Al llegar a las instalaciones de la mítica sala madrileña de La Riviera, observamos cómo el río Manzanares y su agua transcurre con una sonoridad diferente. Una prueba más de que la velada iba a ser distinta, de esas en las que cualquier elogio se queda pequeño ante la demostración de arte que ofrecería en su directo Natalia Lacunza.
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ToggleDe Sabes Qué? a Nana Triste: la noche en que Natalia Lacunza detuvo el tiempo
En cartel, con el logo de Inverfest, nos recibe y, por las pantallas de la sala, se anuncian los artistas que aún quedan por actuar en esta edición del ya clásico festival invernal, la decimosegunda, y los confirmados para el año 2027.
Cuando la sabiduría y el talento se abrazan, dan como resultado el corazón de Natalia Lacunza. Ella, con una erudición artística, supo defender su repertorio con solvencia y, creando un karaoke masivo ante un auditorio que había agotado todas las entradas, sumergió a todas las almas en su universo.

Natalia Lacunza convierte la nostalgia en presente vivo
Cuando las luces se apagaron por completo y el murmullo previo se transformó en un rugido compacto, el recinto ya estaba ganado. Bastó una intro envolvente y la silueta de Natalia Lacunza, recortada entre sombras, para que el viaje comenzara con Sabes Qué? Primer golpe de efecto y primera declaración de intenciones: N2STAL5IA, su último trabajo, iba a sonar entero.

El escenario hablaba su propio idioma. Una alfombra en tonos claros delimitaba el espacio íntimo, casi doméstico, y sobre ella descansaba un sofá azul con forma de diván que funcionó como altar emocional durante toda la noche. Allí se sentó, se tumbó, se recogió sobre sí misma y, desde ahí, lanzó miradas cómplices que parecían conversaciones privadas en mitad de una sala abarrotada. El apoyo del público es constante y es un latido al unísono.

El universo N2STAL5IA, de principio a fin
El arranque fue eléctrico pero contenido. Te Enamoraste y Lo De Antes fluyeron con esa mezcla de fragilidad y pulso firme que define su pop evocador. En Mal De 2 se permitió jugar con los silencios, dejando que el público completara versos enteros. La respuesta fue inmediata: palmas que terminaron sincronizadas, gargantas afinadas por pura devoción y un murmullo colectivo que se convirtió en coro.
UnDosTres aportó ligereza y movimiento. Natalia cruzó el escenario con pasos cortos, sonriente, señalando a las primeras filas como quien reconoce viejos aliados. Cuando se enfundó la guitarra, el gesto fue natural, casi orgánico. Era una prolongación de su cuerpo. La banda se mostró sólida, precisa y sostuvo cada arreglo con elegancia. Hay madera en ese directo, hay raíz y hay una conciencia musical que no se aprende en una gira.

Uno de los momentos más reveladores llegó con Singapur. La interpretó en clave íntima primero, apoyada en la guitarra y con una iluminación cálida que dibujaba contornos suaves. Más tarde, ya superado el ecuador del concierto, regresó en formato expandido, con mayor carga electrónica y un pulso rítmico que levantó a la platea. Dos versiones, dos atmósferas, misma certeza: estamos ante un clásico moderno de su repertorio.
El guiño a la tradición llegó con la versión de El Muchacho De Los Ojos Tristes, de Jeanette. La elección no fue caprichosa. En su voz, la canción adquirió un matiz contemporáneo sin perder la melancolía original. El público la recibió con respeto primero y con ovación después.

Himnos, catarsis y karaoke colectivo
Si había una prueba de fuego, era Apego Feroz. En estudio ya es himno; en vivo es otra dimensión. Desde el primer acorde, el recinto se convirtió en un karaoke monumental. Ella se apartó del micrófono en el estribillo final y dejó que la multitud sostuviera la canción. Sonrió, cerró los ojos y respiró hondo, como quien entiende que ese momento ya no le pertenece del todo.
La energía no decayó con Otro Culito, Faber Castell, Cuestión De Suerte y Nokia. El setlist funcionó como una narrativa emocional que conectaba distintas etapas de su carrera. También hubo espacio para mirar atrás con temas de Otras Alas y Tiene Que Ser Para Mí, integrados con naturalidad en el discurso de N2STAL5IA.
En la recta final del bloque principal, Nunca Llega 05 y Todo Va A Cambiar reforzaron esa sensación de tránsito, de estar asistiendo a algo más que un simple repaso de canciones. La producción visual acompañó con pasajes casi pictóricos: proyecciones sutiles, cambios de tonalidad en la iluminación y un diseño de sonido limpio que permitió apreciar cada matiz vocal.
Los aplausos fueron constantes, pero hubo algo más profundo que el ruido: una emoción sostenida, una especie de éxtasis sereno que se palpaba en la forma en que el público coreaba, grababa apenas unos segundos y volvía a guardar el móvil para vivir el momento.

El cierre: memoria y piel
Tras una breve pausa, regresó para los últimos compases. El ambiente ya estaba cargado de electricidad emocional. Nana Triste desató uno de los picos de la noche. Le siguieron Prefiero y Plastilina, coreadas de principio a fin, con abrazos espontáneos entre desconocidos y alguna lágrima discreta iluminada por los focos.
Antes de despedirse, Natalia Lacunza agradeció el apoyo, se llevó la mano al pecho, miró a su banda y luego al público. El último acorde se desvaneció y la ovación fue larga, compacta, de esas que obligan a quedarse un segundo más sobre el escenario para asumir lo vivido.
Antes de concluir, quiero agradecer la profesionalidad de mi compañero Rodrigo Nombela, quien, pese a estar delicado de salud, puso todo su talento tras la lente; a Lucas Santos por su gran trabajo y a todo el equipo de Inverfest por su ayuda en todo momento.
El viaje había empezado en su interior y terminó atravesando la espina dorsal de todos los presentes. Casi treinta canciones después, la sensación era clara: nostalgia convertida en presente, corazón en carne viva y un repertorio que no solo suena, sino que deja huella.
Natalia Lacunza convirtió N2STAL5IA en una experiencia única en una noche histórica en el Inverfest.
Autor

Redactor, fotógrafo y entrevistador de Arepa Volátil. El riff como capa, la poesía como espada y el rock and roll como sangre bendita. La música, el único escudo.
Escritor de pluma honesta, siempre atento a las propuestas emergentes, a los artistas que rompen moldes y con devoción suprema a los dioses de la música.
Rockstar a mi manera.
Los shows en directo, la sal de la vida.






