Hablar de OBK es hablar de un idioma propio dentro del tecno pop en castellano. Canciones que han sobrevivido a modas, cambios de formato y generaciones completas que hoy siguen cantándolas como si el tiempo no hubiera pasado. O quizá porque ha pasado y ha dejado huella. Con ese espíritu aterrizaba el Vértigo Tour 35 Aniversario en la sala Moon de Valencia, primera de dos noches con el cartel de sold out colgado desde hacía días.
La nave despega
Poco después de las nueve, con la sala llena hasta donde alcanzaba la vista y un murmullo cargado de expectativa, se apagaron las luces. No hizo falta más. Jordi Sánchez apareció al mando de la nave y el viaje comenzó sin rodeos. Tras la intro, Tú sigue así —del álbum Antropop— abrió fuego y dejó claro que aquello no iba de nostalgia cómoda, sino de energía viva. Teclados precisos, guitarras bien medidas y una voz que sigue sonando reconocible y honesta. Las visuales, trabajadas y envolventes, empezaron a dialogar con la música desde el primer minuto. Nada invasivo, todo al servicio de una experiencia inmersiva que convirtió la Moon en un pequeño universo OBK.

Himnos que no envejecen
El concierto avanzó como una conversación fluida entre pasado y presente. Oculta realidad, Quiéreme otra vez, Siempre tú y La contraseña fueron cayendo una tras otra, elevando pulsaciones y provocando ese fenómeno difícil de explicar: una sala entera cantando al unísono sin que nadie se esconda. Cuando el aforo está completo, las emociones no tienen escapatoria. Se quedan y se comparten. Desde el escenario, Sánchez no necesitó grandes discursos. Gestos, miradas cómplices y alguna sonrisa bastaron para conectar con un público que sabía exactamente dónde estaba y por qué. Muchos parecían volver mentalmente al lugar donde escucharon por primera vez esas canciones. Otros las descubrían de nuevo, ahora en carne y hueso.

Memoria, piel y presente
El ecuador del concierto llegó sin que nadie se diera cuenta. Dicen, De qué me sirve llorar y Falsa moral encontraron a una platea entregada, con fans de distintas edades cantando con la misma intensidad. La banda respondía con un directo sólido, sin fisuras, demostrando que más de tres décadas de trayectoria también significan oficio y respeto por el escenario. Uno de los picos emocionales llegó con La princesa de mis sueños, del debut Llámalo sueño. Ahí la sala se vino abajo. Nada soy sin ti fue recibida con una ovación larga y sentida, pero antes Muero por ti se deslizó como un poema sonoro que en Valencia sonó casi a agua bendita. A ese líquido sagrado y tan venerado en la tierra: agua de Valencia.

El vértigo no afloja
Lejos de bajar el ritmo, la segunda mitad mantuvo la intensidad. Maldita mujer, de cosecha reciente, convivió sin complejos con Mi razón de ser, Promises, Yo no me escondo y la épica El cielo no entiende. El tiempo, siempre implacable, empezó a insinuar el final, pero nadie parecía dispuesto a soltar. Los bises fueron una celebración en toda regla. I Feel Jesus, el clásico de Depeche Mode pasado por el filtro OBK, encendió a la sala. En Berlín, su último single, confirmó que el grupo sigue mirando hacia delante. Lucifer, del disco Babylon, preparó el terreno para el cierre definitivo con Historias de amor.
El concierto terminó como debía y se merecía. Con emoción, sudor y la sensación de haber vivido algo compartido y auténtico.

Epílogo
Lo de la sala Moon fue más que un concierto. Fue una mascletá emocional en honor a OBK. Un recordatorio de que el tecno pop también puede tener sangre, memoria y futuro. El Vértigo Tour 35 Aniversario seguirá recorriendo el país, pero lo vivido en Valencia ya forma parte de esas noches que se quedan a vivir adentro del corazón de todos los fans.





