Cinco canciones para su fría celda en Nueva York
¿Qué escucha un exdictador cuando cambia el Palacio de Miraflores por una cárcel federal en Manhattan? Tras la histórica detención de Nicolás Maduro en 2026, el mundo se pregunta cómo vivirá sus días el recluso más vigilado de Estados Unidos.

Sin su círculo de confianza y con Cilia Flores también bajo custodia, la música es su única compañía. A continuación, presentamos la banda sonora definitiva para el nuevo huésped del sistema penitenciario neoyorquino. Un recorrido por la salsa y el pop que marcan el fin de una era:
El Preso (Fruko y sus Tesos)
Este es el himno obligatorio. La letra de El Preso resuena hoy más que nunca en los pasillos de la Gran Manzana: «En el mundo en que yo vivo, siempre hay cuatro esquinas». Para Maduro, esas esquinas ya no delimitan la Plaza Bolívar, sino las paredes de concreto de su celda. Es la canción ideal para que el exmandatario practique sus pasos de salsa mientras los guardias federales supervisan su comportamiento.
Todo Tiene Su Final (Héctor Lavoe & Willie Colón)
La biblia de la salsa brava dictada desde el Bronx. El Cantante de los Cantantes le recuerda a Maduro que «nada dura para siempre». Mientras el fiscal de distrito presenta las pruebas en su contra, cada solo de trombón de Willie Colón le recordará que el poder es efímero. El mazo de la justicia estadounidense ha reemplazado definitivamente al mazo de su antiguo aliado Diosdado.
La Jaula De Oro (Los Tigres del Norte)
Un toque de regional mexicano para el nuevo migrante forzoso. Aunque el tema habla de la nostalgia del inmigrante, para Maduro la ironía es total: «Aunque la jaula sea de oro, no deja de ser prisión». En su caso, ni siquiera hay oro; las reservas se quedaron bloqueadas en el Banco de Inglaterra y su realidad actual es el uniforme naranja de alta seguridad.
Quítate Tú (Fania All Stars)
Justicia poética al ritmo de la Fania. Mientras el jurado delibera, el eco de «Quítate tú, pa’ ponerme yo» simboliza el sentir de una Venezuela que finalmente pasó la página. Es un ritmo frenético que sirve de ejercicio diario para Nico, quien ahora debe aprender a seguir el ritmo de las estrictas inspecciones matutinas en el sistema penal.
Culpable o No (Luis Miguel)
El dramatismo final llega con El Sol de México. Imaginamos a Nicolás frente al espejo de acero inoxidable, ensayando su defensa y tarareando: «Miénteme como siempre». Sin embargo, los fiscales de Nueva York no aceptan baladas como prueba de inocencia. Es el cierre perfecto para una playlist de despecho político y condena judicial.
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