La décima edición de Noches del Botánico vivió uno de esos jueves que permanecen en la memoria del festival. Dos conciertos unidos por el lenguaje del jazz y la música de raíces estadounidenses, aunque desde perspectivas muy distintas. Por un lado, Take Me To The River All Stars convirtió el recinto en una celebración de los sonidos de Memphis y Nueva Orleans. Después, Jeff Goldblum & The Mildred Snitzer Orchestra ofrecieron un espectáculo donde el swing clásico, el humor y el cine encontraron un punto de encuentro natural. El resultado fue una velada de esas que transitan entre la elegancia del jazz tradicional, la fuerza del soul y la cercanía de unos artistas que entendieron perfectamente el ambiente del festival.
Take Me To The River All Stars: una celebración del legado de Memphis y Nueva Orleans
Take Me To The River All Stars no se limita a interpretar un repertorio de clásicos: lo vive desde dentro. Sobre el escenario convivieron experiencia, oficio y una evidente complicidad entre diez músicos que hicieron de cada canción una invitación constante al movimiento. El protagonismo fue rotando con naturalidad entre la poderosa sección de vientos, los teclados, el piano, el órgano Hammond, la guitarra, el bajo y una percusión que sostuvo todo el espectáculo con una precisión admirable. Sobre esa base crecieron unas voces de enorme personalidad, capaces de alternar la intensidad del góspel, la calidez del soul y la energía del rhythm & blues.

El repertorio recorrió tradición musical, siempre con un sonido limpio, dinámico y muy bien equilibrado. Cada tema parecía expandirse por el anfiteatro, mientras el público respondía con palmas, bailes improvisados y sonrisas constantes. Uno de los momentos más celebrados llegó cuando uno de los vocalistas apareció vestido con el traje tradicional del carnaval de Nueva Orleans y descendió entre la platea para cantar rodeado del público, rompiendo cualquier barrera entre escenario y auditorio. El batería protagonizó, además, un solo de enorme potencia técnica que levantó una de las primeras grandes ovaciones de la noche. A partir de ahí, el grupo fue creciendo todavía más, demostrando una compenetración admirable entre todos sus integrantes.

Especial mención mereció la frontwoman, dueña de una voz descomunal que encontró el equilibrio perfecto con las voces masculinas del conjunto. Entre todos construyeron un espectáculo lleno de matices donde cada instrumento encontraba su espacio sin perder nunca la cohesión colectiva. Más que un concierto, Take Me To The River All Stars ofreció una auténtica declaración de amor al legado musical del sur de Estados Unidos, dejando uno de los momentos más vibrantes de esta edición de Noches del Botánico.
Jeff Goldblum convierte el jazz en una conversación con el público
El cambio de escenario dio paso a una atmósfera completamente diferente. La aparición de Jeff Goldblum, recibido con una cálida ovación, comenzó mucho antes de sentarse al piano. Micrófono en mano, el actor improvisó un divertido preámbulo en el que jugó con títulos de películas, nombres de actores y pequeñas historias personales. Entre bromas y ocurrencias, saludó desde el escenario a los cineastas Fernando Trueba y David Trueba, dos grandes referentes del cine en España y amantes del jazz, provocando una nueva ovación antes incluso de que sonara la primera nota.

Un sexteto de precisión absoluta
Tras ese pequeño monólogo, fueron entrando los músicos de The Mildred Snitzer Orchestra, que se presentaron uno a uno mediante breves solos instrumentales. Fue una elegante forma de mostrar el enorme nivel del sexteto antes de iniciar el repertorio. Conocido mundialmente por películas como La Mosca, Jurassic Park o Independence Day, Jeff Goldblum tomó asiento frente a un imponente piano de cola negro, acompañado por sus partituras. Desde allí ejerció como pianista, director de ceremonias y perfecto anfitrión, cediendo constantemente protagonismo a sus compañeros.

Incluso antes del primer bloque del repertorio, sorprendió interpretando a capela un breve fragmento del tema principal de La Pantera Rosa, despertando sonrisas entre los asistentes y marcando definitivamente el tono cercano y desenfadado de toda la actuación. El concierto avanzó con interpretaciones de Let’s Face The Music, Lover e If I Only Had A Brain, donde el piano elegante de Jeff Goldblum sostuvo la estructura, mientras el resto del sexteto desplegaba un jazz clásico lleno de matices.
Durante este primer tramo, apareció la vocalista Khalia Johnson, cuya presencia escénica transformó inmediatamente la actuación. Su capacidad vocal, su dominio de las dinámicas y la naturalidad con la que conectó con el público elevaron canciones que ya de por sí brillaban gracias al impecable trabajo de la banda. Gran parte del repertorio estuvo dedicado a Still Blooming, el trabajo más reciente del proyecto, aunque el grupo fue alternándolo con estándares que permitieron lucirse tanto a los instrumentistas como a los cantantes.
Una banda donde todos tienen su momento
Uno de los mayores aciertos del concierto fue el equilibrio entre todos los integrantes. Cada músico dispuso de espacio suficiente para desarrollar pequeños solos que nunca rompieron el ritmo del espectáculo. Todo fluía con absoluta naturalidad, con un Jeff Goldblum que se mostró cercano durante toda la noche, agradeciendo continuamente los aplausos y alternando el piano con intervenciones vocales en varios momentos del repertorio. Su carisma nunca eclipsó al resto del sexteto; al contrario, actuó como nexo entre músicos y público.
La conexión con el auditorio fue creciendo conforme avanzaba la actuación. Muchas personas seguían el ritmo desde sus asientos, otras bailaban y el ambiente terminó convirtiéndose en una auténtica celebración del jazz clásico.

El regreso de Khalia Johnson volvió a elevar la temperatura emocional con interpretaciones de Bewitched, Bothered And Bewildered, Tattoo y Misty, demostrando una vez más por qué fue una de las grandes protagonistas de la noche. La banda sonó siempre compacta, elegante y perfectamente sincronizada, con un equilibrio sonoro impecable que permitió apreciar cada detalle de los arreglos.
Un final entre aplausos, cine y cercanía
Como ocurre en los mejores conciertos, el tiempo pasó con una rapidez sorprendente. Antes de despedirse, Jeff Goldblum presentó uno por uno a todos los integrantes de The Mildred Snitzer Orchestra, agradeciendo el trabajo colectivo con un sentido “That’s The Show”.
El cierre llegó con una delicada interpretación de Every Time We Say Goodbye, seguida de un guiño instrumental a la inolvidable banda sonora compuesta por John Williams para Jurassic Park, detalle que provocó una mezcla de sonrisas y nostalgia entre el público.

La foto final de familia sobre el escenario puso el broche a una actuación elegante y profundamente humana. Sin embargo, la noche todavía guardaba un último gesto. Tras la gran ovación, Jeff Goldblum permaneció de pie sobre el escenario firmando pacientemente vinilos, cuadernos, camisetas, libretas y hojas de repertorio a todos los aficionados presentes en el recinto.
Fue el cierre perfecto para una velada donde el jazz dialogó con el cine, el soul abrazó a la tradición y Noches del Botánico volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los escenarios más especiales del verano.



