Madrid dio la bienvenida al verano con una jornada de música en directo que reunió a miles de personas en el Iberdrola Music Festival, un evento que convirtió el recinto de Villaverde en el epicentro cultural de la capital durante más de seis horas ininterrumpidas. La cita, organizada con motivo del 125 aniversario de Iberdrola, reunió sobre un mismo escenario a cinco artistas de perfiles muy distintos —Lenny Kravitz, Manuel Carrasco, Ana Mena, Álvaro de Luna y Lola Bozzano—, demostrando que el rock, el pop, la música urbana y la electrónica pueden convivir en una misma programación para crear una experiencia intergeneracional.
Una celebración de música, solidaridad y emociones en el Iberdrola Music Festival
La capital encontró su banda sonora y, desde primera hora de la tarde, el recinto Iberdrola Music comenzó a recibir a miles de personas dispuestas a celebrar mucho más que un festival. La cita formó parte de 125 años luz, el programa con el que Iberdrola conmemora su aniversario mediante actividades culturales y sociales repartidas por toda España. En esta ocasión, la música compartió protagonismo con el compromiso social, ya que parte de la recaudación se destinó a proyectos impulsados por la Asociación Española Contra el Cáncer, Acción contra el Hambre, Fundación Tu Techo, Betania y Fundación Integra. Un trasfondo solidario que dio un significado especial a cada entrada vendida.
Mientras familias, grupos de amigos y seguidores llegados desde distintos puntos del país ocupaban la inmensa explanada del recinto, quedaba claro que la jornada estaba concebida para disfrutarse sin prisas. Amplias zonas de descanso, una variada oferta gastronómica y unos accesos fluidos acompañaron un ambiente festivo desde el primer minuto.
Una tarde que fue creciendo concierto a concierto
La música comenzó oficialmente a las 17:30 horas con la sesión de Lola Bozzano, encargada de recibir al público con una selección de música electrónica y ritmos bailables que ayudaron a llenar de energía los primeros compases del festival.
Álvaro de Luna rompió el hielo con un directo lleno de fuerza
A las 18:30 horas llegó el primer concierto de la jornada. Álvaro de Luna asumió la responsabilidad de inaugurar el cartel y lo hizo con la naturalidad de quien sabe conectar con el público desde el primer acorde. Las guitarras marcaron el carácter de una actuación directa y enérgica, construida alrededor de algunos de sus temas más conocidos. Juramento Eterno De Sal, Todo Contigo y Levantaremos Al Sol encontraron rápidamente respuesta entre un público que comenzaba a perder la timidez de las primeras horas.

Entre canción y canción, el sevillano se mostró cercano, agradeció la presencia de los asistentes y celebró el inicio del verano junto a Madrid, apoyado por una banda sólida y un sonido potente que terminó de encender definitivamente la tarde.
Ana Mena convirtió el recinto en una gran pista de baile
El cambio de escenario fue también un cambio de atmósfera. Ana Mena apareció rodeada de un despliegue visual inspirado en Bellodrama, con pantallas dinámicas, coreografías e iluminación diseñada para reforzar la estética de su espectáculo. Desde el primer tema consiguió que miles de personas acompañaran cada estribillo. A Un Paso De La Luna provocó una de las primeras grandes explosiones de euforia colectiva, mientras Las 12 confirmó la excelente conexión entre la artista malagueña y un público que apenas dejó un verso sin cantar.
El tramo final del concierto elevó todavía más la intensidad con Madrid City y Música Ligera. Decenas de miles de teléfonos iluminaron la explanada mientras Ana Mena recorría la pasarela saludando continuamente a los asistentes, regalando uno de los momentos visualmente más impactantes de toda la jornada.
El corazón del festival llegó con Manuel Carrasco
Cuando el sol comenzaba a esconderse sobre Villaverde, el ambiente cambió de registro. Manuel Carrasco afrontaba su único concierto en Madrid durante 2026, un detalle que convirtió su actuación en uno de los momentos más esperados del festival. El protagonismo recayó sobre las canciones y la complicidad con el público. Qué Bonito Es Querer fue recibida como un auténtico himno, mientras Uno X Uno y Salitre mantuvieron al recinto completamente entregado.

El instante más emocionante llegó con Que Nadie. Durante las primeras estrofas, la voz del artista flotó sobre el recinto ante miles de personas que convirtieran el estribillo en un inmenso coro. Una de esas imágenes que explican por sí solas por qué hay conciertos que permanecen mucho tiempo en el alma. Las composiciones de Pueblo Salvaje también ocuparon un lugar destacado dentro del repertorio, reforzando un discurso construido alrededor de las raíces, la libertad y la identidad. Una actuación sobria en lo visual, pero enorme en lo emocional.
Lenny Kravitz elevó la noche con un despliegue de rock visceral
Con la oscuridad ya instalada sobre el recinto, apareció uno de los grandes nombres internacionales del cartel. Lenny Kravitz irrumpió sobre el escenario bajo un abundante humo, gafas oscuras, luces en tonos azules eléctricos y acompañado por una producción visual de gran formato que transformó por completo el ambiente del festival.
Respaldado por una banda impecable y un sonido contundente, el músico estadounidense repasó algunos de los grandes clásicos de su trayectoria. Fly Away puso a saltar a buena parte del recinto desde los primeros minutos, mientras Are You Gonna Go My Way convirtió la explanada en un gigantesco estadio al aire libre con su groove característico, su melena al viento y esqueleto siguiendo los riffs.
También hubo espacio para bajar las pulsaciones con interpretaciones elegantes de It Ain’t Over ‘Til It’s Over y Again, demostrando que su dominio del escenario continúa intacto más de tres décadas después de irrumpir en la escena internacional. Coreado su nombre, seguido de ovaciones, atreviéndose incluso con palabras en castellano, el compositor corroboraba su magnetismo en vivo y desplegaba sus alas vintage con dosis de funk, soul y blues y recubiertas de acero inoxidable.

Moviéndose constantemente, saludando al público y desplegando todo su talento, Kravitz mantuvo el aura que lo ha convertido en una referencia del rock mundial desde hace más de tres décadas. La ovación final confirmó que muchos asistentes acababan de vivir uno de los grandes momentos del festival, poniendo el broche a una celebración que consiguió mantener vivo el ambiente hasta bien entrada la madrugada.
Mucho más que un festival
El Iberdrola Music Festival confirmó el potencial del recinto Iberdrola Music como uno de los grandes espacios para conciertos de la capital, donde miles de asistentes disfrutaron, bajo el sol latente, de la comodidad del emplazamiento, mientras la producción técnica mantuvo un nivel constante durante toda la jornada con pantallas de gran formato, buen sonido y un diseño de iluminación adaptado a la personalidad de cada actuación.
El componente solidario añadió una dimensión especialmente significativa a la cita. La música convivió con un compromiso real hacia proyectos relacionados con la lucha contra el cáncer, la seguridad alimentaria, el acceso a la vivienda y la integración laboral, demostrando que un gran festival también puede convertirse en una herramienta de impacto social, y Madrid despedía una jornada marcada por la emoción, los grandes himnos, el karaoke masivo, la diversidad musical y una organización que respondió a la altura de las expectativas. El verano acaba de comenzar y el Iberdrola Music Festival firmó una inauguración difícil de olvidar.
La ciudad encontró así una nueva forma de recibir el periodo estival y donde cada artista aportó una personalidad distinta. Lola Bozzano inauguró la jornada, Álvaro de Luna abrió la puerta con la emoción del pop-rock; Ana Mena llenó de color y baile la tarde; Manuel Carrasco convirtió el escenario en un espacio de emociones compartidas y Lenny Kravitz firmó una lección magistral de rock internacional.



