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El Último de la Fila en el Metropolitano: una noche histórica

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El feudo rojiblanco del Atlético de Madrid abría sus puertas para recibir a una de las bandas más legendarias de la música en castellano: El Último de la Fila. Siempre he sostenido que, si Miguel de Cervantes Saavedra, Benito Pérez Galdós y Francisco de Quevedo tuvieran que poner banda sonora a sus textos, sería con la del grupo capitaneado por Quimi Portet y Manolo García.

El Estadio Metropolitano se transformó por completo. Pulpos gigantes presidían las torres de sonido, la decoración del escenario estaba cubierta de peces de diferentes tamaños, mientras una colosal pantalla semicircular dejaba ver una sombra. Tras la intro, la pantalla dejó entrever a Manolo García tocando una sección de percusión y los peces formados por luces LED comenzaron a encenderse entre los rugidos de miles de seguidores que habían agotado todas las entradas para la parada madrileña de una gira histórica.

El Último de la Fila en el Metropolitano
Foto: Rodrigo Nombela @r.nombela21

No fue casualidad que la primera canción elegida perteneciera a la etapa de Los Burros. Dispararon con Huesos, seguida de Conflicto Armado, y si ya tenían todo a favor, conforme salió del puerto su nao, el viaje se convirtió en un recorrido espectacular con paradas de verdadera antología en Querida Milagros, Mi Patria En Mis Zapatos, Aviones Plateados y El Loco De La Calle, entre muchas otras. Además, Manolo se desprendió de sus gafas de sol y las lanzó al público para que un fan afortunado las atrapara en el aire.

Una puesta en escena monumental

La puesta en escena fue excelsa desde cualquier punto de vista. El sonido, la energía y la comunión con los fans alcanzaron un nivel difícil de describir. Cualquier elogio se queda corto. Las rutas emocionales diseñadas por Quimi Portet y Manolo García fueron de matrícula de honor. El público cantaba cada estrofa sabiendo que posiblemente fuera la última vez que veía en directo a la agrupación legendaria. Cada canción era recibida con el alma abierta de par en par.

El Último de la Fila en el Metropolitano
Foto: Rodrigo Nombela @r.nombela21

La química mostrada desde el comienzo de la gira volvió a ser uno de los grandes puntos fuertes del espectáculo. Manolo recorrió el escenario de lado a lado, interactuando con los seguidores, mientras que Quimi dedicaba gestos cómplices a toda la platea. No cabía un alfiler en el estadio rojiblanco y la celebración reunió todos los ingredientes imprescindibles: emociones a flor de piel, himnos atemporales, energía desbordante y una banda decidida a ofrecer lo mejor de sí misma.

El Último de la Fila en el Metropolitano
Foto: Rodrigo Nombela @r.nombela21

La sección de percusión, sumado a los teclados y las guitarras, construyeron una muralla sonora impecable, mientras las voces de la sección de coros acompañaron de forma pulcra y emocionante. Cada músico aportó su talento para una noche irrepetible.

Un viaje visual y sentimental

Las visuales envolvieron constantemente al público. Manolo llegó incluso a tumbarse sobre un sofá verde mientras preguntaba al estadio si lo estaba pasando bien y agradecía continuamente las muestras de cariño. Hasta el anillo superior del Metropolitano, donde también se proyectaban imágenes, fue utilizado en favor del espectáculo. Sin duda, uno de esos conciertos destinados a convertirse en leyenda dentro de la ciudad.

Hablar de canciones parece insuficiente cuando se trata de himnos como Dios De La Lluvia, La Piedra Redonda o Disneylandia, esta última perteneciente también a la etapa de Los Burros. Sobre aquellos años, Quimi Portet recordó entre risas: “Con Los Burros venía muy poca gente y Manolo García decía: id y multiplicaos… y os habéis multiplicado”.

El estadio rugió celebrando una complicidad intacta después de tantos años.

Dos horas y media de himnos y emoción

Tal y como habían adelantado durante la presentación de la gira, Manolo García y Quimi Portet compartieron escenario prácticamente con la misma formación que los acompañó a finales de los años noventa.

Durante toda la noche, García se mostró cercano y espontáneo, sosteniendo: “Somos puramente felicidad”, siendo uno de los momentos más celebrados de la velada. También confesó que “Hace un año que no leo el periódico”, seguido de “Lo más bonito es esto”, mirando al público, y el estadio Metropolitano respondió con una explosión de energía.

La atmósfera tenía algo especial. Durante dos horas y media, El Último de la Fila repasó todas sus etapas mientras llenaba de emociones el corazón de los asistentes. Hubo fuegos artificiales, bengalas verticales recorriendo el frontal del escenario y una lluvia constante de estímulos visuales.

Tras las interpretaciones de Lápiz Y Tinta, Sara, Lejos De Las Leyes De Los Hombres y Dulces Sueños, llegó un pequeño receso en el que un largo vídeo mostró imágenes históricas de la banda destrozando instrumentos, hablando de la carretera, de la música y, sobre todo, de la amistad que los une después de toda una vida compartida.

El Último de la Fila en el Metropolitano
Foto: Rodrigo Nombela @r.nombela21

Un final para la historia

La banda regresó para los bises. En uno de los momentos más celebrados, apareció iluminado el mítico cartel de Compro Oro antes de atacar uno de sus grandes clásicos. Más tarde, soltaron globos con forma de delfines sobre el público y el estadio terminó cubierto bajo una lluvia de confeti mientras interpretaban Ya No Danzo Al Son De Los Tambores, Los Ángeles No Tienen Hélices, Como Un Burro Amarrado En La Puerta Del Baile e Insurrección.

Siempre imprevisible, Manolo se sentó en unas escaleras del escenario, se remangó el pantalón para enseñar unos calcetines azules y naranjas y siguió cantando con esa mezcla única de cercanía y emotividad mientras consultaba: “¿Estáis bien? Gracias y muy buenas noches”, antes de abandonar aparentemente el escenario.

Incluso pidió una camiseta del Atlético de Madrid y aseguró que se habían sentido como en casa, manifestando que “Hay que respetar al rival siempre. Es de bien nacidos ser agradecidos”, añadió emocionado. Pero el público no estaba dispuesto a despedirse todavía.

El Último de la Fila en el Metropolitano
Foto: Rodrigo Nombela @r.nombela21

Antes de concluir, quiero agradecer por la enorme profesionalidad, incansable tarea y trabajo sublime a la agencia Arriba los Corazones, a Rock and Control y a Concert Tour por el trato excelso para la prensa. Sinceramente, da gusto acudir a trabajar con ellos.

El rugido del estadio obligó a la banda a regresar para un cierre de antología con El Rey, del célebre artista mexicano José Alfredo Jiménez. La despedida fue profundamente emotiva. Quimi Portet dedicó unas últimas palabras llenas de cariño, mientras Manolo García presentaba uno por uno a todos los músicos de la banda, incluido el baterista Jacinto Martín.

Entonces llegó el adiós definitivo. La voz de Jacinto puso el broche final con los versos de “No me digas que no… dime que sí…”, mientras las luces del estadio se encendían lentamente.

Con el Metropolitano todavía coreando sus canciones, El Último de la Fila se retiró ante una atronadora ovación. Una despedida elegante, emocionante y eterna para una noche mágica.

El Último de la Fila, un Códice de la música.

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Autor

  • El Último de la Fila en el Metropolitano

    Redactor, fotógrafo y entrevistador de Arepa Volátil. El riff como capa, la poesía como espada y el rock and roll como sangre bendita. La música, el único escudo.

    Escritor de pluma honesta, siempre atento a las propuestas emergentes, a los artistas que rompen moldes y con devoción suprema a los dioses de la música.

    Rockstar a mi manera.
    Los shows en directo, la sal de la vida.

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