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Roger Waters y el síndrome de Estocolmo premium

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¿Lo escuchan? No es el eco de Echoes, ni el latido de The Dark Side of the Moon. Es el sonido de los dedos de Roger Waters, echando humo sobre su teclado en una mansión de Nueva York, mientras intenta explicarnos a los mortales por qué la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero de 2026 es, básicamente, el fin de la civilización occidental.

En el Manual de lo Anormal, nos pusimos el traje de amianto para analizar el último berrinche del «Comandante Waters«, el hombre que vive en el capitalismo más salvaje pero sueña con revoluciones ajenas (siempre que tengan buen catering).

Roger Waters síndrome de Estocolmo

El muro que Roger aún no derriba

Mientras la mayoría de los venezolanos celebra y medio planeta con ellos (nosotros, realmente) Roger Waters ha salido a calificar la detención de Maduro como un acto salvaje de agresión. Sí, Roger…, claro. Porque nada dice paz y amor como una gestión que dejó el país más vacío que un concierto de Milli Vanilli.

En fin, para Waters, Nicolás Maduro no era un señor con una orden de captura internacional; era un baluarte de la soberanía. Según el bajista, los gringos han secuestrado la esperanza, pero lo que Roger olvida es que la única esperanza que quedaba en Venezuela era que la señal de internet no se cayera.

¿Militancia o marketing rojo?

Resulta fascinante la capacidad de Waters para detectar imperialismo a 10.000 kilómetros de distancia, pero ser incapaz de ver un centro de detención y tortura (el más grande de Latinoamérica, el Helicoide) si este tiene una bandera roja.

Esto es el Manual de lo Anormal: si eres una estrella de rock millonaria, la dictadura es resistencia estética; si eres el que hace la cola para el pan, la dictadura es… ¡una dictadura!

Residente vs. Waters: duelo zurdo

Lo más divertido de este episodio es ver la ruptura del bloque progre musical: Mientras Residente (René Pérez, quien de tonto no tiene un pelo… de la barba) admitió sentir alivio, Waters se quedó solo en su trinchera de piso de mármol.

Parece que a René le llegó el Wi-Fi de la realidad, mientras que Roger sigue usando la señal de radio AM de la Unión Soviética.

Us and Them (pero con énfasis en Us)

Roger, querido, te amamos por tu música, pero ver tu defensa de Maduro tras su caída es como escuchar The Final Cut en loop: aburrido, desconectado de la realidad y con un exceso de drama que nadie pidió.

Al final, el muro cayó, el cerdo volador se desinfló y Maduro va camino a un traje naranja que combina con el bigote. Y tú, Roger, siempre podrás escribir una ópera sobre esto. Solo asegúrate de que las entradas no cuesten 500 dólares. Un poquito de coherencia, por favor.

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Autor

  • Roger Waters síndrome de Estocolmo

    Soy abogado caraqueño afincado en España, pero la música siempre ha sido mi verdadera escuela. En los 90 fui multiinstrumentista en bandas que sonaban peor de lo que recuerdo, experiencia que me llevó a convertirme en locutor radial y, más tarde, en cronista musical. Hoy escribo para Arepa Volátil y escribo la columna El Manual de lo Anormal, un espacio donde la música y la cultura se exploran desde ángulos poco convencionales, con la mirada de alguien que alguna vez intentó tocar lo que ahora analiza.

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