La noche del 4 de julio en Noches del Botánico tuvo algo especial desde el primer momento. Madrid recibió a Snarky Puppy con el ambiente perfecto para una de esas actuaciones que no se quedan solo en la memoria por la precisión de sus músicos, sino por la forma en que logran convertir cada tema en una experiencia compartida. Antes, Nate Smith había preparado el terreno con un concierto impecable, elegante y lleno de sensibilidad.

Nate Smith abre la noche con elegancia y groove
La velada comenzó con Nate Smith acompañado por Anna Butterss al bajo, James Francies en los teclados y Josh Johnson al saxofón. Con un repertorio formado por Undefeated, Automatic, Streetlamp, Retold, Cough Drop, Big Fish, Last Sight, Magic Dance y Skip Step, el cuarteto abrió la noche con un jazz contemporáneo lleno de groove, sensibilidad y elegancia. Apenas hicieron falta palabras. Cada composición hablaba por sí sola y el público, tanto en la pista como en las gradas y palcos al aire libre, respondió con cálidos aplausos tras cada interpretación. Al finalizar, una larga ovación pidió una canción más, reflejo de la excelente conexión que la banda había conseguido con los asistentes.

Snarky Puppy toma Madrid con una actuación arrolladora
A las 21:30 llegó el turno de Snarky Puppy. Como marca la norma habitual en los conciertos, el acceso al foso quedó limitado a las tres primeras canciones. Bastaron esos primeros minutos, cámara en mano frente al escenario, para percibir que la banda venía en un estado de forma extraordinario.

Desde los primeros compases de Waves Upon Waves quedó claro que la noche iba a ser especial. Chimera elevó rápidamente la intensidad, mientras Only Here y Grown Folks mostraban la capacidad del colectivo para alternar melodías delicadas con explosiones rítmicas perfectamente sincronizadas. Between Worlds llevó al público a uno de los pasajes más atmosféricos de la noche antes de dar paso a uno de los momentos más celebrados del concierto.
Fue entonces cuando Michael League tomó el micrófono y, hablando en un español cercano y muy bien recibido, felicitó públicamente a Nate Smith y a todo su cuarteto por el magnífico concierto con el que habían abierto la velada. También quiso felicitar a Madrid por la celebración del Día del Orgullo y agradecer la cálida acogida que la ciudad siempre brinda a la banda. Sus palabras fueron recibidas con una gran ovación.

Con Recurrent llegó uno de los momentos culminantes de la actuación. La pieza desembocó en un impresionante solo de batería que levantó al público de sus asientos y confirmó el extraordinario nivel instrumental de la formación.
En Drift, la trompeta de Jay Jennings dibujó uno de los pasajes más expresivos de la noche antes de que Xavi sorprendiera con una guitarra cargada de distorsión y una energía claramente influenciada por el rock. Sin embargo, incluso en sus momentos más contundentes, la banda regresaba constantemente a ese lenguaje de jazz moderno y arreglos de viento que hacen inconfundible el sonido de Snarky Puppy.
Cuando Michael League anunció que solo quedaba “una más”, el escenario quedó en manos de Bobby Sparks II, quien inició Sleeper desde un Hohner Clavinet procesado con efectos que por momentos recordaban a una guitarra eléctrica. Fue una introducción espectacular que desembocó en otro de esos complejos entramados rítmicos que caracterizan al grupo.
Durante Sleeper, un breve interludio musical sirvió para que Michael League presentara uno a uno a los integrantes de la banda, agradeciendo también el extraordinario concierto con el que Nate Smith y su cuarteto habían abierto la velada. Cada presentación fue recibida con una cálida ovación del público. Y después la banda continuó y se desenvolvió en un final musical para recordar.

Así que las luces se apagaron y el recinto, prácticamente lleno, rompió en una ovación sostenida, mientras desde la pista y las gradas comenzaban a escucharse los gritos de “¡otra, otra!”. Los aplausos crecían por momentos y el ambiente dejaba claro que el público no estaba dispuesto a dar por terminada la noche.
La banda regresó entre una nueva ovación. Michael League volvió a dirigirse al público en un español cercano y muy aplaudido. Coincidiendo con el 4 de julio, habló con honestidad sobre el momento que vive Estados Unidos y confesó que no era precisamente eso lo que le hacía sentirse orgulloso. En cambio, reivindicó la música como un espacio donde la diversidad, la convivencia y el respeto entre culturas siguen siendo posibles. Madrid respondió interrumpiendo varias veces sus palabras con largos aplausos.
Lingus como cierre perfecto en Noches del Botánico
Poco más se podía pedir para cerrar una noche como aquella. La interpretación fue brillante, explosiva y repleta de momentos de un virtuosismo extraordinario, pero siempre al servicio de la música. No hubo exhibicionismo gratuito; cada solo, cada cambio de compás y cada intervención de los músicos tenía un sentido dentro de una construcción colectiva que explica por qué Snarky Puppy continúa siendo una de las formaciones más admiradas del panorama musical internacional.

Mientras abandonaba el recinto con la cámara todavía al hombro, daba la sensación de que el público seguía queriendo más. Los aplausos tras Lingus fueron largos, sinceros y profundamente agradecidos. No era solo el reconocimiento al extraordinario nivel técnico de Snarky Puppy, sino la sensación compartida de haber asistido a uno de esos conciertos que permanecen en la memoria mucho después de que se apaguen las luces del escenario. En una noche en la que la música habló de diversidad, de encuentro y de celebración, Noches del Botánico volvió a demostrar por qué es una de las grandes citas del verano madrileño.



