La noche tenía algo especial desde mucho antes de que aparecieran los protagonistas. El ambiente en Noches del Botánico respiraba expectación y el público fue ocupando cada rincón del recinto madrileño con la sensación de que estaba a punto de ocurrir algo importante. Y así fue. Un doblete excelso por obra y gracia de Shinova y Gara Durán.
Una noche de intensidad, emoción y canciones eternas
A las 21:45 horas, las luces descendieron suavemente y la banda de Berriz apareció sobre el escenario acompañada por una de las grandes sorpresas de la noche: un cuarteto de cuerdas que transformaría el concierto en una experiencia diferente. La introducción instrumental de las cuerdas elevó la tensión dramática del momento y, ante el rugido inmediato de la platea, quedó claro que la conexión sería total.
Con el sol resistiéndose a desaparecer tras la vegetación del jardín botánico, Si No Es Contigo abrió la velada envuelta en una atmósfera casi cinematográfica. La imagen resultaba perfecta: las últimas luces del día filtrándose entre los árboles mientras miles de personas acompañaban cada palabra de Gabriel de la Rosa.

Shinova enlazó después con El Álbum y Cartas De Navegación, dos piezas que sirvieron para confirmar el excelente estado de forma de un grupo que lleva años instalado en la parte alta del rock español. El apoyo del cuarteto aportaba profundidad, elegancia y nuevas texturas a unas canciones que parecían encontrar una segunda vida sobre el escenario.
El valor de las canciones y una conexión absoluta
Durante los primeros compases del concierto, Gabriel de la Rosa reconoció que llevaban mucho tiempo soñando con un momento como aquel. La respuesta del público fue inmediata. Cada frase era recibida con aplausos y cada estribillo se convertía en un gigantesco coro colectivo.
No Cambiaría Nada, Gigantes, Volver, Alas y Gloria fueron construyendo un bloque central de enorme intensidad emocional. La producción sonora brilló especialmente durante estos temas gracias al equilibrio entre la contundencia habitual de la banda y la delicadeza que aportaban los arreglos de cuerda. A destacar eran las columnas adicionales de luces que iban aportando distintas tonalidades y capas a las ejecuciones.
Formados actualmente por Gabriel de la Rosa (voz), Daniel del Valle (guitarra y teclados), Erlantz Prieto (guitarra), Joshua Froufe (batería) y Alain Martínez (bajo y coros), Shinova volvió a demostrar por qué se ha convertido en una de las formaciones más respetadas y queridas del panorama nacional. Desde su nacimiento en 2008, la banda vizcaína ha construido una trayectoria ascendente basada en la honestidad artística, el trabajo constante y una identidad sonora propia que ha quedado reflejada en discos como Volver, Cartas De Navegación, La Buena Suerte o El Presente.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con Los Días Que Vendrán. Antes de interpretarla, Shinova pidió el apoyo de sus seguidores para esta nueva etapa. La respuesta fue contundente. El público ya estaba completamente entregado y acompañó cada verso como si formara parte de la propia canción.
Un homenaje sobre el escenario y una recta final memorable
La emoción volvió a aflorar cuando Gabriel de la Rosa dedicó unas sentidas palabras a Daniel del Valle, agradeciéndole el enorme esfuerzo que está realizando tras encadenar tres conciertos arrastrando una lesión en el ligamento cruzado y los meniscos. El reconocimiento provocó una de las ovaciones más sinceras de la noche antes de enlazar directamente con una poderosa interpretación de Berlín.
A partir de ahí, el concierto entró en una fase de intensidad creciente con Movimiento, Ídolos (Los Mejores Momentos Están Por Llegar), Todo Gira Y Vuelve y Lo Que Podría Salvarnos. Las canciones se sucedían sin apenas tregua mientras las cuerdas continuaban enriqueciendo cada arreglo y multiplicando el impacto emocional de los temas. El Día Que Murieron Las Canciones y Tiempo aportaron algunos de los momentos más introspectivos de la velada antes de que Qué Casualidad y La Sonrisa Intacta devolvieran la celebración colectiva al recinto.
La recta final fue una demostración de la capacidad del grupo vasco para combinar épica y cercanía. Mirlo Blanco preparó el terreno para un desenlace que llegó con Te Debo Una Canción, convertida en una gigantesca comunión entre banda y público.
Ante el lamento general de una velada que merecía eternidad, el show llegaba a su fin, dejando una sensación difícil de resumir en una sola palabra. Quizá porque lo ocurrido fue la suma de muchas cosas: emoción, esfuerzo, oficio, sensibilidad y una colección de canciones que han encontrado un lugar privilegiado en varias generaciones de seguidores.
Shinova es el ejemplo perfecto de que el talento, el trabajo, el sacrificio y una filosofía propia siguen teniendo recompensa. Su crecimiento ha sido pausado, constante y auténtico. Canción a canción. Disco a disco. Conquistando escenarios cada vez mayores sin perder la esencia.
Gara Durán y su voz inabarcable como antesala ideal
La cantante Gara Durán calentó motores con un repertorio sólido, elegante y lleno de matices. Dueña de una voz hipnótica y una presencia magnética, fue construyendo una pequeña obra de arte a través de canciones como El Lago De Mi Pena, Mi Loco Cowboy, Sin Pena Ni Gloria o Robot, entre otras. Cada interpretación sumó capas a una actuación que fue creciendo en intensidad y conexión con el público.

Gara es una de esas voces necesarias que aparecen de vez en cuando para recordarnos que todavía hay espacio para la sensibilidad y la personalidad propia. La compositora posee un espíritu especial y buena prueba de ello es un repertorio que no deja de crecer y cautivar. Conviene guardar su nombre porque su proyección apunta muy alto. Fue la apertura perfecta antes de la apoteosis que estaba por llegar.

En Noches del Botánico, Shinova, junto a un brillante cuarteto de cuerdas, firmaron una de esas actuaciones que explican por qué llevan años creciendo a fuego lento dentro del rock español. Su tormenta perfecta fue colosal. Hubo intensidad, emoción y más intensidad. Y, durante su titánico directo, todo pareció girar alrededor de unas canciones destinadas a permanecer.



