El luto ha vuelto a tocar la puerta del rock clásico. Francis Buchholz, bajista histórico y pieza clave en la alineación más exitosa de Scorpions, ha muerto a los 71 años. La noticia fue confirmada por su entorno cercano, revelando que el músico enfrentó en privado una batalla contra el cáncer que terminó ayer. Se marcha en paz y rodeado de su familia, cerrando una historia que comenzó en los locales de Hannover y acabó llenando estadios en todo el planeta.
Su nombre está ligado a la formación clásica que llevó al hard rock alemán a la masividad internacional entre 1973 y 1992. Buchholz entendió su rol a la perfección: ser el muro de contención sobre el que brillaban las guitarras. Discos fundamentales como Lovedrive, Love at First Sting o Blackout llevan su firma rítmica, un sonido sólido, sin alardes innecesarios, que funcionaba como el motor incombustible de la banda.
No solo fue cuestión de fuerza; también de historia. Sus cuatro cuerdas sostienen Wind of Change, la banda sonora de la caída del Muro de Berlín, y la potencia eléctrica de Rock You Like a Hurricane. Tras su salida del grupo y años dedicados a la consultoría y producción, regresó a la carretera junto a excompañeros como Michael Schenker y Herman Rarebell en Temple of Rock, dejando claro que el escenario seguía siendo su hábitat natural.
Su familia, encabezada por su esposa Hella y sus hijos, ha pedido privacidad tras un comunicado emotivo donde agradecen la lealtad inquebrantable de los seguidores. Se apaga el amplificador de Francis Buchholz, pero queda la obra de un hombre que, desde la segunda línea, ayudó a definir el sonido de una generación.




