Sons Of Steel: buenas canciones, guitarras poderosas y una actuación que dejó buenas sensaciones
A las nueve en punto, Sons Of Steel apareció sobre el escenario con treinta minutos por delante para presentar su propuesta ante un público que, en su mayoría, esperaba a Calva Louise.

La banda madrileña, formada en 2022 y recientemente incorporada al sello Art Gates Records, se mueve dentro del metal alternativo, con claras influencias de grupos como Alter Bridge. En directo también pudimos apreciar algunos matices que recordaban a Metallica, especialmente en determinados riffs y pasajes de guitarra.
Musicalmente, Sons Of Steel dejaron una buena impresión. Su vocalista, Tommy The Gun, demostró tener una voz interesante, mientras que las guitarras protagonizaron algunos de los momentos más disfrutables de su actuación. Los solos recibieron una respuesta especialmente entusiasta por parte del público, que acompañó las canciones con aplausos y celebraciones.

La banda demostró preparación, buenas ideas y, sobre todo, ganas de aprovechar cada minuto sobre el escenario. Sus integrantes se mostraron seguros y consiguieron transmitir la energía de su propuesta. Sons Of Steel es una formación que tiene mucho por ofrecer y a la que merece la pena seguirle la pista. Su paso por Madrid dejó buenas sensaciones y la curiosidad de descubrir hasta dónde pueden llegar.
A las 21:30 se despidieron entre aplausos, dejando la sensación de haber aprovechado bien su oportunidad.
Calva Louise: tres músicos y una puesta en escena construida por ellos mismos
Durante los preparativos para el concierto principal, hubo un detalle que llamó nuestra atención: Alizon Taho, bajista de Calva Louise, estaba sobre el escenario supervisando instrumentos y diferentes elementos de la escenografía.
No era casualidad. Una de las características más interesantes de esta banda es que sus integrantes participan directamente en buena parte de los procesos creativos y técnicos.

Jess Allanic, venezolana originaria de Guarenas, es la vocalista, guitarrista, teclista y principal compositora. También desarrolla las historias, los videoclips y buena parte del universo visual de Calva Louise. Alizon Taho, francés, se encarga del bajo y las segundas voces, además de involucrarse en la construcción de elementos del espectáculo. El trío lo completa Ben Parker, batería neozelandés que aporta una base rítmica fundamental para sostener toda esa intensidad.
Uno de los inventos más curiosos de Alizon es el soporte deslizante del teclado de Jess, construido con madera, metal y rodamientos de monopatín. Su diseño permite que ella pase de la guitarra al teclado con rapidez, sin interrumpir demasiado el ritmo del espectáculo. También ha participado en la creación de elementos escénicos como el logo de neón y las estructuras que sostienen los televisores.
Es un buen ejemplo de la independencia creativa de Calva Louise. No se trata únicamente de hacer música, sino de construir una experiencia que responde a sus propias ideas.

Un comienzo contundente y un universo artístico que sigue creciendo
Tunnel Vision fue la canción elegida para comenzar el concierto. Desde los primeros compases quedó claro que Calva Louise tenía intención de aprovechar cada minuto sobre el escenario.
La fuerza de sus guitarras, las bases electrónicas y la capacidad vocal de Jess marcaron el comienzo de una actuación en la que prácticamente no hubo descanso.
Ver a Jess cantar mientras explota todo con su guitarra, pasar después al teclado y alternar voces melódicas con registros mucho más agresivos es una de las grandes experiencias que ofrece la banda en directo. Todo ello acompañado por un Alizon muy activo y un Ben Parker que mantiene la intensidad desde la batería.
El resultado es sorprendente, especialmente cuando recordamos que sobre el escenario solamente hay tres músicos.

Entre canciones hubo tiempo para agradecer al público su presencia y celebrar que las entradas se habían agotado. Diez años después de comenzar su aventura musical, Calva Louise podía disfrutar de una sala madrileña completamente entregada.
También compartieron un pequeño adelanto de un nuevo cortometraje que, según anunciaron durante el concierto, tienen previsto estrenar en diciembre. Jess expresó su entusiasmo por este proyecto, otro capítulo del universo de ciencia ficción que la banda lleva años desarrollando.
La música y las imágenes forman parte de una misma historia. Esa manera de entender el arte hace que su propuesta tenga una personalidad cada vez más reconocible.

Jess Allanic y un reencuentro familiar que emocionó a Madrid
Uno de los momentos más especiales de la noche llegó cuando Jess contó que varios integrantes de su familia estaban presentes entre el público.
Hacía años que no los veía, y aquel concierto suponía mucho más que el cierre de una gira europea: también era la oportunidad de reencontrarse con sus seres queridos después de tanto tiempo.
Su voz comenzó a entrecortarse mientras explicaba lo importante que era para ella tenerlos allí. Las lágrimas estaban a punto de aparecer, pero Jess, entre la emoción y una sonrisa, comentó que no podía ponerse a llorar porque todavía tenía que seguir cantando.
Fue un instante profundamente humano.
Quienes hemos vivido lejos de nuestra familia sabemos lo que significa volver a encontrarnos después de años de distancia. Si a eso le sumamos una sala llena, un público cantando tus canciones y la satisfacción de ver cómo tantos años de esfuerzo empiezan a dar resultados, es fácil comprender lo que estaba sintiendo.
No hizo falta una gran puesta en escena para emocionar. Bastaron unas palabras sinceras.
Y posiblemente ese fue uno de los mayores regalos de la noche, tanto para Jess como para su familia.

Metal, electrónica, joropo y un público que no dejó de moverse
Musicalmente, Calva Louise ofreció una actuación de enorme intensidad.
Canciones como W.T.F., El Umbral, Under the Skin, Hate in Me e Impeccable mostraron la capacidad que tiene el grupo para combinar guitarras pesadas, electrónica y cambios de ritmo sin perder su identidad.
Uno de los aspectos más atractivos de su propuesta es precisamente esa libertad para mezclar estilos. El metal convive con ritmos latinoamericanos, y canciones como La Promesa incorporan incluso elementos del joropo venezolano, creando una combinación poco habitual dentro de la escena alternativa.
Y el público respondió.
Los pogos comenzaron a formarse, los empujones se mezclaron con sonrisas y prácticamente nadie conseguía permanecer quieto demasiado tiempo. Había personas saltando, otras cantando y muchas disfrutando de una banda que transmitía tanta energía como entusiasmo.
Los temas en español tuvieron una recepción especialmente intensa. La Promesa, Lo Que Vale y El Umbral encontraron un público dispuesto a acompañar cada palabra, algo que los músicos parecían disfrutar tanto como quienes estaban frente al escenario.
Fue bonito ver sus reacciones al escuchar a tanta gente cantar sus composiciones.
Calva Louise demuestra que no necesita renunciar a ninguna de sus raíces para conectar con públicos de diferentes lugares. Al contrario, esa mezcla de culturas es parte fundamental de lo que los distingue.

Oportunista: un cierre a la altura de una noche especial
Llegó la despedida, o eso parecía.
Cuando Calva Louise abandonó el escenario, el público respondió con una cantidad de gritos y aplausos que hacía retumbar la sala Mon Live. Nadie quería marcharse todavía.
La banda regresó para interpretar Oportunista, una elección perfecta para cerrar con toda la fuerza que había caracterizado el concierto.
Fue el último estallido de una noche que había tenido de todo: metal, electrónica, pogos, historias personales, encuentros familiares y una conexión muy especial entre los artistas y sus seguidores.
Después llegaron los aplausos, las despedidas y una canción que terminó de darle sentido a lo que acabábamos de vivir: Alma Llanera.
Escuchar una pieza tan representativa de Venezuela después de presenciar el triunfo de un proyecto multicultural encabezado por una artista venezolana fue un cierre particularmente emotivo.
Calva Louise: diez años de trabajo que empiezan a dar sus frutos
Calva Louise tiene algo que resulta difícil de fabricar: una identidad propia.
Su evolución musical, la independencia con la que desarrollan sus proyectos y la relación que mantienen entre ellos hablan de una banda que ha aprendido a crecer sin abandonar sus convicciones.
También transmiten una cercanía que se agradece. Se les veía felices, orgullosos de lo conseguido y, sobre todo, agradecidos con quienes habían decidido acompañarlos aquella noche.
Después de diez años de trayectoria, es evidente que están viviendo una etapa importante.

Personalmente, no me sorprendería verlos en los carteles de algunos de los festivales más grandes del mundo, compartiendo proyectos con artistas de renombre y publicando discos cada vez más ambiciosos. No porque el éxito esté garantizado, sino porque tienen talento, ideas, disciplina y una personalidad musical que merece seguir creciendo.
Lo vivido en Madrid fue mucho más que un concierto de metal alternativo. Fue una celebración de la música como punto de encuentro entre culturas, generaciones e historias personales.

Calva Louise llevó a Madrid un pedazo del corazón venezolano y lo compartió con personas llegadas de distintas partes del mundo.
Que la música siga consiguiendo unirnos de esa manera es, al final, uno de nuestros mayores deseos.
Nuestro agradecimiento a Jacfanz por la organización del concierto y por el excelente trato recibido por los medios de comunicación. Que sigan los éxitos.









