organización permitió entrar con rapidez.
La ARMY Zone estaba situada fuera del estadio y funcionaba de manera sencilla. Con la membresía de Weverse y la entrada validada, el equipo sellaba tu muñeca derecha y entregaba un pequeño recuerdo: unas postales exclusivas de los siete integrantes. Escuché a varias personas decir que esperaban algo más grande, pero ya sabía que en cada ciudad suelen tener únicamente ese detalle; los obsequios son solo para las entradas VIPs. Para mí, que era mi primer regalo oficial de BTS, fue suficiente para emocionarme.
Aun así, el verdadero espectáculo estaba alrededor. Grupos intercambiaban freebies, hacían fotos, regalaban banners y hablaban como si fueran amigos de toda la vida. Da igual si eras de España, Colombia, Brasil, UK, Francia, Venezuela, México o Corea. Durante unas horas, todos hablábamos el mismo idioma.
La espera había valido cada año.
Cuando BTS apareció, el estadio dejó de respirar
La puntualidad de BTS se cumplió casi al 100%; tanto el día 26 como el 27 aparecieron sobre las 20:20. Desde las 20 h, el estadio era una auténtica fiesta. La ola recorría las gradas mientras miles de voces repetían un mismo nombre: “¡BTS! ¡BTS! ¡BTS!”.
La tarde abrió con un bailarín atravesando el escenario con una bengala roja. El humo comenzó a cubrir la pasarela norte mientras sonaba el intro de Hooligan; ahí sabíamos que todo comenzaba y fue cuando aparecieron ellos.
Con una presencia elegante, poderosa y absolutamente magnética. Hay momentos que cuesta explicar con palabras y ese fue uno de ellos.
Yo tampoco lo estaba viviendo sola. Compartía parte del inicio del concierto por videollamada con dos ARMYs, una desde Colombia y otra desde Brasil. Gracias a ellas no estaba sola y, en especial, a Wendy pude vivir este día. De alguna forma, ellas también estaban viviendo el concierto conmigo.

El primer acto fue prácticamente un bloque continuo donde BTS y ARMY parecían convertirse en una sola voz. Aliens, They Don’t Know About Us, Like Animals, Fake Love y Swim fueron construyendo una atmósfera que mezclaba fuerza, emoción y una producción visual distinta.
Con Swim, el sencillo principal de Arirang, terminé de asimilar dónde estaba. Después de semejante descarga emocional llegó Merry Go Round, una canción que habla de esa sensación de querer bajarse del carrusel de la vida cuando todo sigue girando. Escucharla allí, rodeada de miles de personas cantando a la vez, fue uno de los momentos más especiales de toda la noche.
El pequeño intermedio estuvo protagonizado por tres bailarinas en una actuación muy conceptual que mantenía viva la historia que BTS estaba contando desde el inicio del concierto.
Un espectáculo pensado hasta el último detalle
Si algo demuestra BTS es que llevan años dominando las grandes tarimas. El escenario de 360 grados nunca dejaba de transformarse. Plataformas que aparecían desde el suelo, módulos móviles, pasarelas, pantallas gigantes y visuales sincronizadas hacían que cada canción tuviera una identidad propia. Todo ocurría con una precisión impresionante, mientras decenas de bailarines acompañaban una puesta en escena donde no sobraba absolutamente nada.
El segundo acto arrancó con 2.0, seguida de la versión coreana de Normal. Tras un breve saludo, llegó una auténtica explosión con Not Today y MIC Drop. Aquí el Metropolitano coreó el fanchant con una rapidez única.
Durante buena parte del concierto era habitual ver a los integrantes quitarse el in-ear para escuchar a ARMY cantar. Sonreían constantemente mientras dejaban que fuera ARMY quien terminara muchas frases; fue imposible no emocionarse durante toda la noche.
FYA y Burning Up elevaron todavía más la intensidad, pero para mí el instante más bonito llegó con Body to Body. Cuando comenzó el estribillo de Arirang, BTS prácticamente dejó de cantar para escuchar cómo todo el estadio interpretaba la canción.
Uno de los fan projects preparados para Madrid eran cientos de abanicos morados que aparecieron al mismo tiempo durante esta parte del tema.
Entre canción y canción también hubo tiempo para las bromas, las carreras por el escenario y esos pequeños momentos improvisados que hacen que BTS siga sintiéndose cercano incluso delante de 70.000 personas. También fue curioso ver, de vez en cuando, cómo alguno lanzaba una mirada rápida al teleprompter para seguir los ments en español que hicieron sentir Madrid como casa.
Otro de los proyectos de la fanbase consistió en levantar un banner durante Come Over con una frase sencilla pero muy poderosa: “No llegaron tarde porque nunca los dejamos de esperar”, escrita en inglés y coreano.
El final llegó demasiado rápido
Los ments fueron uno de los recuerdos más bonitos de ambas noches. RM agradeció la paciencia de ARMY española y confesó que por fin entendía por qué llevaban tantos años pidiéndoles venir a Madrid.
Jimin habló del cariño que habían sentido desde que llegaron a la ciudad y no dejó de sonreír al escuchar cómo el público respondía a cada una de sus palabras.
Jungkook intentó varias frases en español, provocando una ovación cada vez que pronunciaba alguna correctamente.
V, completamente fiel a su personalidad, hizo reír al estadio, ya que descubrió que gustaba cuando decía palabrotas, y volvió a demostrar que es imposible adivinar con qué saldrá la próxima vez.
SUGA, algo más reservado, intentó comunicarse directamente en español antes de recurrir al traductor para terminar su mensaje. Uno de los momentos más comentados del fin de semana llegó cuando apareció con la nueva camiseta del Atlético de Madrid, un gesto bello.
Como siempre, Jin convirtió su intervención en un pequeño espectáculo de humor. Hizo bromas, improvisó con el público y volvió a demostrar ese talento natural para romper cualquier momento solemne.
J-hope, por su parte, contagió su energía habitual agradeciendo la fuerza con la que Madrid cantó absolutamente todas las canciones.
Después de Butter, Dynamite, la preciosa sorpresa de Mikrokosmos y Best of Me, todos sabíamos que el concierto estaba llegando a su final.
Please preparó el camino hacia Into the Sun, la canción elegida para cerrar el espectáculo junto al lightstick iluminado en color ámbar.
Las lágrimas aparecieron sin pedir permiso; en mi caso, no solo por el concierto. Durante varios momentos sentí esa culpa que especialmente ahora acompaña a quienes vivimos lejos de Venezuela. Pensaba en todo lo que ocurre allí ahora mismo mientras yo estaba viviendo uno de los mejores conciertos de mi vida.
Entonces entendí algo: durante años, BTS ha acompañado a millones de personas en momentos muy difíciles. Su música siempre ha hablado de seguir adelante incluso cuando parece imposible hacerlo.
Anoche comprendí por qué ARMY siente que BTS llegó a sus vidas cuando más lo necesitaban.
Mi querida Kathy tenía razón cuando me dijo que este espectáculo está pensado para disfrutarse más de noche cerrada. Hay tantos detalles ocurriendo al mismo tiempo que es imposible absorberlos todos con tanta claridad; también el eco que genera el stadium a veces jugó en contra.
Lo único que tengo claro es que Madrid llevaba muchos años esperando a BTS.
Y después de vivir estas dos noches, puedo decir que la espera mereció absolutamente la pena.
Ahora entiendo perfectamente por qué Wendy me dijo que había un antes y un después de un concierto de BTS.



