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98.000 niños atrapados en orfanatos aguardan que alguien los rescate

La mayoría, 70.000 de ellos, están en zonas de alto riesgo, amenazados por el hambre y la congelación

98.000 niños. La mitad con alguna discapacidad física o mental. 70.000 de ellos en zonas calientes. Es la escalofriante realidad sobre la que están llamando la atención las principales ONG y trabajadores de protección de la infancia en Ucrania. De ese éxodo migratorio que sigue cruzando las fronteras del país bombardeado por Vladimir Putin cada día, 1,5 millones de personas son menores de edad. Pero dentro del país, en sótanos o refugios antiaéreos todavía o en los mismos orfanatos donde han pasado sus últimos años, están ellos: 98.000 niños aún escondidos entre cuatro paredes, el 92% de ellos, según estima Aldeas Infantiles SOS, tienen uno de sus dos progenitores vivos, aunque perdieron la tutela y esta pertenece al Estado ucraniano, un Estado que, ahora mismo y por razones obvias, ha abandonado a estos menores.
Nastia, Vika, Valentina y Victoria, en un orfanato de Carpineni (Moldavia) recién llegadas de Ucrania – AFP
Ucrania tiene una de las tasas más altas de cuidado institucional en Europa: alrededor de un 1,3% de niños vivían en algún tipo de centro de atención residencial justo antes del 24 de febrero, cuando comenzó la masacre. La realidad es que muchos de estos menores permanecen aún atrapados en estas instituciones a medida que las ciudades y las infraestructuras civiles caen.
Según Save the Children, el primer bombardeo contra un orfanato se decretó ya el pasado 25 de febrero, a las pocas horas de que Rusia declarase la guerra. Luego continuaron en poblaciones como Járkov o Slaviansk. Michela Ranieri, experta en Relaciones Internacionales de esta entidad, dice a ABC que están observando una ofensiva directa de los proyectiles rusos dirigidos contra instalaciones de acogimiento y educativas: «Unas 210 han sido ya destruidas por el régimen ruso, a lo que hay que añadir lo que todos han visto en imágenes: maternidades, hospitales, refugios y lugares llenos de niños, muchos de ellos aislados…».
Rocío Vicente, de Unicef, la organización de Naciones Unidas para la Infancia, no pone paños calientes a la situación que describe para este periódico. «En Unicef ya hablamos de una crisis de infancia: están saliendo 75.000 niños al día, refugiados de Ucrania, pero nos preocupa ahora sobre todo el impacto de la guerra en los niños que se hallan ocultos dentro del país. En sótanos, traumatizados, porque la violencia está siendo muy aguda; sin agua ni electricidad, con temperaturas muy bajas», afirma. Dejando a un lado la perenne amenaza rusa, el hambre y la congelación son los mayores peligros que acechan a los chiquillos, muchas veces acompañados de algún monitor o trabajador de la institución residencial todavía, dicen las organizaciones consultadas. «Estamos en una fase muy complicada del conflicto y las evacuaciones humanitarias que están tratando de hacer las organizaciones acreditadas tienen que hacerse con las máximas garantías», acuña Vicente, especialista en Derechos de la Infancia.
Traslados fuera de Ucrania
Sobre esos rescates, los trabajadores de Aldeas Infantiles SOS desde Ucrania cuentan cómo han podido sacar a 1.500 niños de centros residenciales de diferentes rincones del país para ponerlos a salvo con muchísimo esfuerzo. Ellos mismos se juegan la vida al desplazarse a los puntos calientes y llevar a los menores a puntos de tránsito, como el instalado en la ciudad polaca de Stalowa Wola.
Esta ONG está coordinando, junto a otras entidades agrupadas en la Red Ucraniana de Derechos del Niño, una evacuación de niños de orfanatos de Járkov, Berdyansk y Slaviansk, para su traslado a la región de Dnipropetrovsk, en el centro de Ucrania. Allí, permanecen en un refugio donde se les proporcionan servicios básicos y apoyo psicosocial hasta poder salir del país. El traslado se organiza hasta la citada ciudad de Stalowa Wola, ya en Polonia, donde permanecen un máximo de tres días y luego son acogidos por instituciones especializadas del país. Las autoridades polacas están prestando apoyo adicional también a los niños que cruzan solos hasta la frontera, al margen de este contingente de niños huérfanos.
Hay que subrayar que en el caso de estos menores, la tutela es del Estado de Volodímir Zelenski, por lo que aún en tiempos de guerra la burocracia encuentra también su papel en medio de la cruzada. El traslado de los menores se negocia entre países, en base a acuerdos mutuos que se establecen gobierno a gobierno. En el caso de Polonia, cuentan a ABC desde Aldeas en el terreno, «el Gobierno de Varsovia ha abierto una base de datos dedicada al registro y seguimiento de todos los niños de instituciones residenciales que ingresan y son albergados en Polonia, está comprobando el estatus legal de cada uno y aplicando medidas para evitar el tráfico de personas».
Unicef, por su parte, ha instalado los llamados puntos azules para ese desplazamiento. La salida de un menor institucionalizado para huir de la guerra se debe producir, aclara Vicente, siempre junto a su expediente y documentación, además del necesario acompañamiento de los tutores legales asignados si se pudiese.
Agilizar el traslado de los refugiados ucranianos en cualesquiera de su situación ha sido objeto reciente de una directiva europea que ha activado la Unión para la protección temporal y que asegura la acogida inmediata de toda esta riada de personas que han huido del país, confiriendo a los niños y adolescentes no acompañados el derecho a la tutela legal y el acceso a la educación.
Un máximo de tres años
Cada gobierno, y en el caso español, después las comunidades autónomas, organizarán programas para facilitar el proceso de recepción y acogida de los menores que se encuentren solos por ser especialmente vulnerables. Todos estos niños permanecerán de manera temporal en el país de acogida, si fuese España por ejemplo, por un espacio máximo de tres años, establece la directiva, de manera que las ONG de protección de la infancia ponen mucho énfasis en remarcar que las personas que acogen a un niño deben saber siempre que se trata de una situación temporal.
«Ucrania no pierde su tutela y se debe salvaguardar siempre el interés superior del menor», aclara Vicente, que recuerda que en esos traslado hay unas reglas clave y predefinidas por protocolos internacionales estandarizados como la de no separar a niños que están con sus hermanos en caso de evacuación entre estados, por ejemplo. Los niños necesitan conservar los lazos familiares y comunitarios. Se les debe garantizar un cuidado de calidad, enfatizan desde Aldeas Infantiles en Ucrania, porque, entre todos los niveles de desdicha que dictamina una guerra, ellos salen de la «situación más delicada de todas».
Fuenteabc.es
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