El debut de Deglorian no pide permiso para entrar. Todo Se Derrumba es el primer larga duración de la banda bogotana y funciona como un termómetro de la angustia actual. En diez canciones, el grupo traduce el miedo al fracaso, el rechazo en aplicaciones y la parálisis del TDAH en un sonido sólido que ellos mismos bautizaron como melanco-punk rolo.
La estética del álbum se mueve entre el post-punk y el dreampop, con una producción independiente a cargo de Andrea Deglorian y Jordan Villamil. Aquí las baterías programadas se cruzan con guitarras que suenan a frío capitalino, mientras sintetizadores vintage arman capas que envuelven voces llenas de eco. No es solo un ejercicio de nostalgia; es una respuesta honesta a la crisis de los veinte en una ciudad que siempre parece al borde del colapso.
El tracklist recorre desde el desamor digital en Un Error hasta la resistencia a madurar en Peter Pan. La mezcla, apoyada por Alex Cruz desde Japón, logra que lo crudo se sienta profesional. Deglorian —completada por Jurgen Alonso, Martín Sepúlveda y Pedro Cely— entrega un disco para quienes no encajan, convirtiendo la inestabilidad emocional en un refugio de guitarras incisivas y ritmo nocturno.




