Inicio180 BPM y un TeteroManifiesto: El fin de la disculpa

Manifiesto: El fin de la disculpa

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Durante años, migrar fue sinónimo de bajar la voz. Para muchos de nosotros, la banda sonora del exilio fue un silencio incómodo, una mirada al suelo y un orgullo guardado en el bolsillo de atrás, como si fuera algo que estorbara.

Nos acostumbramos a la palmadita en el hombro. Aceptamos la compasión ajena como un bono de sobrevivencia. Nos creímos el cuento de que ser latinos —y sobre todo, ser de donde somos— significaba pedir permiso para entrar o disculparse por las cenizas de una casa que otros incendiaron.

Pero se acabó.

Lo del Super Bowl como símbolo

Lo que vimos en el Super Bowl no fue un espectáculo; fue una demolición. Fue un hombre parado sobre el centro del imperio recordándole al mundo que nuestro acento no necesita traducción y que nuestra estética no acepta concesiones. Ver esa bandera plantada ahí, sin subtítulos y sin disculpas, nos sacudió el polvo del alma.

Es el fin de la era del norte que manda y el sur que obedece. Ya no somos la minoría que limpia el set después de la función; somos los que escribimos el guion, los que ponemos el ritmo y los que decidimos cuándo se sube el volumen. Nuestra identidad dejó de ser una nota al pie de página para convertirse en el estándar de oro.

Qué increíble es que el mundo ahora tenga que bailar a nuestro ritmo, pero qué arrecho es cuando esa seguridad te toca la fibra propia. Porque este giro no vino de un tratado diplomático; vino de nuestra propia terquedad. Nos dijeron que nuestra historia solo sonaba a tragedia, pero resulta que esa misma herida es hoy la frecuencia que hace bailar al planeta.

Es hora de cambiar la frecuencia de verdad

El mundo ya se sabe de memoria nuestras grietas, pero todavía no conoce el brillo que sale de ellas cuando dejamos de pedir perdón. Propaguemos las cosas buenas. Guardemos las malas, no por ceguera, sino por dignidad; porque la miseria ya no nos define frente al espejo del mundo.

Ser latino volvió a ser un privilegio de exportación. Es un grado de autoridad que nos ganamos a pulso en cada calle, en cada oficina y en cada madrugada. El orgullo no se explica, no se negocia y no se mendiga: el orgullo se ejerce a todo pulmón.

Sin disculpas. Sin permisos. Sin miedo.

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Autor

  • Manifiesto latino sin disculpas

    Soy publicista, papá a tiempo completo y sobreviviente de las noches de rock caraqueñas. Guaireño de pura cepa, hoy soy corresponsal y columnista de Arepa Volátil en México, donde escribo desde la experiencia, la calle y la memoria musical. Intento que el punk-rock no muera bajo la dictadura de las canciones infantiles mientras crío a un chamo-chilango en Ciudad de México.

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