Desde Rancagua, la banda Madriguera concreta su evolución este 2026 con el lanzamiento de Kimera, su segundo EP. Lo que comenzó como un dúo entre Liz y Damariz se ha transformado en un power trío sólido tras la incorporación de Andrés en el bajo, presentando seis cortes que ya están disponibles en streaming y buscan su lugar en el rock alternativo chileno sin pedir permiso.
Musicalmente, la entrega es un cruce frontal de noise, shoegaze y tintes de punk. No hay pretensiones de limpieza excesiva; al contrario, el sonido busca esa textura rasposa y directa. Deja Vu, el track de apertura, funciona como una declaración de intenciones: una descarga de ira contenida que explota rápido. Incluso en momentos más pausados como Opciones, la atmósfera mantiene una tensión constante que evita caer en la calma absoluta.

El concepto del disco gira en torno a la necesidad de pertenencia y el hastío de la vida moderna. Las letras exploran el estancamiento en la rutina y esos lazos personales que, aunque duelen, cuesta soltar por miedo a la incertidumbre. Es una narrativa honesta sobre aprender a convivir con el dolor, donde las armonías vocales suaves contrastan con la crudeza de la instrumentación.
Estética y producción
En lo visual, el proyecto mantiene una línea clara. Tras los sencillos Sahara y Parásito, el estreno del álbum viene acompañado del videoclip de Deja Vu. Dirigido por Teo Escudero, la pieza apuesta por el estilo found footage en una locación abandonada, capturando a la banda mientras se enfrenta a sus propios reflejos distorsionados en la oscuridad.
La producción técnica quedó en manos de Joaquín Alfaro en la grabación y mezcla, con masterización de Francisca Rojas y arte de tapa por Alonso Lassombra. Madriguera no intenta reinventar el género, pero lo ejecuta con una sinceridad que se agradece en tiempos de sobreproducción digital.




