InicioReseñasRufus T. Firefly arrasa en La Riviera con una noche total

Rufus T. Firefly arrasa en La Riviera con una noche total

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Lo de la noche del sábado pasado en Madrid, en una Sala La Riviera llena hasta los márgenes, fue una película emocional dirigida por Rufus T. Firefly y esto me llevó a recordar que la primera vez que los oí, estaba de viaje por la costa azul francesa y algo provocaron en mi interior. Años después, tuve el privilegio de rememorar de que se trataba esa emoción: libertad sonora bien entendida.

Una apertura que fue de menos a más

A las 20:00 en punto, The Low Flying Panic Attack salieron a escena con un set de media hora que funcionó como prólogo electrónico a lo que vendría después. Sintetizadores en primer plano, bases contundentes y una versión inesperada de Smells Like Teen Spirit que, sin parecerse demasiado al original, logró algo más importante: activar a una sala todavía en proceso de llenado. Cuando terminaron, el ambiente ya estaba en temperatura de concierto.

Rufus T. Firefly La Riviera
Foto: Rebecca Cabrera Galindo @pandoramusicphoto

El arranque: sin aviso y con pulso cinematográfico

A las 20:40, sin previo aviso, las pantallas proyectaron un montaje de ojos —probablemente los de los miembros de Rufus T. Firefly— con créditos que parecían sacados de un thriller indie. Y cuando la sensación era la de estar ante un final, empezó el concierto.

El Coro Del Amanecer abrió la noche con esa mezcla de psicodelia contenida y épica emocional que la banda maneja sin esfuerzo aparente. Tras la intro, el grupo enlazó Todas Las Cosas Buenas y TSUKAMORI de su recordado álbum Magnolia marcando desde el inicio que el nuevo material no iba a ser un añadido, sino el eje del discurso.

Rufus T. Firefly La Riviera
Foto: Rebecca Cabrera Galindo @pandoramusicphoto

Un repertorio que conecta etapas

Antes de Pompeya, con la sala ya completamente entregada, Víctor Cabezuelo se dirigió al público: Gracias Madrid, estamos súper felices de estar aquí y que estéis aquí. Fue uno de los pocos momentos de pausa en un concierto que tendió más a fluir que a detenerse.

Llegó Magnolia y, con ella, una pequeña confesión: esa canción nos dio una nueva oportunidad en la música. No sonó a frase hecha. En el contexto de una banda que celebra dos décadas, pesó como una verdad asumida.

Rufus T. Firefly La Riviera
Foto: Rebecca Cabrera Galindo @pandoramusicphoto

El repertorio funcionó como un mapa emocional. El Problemático Winston Smith, Polvo De Diamantes o Lafayette convivieron con piezas del nuevo álbum como Lumbre, que apareció en formato acústico, casi desnuda, bajo una iluminación blanca mínima. La dedicatoria —Sin momentos bajos no hay altos— reforzó ese carácter introspectivo que el grupo intercala entre capas de sonido más densas.

Energía compartida: una banda que se comporta como colectivo

Hay algo casi físico en cómo se mueve Rufus T. Firefly sobre el escenario. Funcionan como un bloque, como si cada uno empujara en la misma dirección. La imagen más cercana sería la de una escuadra artística que entiende que el objetivo es común: sostener la experiencia de principio a fin cual equipo de rugby que tiene una misión: ganar o en este caso, hacer que toda la platea se sumerja en el universo sonoro de la agrupación madrileña.

Julia Martín-Maestro, en uno de los momentos más espontáneos de la noche, soltó un Hola Madrid, joder os quiero muchísimo antes de arrancar Ceci n´est pas une Pipe, donde la percusión ganó protagonismo y la banda se permitió jugar con dinámicas más crudas.

En Trueno Azul, Víctor compartió una anécdota doméstica que aterrizó el concierto: el coche que le regaló su padre —presente en la sala— y que el grupo rebautizó con menos épica. A mí me parece maravilloso, dijo, reivindicando ese cariño por lo imperfecto, por lo que resiste.

Nebulosa Jade fue uno de los picos colectivos. Coros masivos, presentación de la formación y una Riviera convertida en una sola voz. El abanico de matices que ofrecían en su espectáculo era para enmarcar.

Rufus T. Firefly La Riviera
Foto: Rebecca Cabrera Galindo @pandoramusicphoto

Producción y narrativa: más allá del formato tradicional

La gira de Todas Las Cosas Buenas ya venía marcada por su propuesta inmersiva con auriculares, y aunque aquí el formato era el de sala grande, esa atención al detalle seguía presente. El sonido fue limpio, con capas bien definidas, y una producción visual que acompañó sin invadir. Cada disco, cada directo, cada gira, integran matices artísticos únicos un presente sólido. Todas Las Cosas Buenas no es solo un título; funciona como una carta magna del directo en vivo.

Los oriundos de Aranjuez están forjando un camino a base de talento, autenticidad y trabajo honesto. Tal como se ha reflejado en las presentaciones de su reciente álbum de estudio, en la gira que garantiza una cercanía con el musico pocas veces vista a estos niveles. Esta experiencia íntima y grupal ha permitido escuchar la mezcla de su magnético directo con calidad de estudio, utilizando cascos inalámbricos para apreciar cada detalle en ubicaciones especiales con aforo reducido y escuchando lo mismo que lo artistas mientras estos interpretan las canciones. Toda un estandarte creativo.

Bises, celebración y un punto de ironía

Canción De Paz cerró el set principal con la sala cantando como si fuera un ritual compartido. Después, un interludio ambiental abrió la puerta a los bises.

En ese tramo final, El Principio De Todo incluyó un solo de batería que rompió la narrativa más atmosférica para llevar el concierto a un terreno más físico. Fue también el momento en que la banda recordó sus veinte años de trayectoria y mencionó un libro sobre su historia que recibirán hoy domingo.

La frase de la noche llegó casi como una broma lanzada al aire: Si mañana nos separamos no lo diremos; disfrutad, puede ser el último. Risas, pero también una especie de silencio cómplice después.

Rufus T. Firefly La Riviera
Foto: Rebecca Cabrera Galindo @pandoramusicphoto

Un cierre que se queda resonando

Sé Dónde Van Los Patos Cuando Se Congela El Lago transmitió una sensación de que la película debería tener un metraje eterno, porque el directo que se estaban marcando, lo ameritaba. La sensación global era que los cuerpos iban a dar testimonio durante años de algo que todavía esta creciendo: La leyenda de Rufus.

Rufus T. Firefly es presente sólido, pasado con memoria y futuro de diamante en bruto en la música.

Concluyeron con Río Wolf y, por lo que se intuía en el ambiente, la ovación larga, sostenida y merecida, aun sigue en la Sala La Riviera de Madrid cuándo escribo estas líneas de madrugada.

Rufus T. Firefly son todas las cosas buenas del arte en un soólo grupo de música.

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Autor

  • Rufus T. Firefly La Riviera

    Nacida en Francia y criada alrededor del mundo, siempre supe que la música sería mi compañera ideal de vida. Tuve la fortuna de entrar en contacto con ella desde temprana edad, explorando diversos estilos musicales.

    Empecé mi camino por las calles y las salas de Buenos Aires en 2012. Hace algunas temporadas volví a Europa y hoy me muevo entre Madrid, Montpellier y Girona, atrapando imágenes vitales en los conciertos.

    Colaboradora en ArepaVolatil.com, me gusta capturar momentos irrepetibles con mi cámara y, de vez en cuando, cuando llega la inspiración, me animo a escribir.

    Francesa de alma libre, con la mirada siempre atenta a ese instante del directo capaz de volverse eterno.

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