De la misa negra de Corgan a correr por el Metro: aquí nuestra crónica del día 2 de resistencia en el Vive Latino 2026
Si el sábado fue una prueba de fuego, el domingo fue el ritual de la resistencia. Con el cuerpo ya pidiendo tregua, pero el espíritu encendido, regresamos al asfalto para el segundo round del Vive Latino. Hay algo mágico en este segundo día: la gente ya no viene a ver qué pasa, viene a entregarlo todo en una jornada que mezcló la nostalgia con el surrealismo más puro.

Del asfalto del Centro al mood chill tropical
La tarde arrancó con sabor local y un sentido de pertenencia brutal. Triciclo Circus Band demostró que jugar en casa es una ventaja táctica; son literalmente del Centro de la CDMX y trajeron ese espíritu de la calle al escenario principal. Bajo un solazo criminal que derretía las ideas, su ska circense fue el combustible que encendió la chispa inicial; ver a miles saltando con Excusez-Moi fue entender que no importa el calor cuando hay metales y una nariz roja de por medio.

Casi al mismo tiempo, el ambiente cambiaba con Reyna Tropical. Directo desde Tamaulipas, trajeron una propuesta que se sintió como un abrazo necesario en medio del caos; pura fraternidad, resistencia y sonidos tropicales que bañaron el escenario de una calidez distinta.
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Lograron poner al público en un mood chill tan profundo que, por un momento, nos olvidamos de que estábamos sobre concreto y nos sentimos en una playa rebelde.

Pero la verdadera sorpresa personal del día fueron los Ladrones. Directo de Guadalajara, estos tipos traen una propuesta que en papel suena bizarra, pero en vivo es un puñetazo seco en la cara: una colisión frontal entre la agresividad técnica del metal, el fraseo punzante del hip-hop y la narrativa cruda del corrido. No es solo música, es una identidad nueva. Ver a su público fiel —una marea humana que no dejó de saltar ni un segundo, a pesar del polvo y la altura— te hace entender que están gestando algo grande y necesario para la escena. Pasaron de ser un nombre más en el cartel a convertirse en mi gran descubrimiento del festival; de esas bandas que te recuerdan por qué seguimos viniendo a este ritual.

Mística, nostalgia y el peso de la historia
A media tarde, el reggae de Dread Mar I se apoderó del ambiente con una fuerza espiritual que solo él sabe invocar. Los argentinos tuvieron una recepción increíble; no fue solo un concierto, fue una comunión bajo el sol donde no hubo una sola canción que no fuera coreada o bailada por una multitud que parecía suspendida en el ritmo. Mariano Castro demostró que el sentimiento no conoce fronteras, logrando que el Autódromo se sintiera, por un momento, como una playa masiva y mística donde la única ley era el vibe positivo.

Mientras tanto, en otro rincón del festival, Rigoberta Bandini nos regaló un set de pop que rompió cualquier esquema convencional. Con una propuesta muy peculiar, cargada de metáforas visuales y una lírica que te sacude el cerebro, Rigoberta demostró que el pop puede ser inteligente, crudo y sumamente divertido al mismo tiempo. Fue un choque cultural necesario; de esas presentaciones que te dejan rascándote la cabeza y con ganas de averiguar mucho más sobre su universo. El recibimiento fue caluroso, tanto por el sol inclemente como por la entrega total de la gente a una artista que no tiene miedo de ser diferente.
En la Carpa Little Caesars, Conociendo Rusia puso la nota alta con toda la elegancia del rock argentino contemporáneo. Mateo Sujatovich trajo consigo esa sensibilidad que te recuerda que el rock, cuando se hace con clase, no necesita gritar para ser escuchado. Escuchar Cabildo y Juramento bajo el sol fue un oasis de sofisticación. Pero el momento que nos detuvo el corazón fue con Santa Sabina. Invocaron una ceremonia de sanación; con Azul Casi Morado, la mística de Rita Guerrero flotó sobre nosotros. Ver a la banda mantener vivo ese sonido progresivo, denso y lleno de matices de jazz generó un respeto sepulcral que terminó en catarsis colectiva.

Y si de atmósferas hablamos, lo de los Hermanos Gutiérrez en el Telcel fue hipnótico. Verlos es como entrar en una película de Sergio Leone musicalizada con una elegancia minimalista brutal. Sus guitarras no necesitan voz para contar historias; lograron silenciar el caos del festival por un momento, transportándonos a un desierto cinematográfico donde cada nota pesaba.
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A estas alturas, cruzar de un escenario a otro ya no es caminar, es una misión de supervivencia. Te das cuenta de que el Vive es, en realidad, un deporte extremo: estamos rebotando sobre un concreto diseñado para neumáticos de carreras —con cero amortiguación para las rodillas— y aventándonos maratones de más de un kilómetro por trayecto. Si sientes que el aire te falta, no es solo la emoción; son los 2,240 metros de la CDMX cobrándote factura. No es cansancio, es un entrenamiento de alto rendimiento que nadie nos avisó que íbamos a tomar.
Música Pa’ Mandar a Volar y el rugido de Allison
El momento más bizarro fue el set de Música Pa’ Mandar a Volar. Ver a Mijares con Soldado del Amor, a Paulina Rubio con Ni Una Sola Palabra y a Danna con La Gata Bajo la Lluvia ya era una locura. El surrealismo subió al tope cuando Amanda Miguel cantó Él Me Mintió, el Dr. Shenka se aventó Hasta Que Te Conocí y Emmanuel hizo lo propio con La Chica de Humo. El clímax fue Emmanuel y Mijares cerrando juntos con Para Amarnos Más, un karaoke masivo que todos terminamos gritando a pulmón herido.
Justo después, Allison tomó el escenario Telcel y soltó una descarga de adrenalina necesaria que nos voló los sesos. Olvídense del pop-punk adolescente; hoy traen un sonido mucho más pesado, tirándole frontalmente al metal, con una base rítmica demoledora y guitarrazos que pedían slam a gritos. Fueron recibidos como auténticos héroes de guerra; ver a miles de personas desgarrándose la garganta con Memorama bajo esa nueva estética sónica fue una de las postales de poder del domingo.

En contraste, a Fobia le tocó bailar con la más fea en el escenario Amazon Music. Tuvieron que remar contra la corriente debido a un mal sonido, con fallas intermitentes que no le hacían justicia a su trayectoria ni a la complejidad de sus arreglos. Sin embargo, cuando hay oficio, el equipo técnico pasa a segundo plano; el cariño de la gente salió al rescate, tomando el control de la situación y sacándolos a flote en un coro monumental durante Microbito. Fue el triunfo de las canciones sobre los fierros; una muestra de que el amor del público chilango es el mejor parche para cualquier consola fallida.
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El flow de los Kuryaki y el corazón de los Cadillacs
Cerrando la tarde-noche de este segundo y último día del festival, Illya Kuryaki and the Valderramas nos recordaron por qué son los dueños absolutos del groove en Latinoamérica. Lo de Dante y Emma es de otro planeta; trajeron una dosis de virtuosismo y un flow tan pesado que el asfalto del Autódromo parecía derretirse bajo la fricción de su funk. Ver a estos dos maestros dándonos una cátedra de cómo poner a bailar a la gente en Coolo nos recordó que el género bien hecho no conoce el paso del tiempo, solo se pone más potente y necesario con los años. Sonaron apretados, finos y con una autoridad técnica que te obliga a mover los hombros aunque las piernas ya no puedan más.

Inmediatamente después, el escenario Amazon Music se convirtió en una olla a presión de dimensiones bíblicas para recibir a Los Fabulosos Cadillacs. Recibir a los Cadillacs es, en esencia, presenciar el ADN puro del Vive Latino en su máxima expresión. Con un sonido impecable que cortaba el aire de la noche, soltaron puro hit (al estilo de Luis Arraez: puro contacto, efectividad y el bate siempre encendido). El Sr. Flavio dio un show aparte como el showman definitivo del ska, masacrando el bajo con una energía que desafía cualquier lógica biológica, mientras Vicentico comandaba la marea humana en Matador y Mal Bicho. Fue una cátedra de cómo se factura el ska más elegante, rabioso y poderoso del planeta; un recordatorio de que, mientras ellos sigan ahí, el corazón del festival seguirá latiendo fuerte.

The Smashing Pumpkins: Una catedral de distorsión y bilis
Para el cierre técnico, Tom Morello hizo hablar a su guitarra con el veneno de Killing in the Name, preparando el terreno para lo que sería una de las presentaciones más imponentes del festival: The Smashing Pumpkins. Billy Corgan, con su presencia de villano clásico, esa túnica negra que lo hace ver como un monje del caos y una estampa que te hiela la sangre, nos arrastró por una catedral de distorsión que no dejó espacio para la indiferencia.

No fue un show complaciente; fue una demostración de poder sonoro que arrancó con la potencia industrial de Heavy Metal Machine, dejando claro que la banda sigue manejando un volumen y una densidad que pocos pueden replicar. Pasó por el himno de Today, que se sintió como un respiro nostálgico necesario, y explotó con la rabia cruda de Bullet with Butterfly Wings, donde el Autódromo entero se convirtió en una sola voz gritando ese rat in a cage que nos define a muchos. Cerrar con el latido generacional de 1979 bajo la Luna de la CDMX fue la misa negra que necesitábamos; un momento de introspección colectiva donde la voz de Corgan, aún afilada y perfecta, demostró que su rock denso sigue siendo el refugio ideal para los misfits. Fue la culminación perfecta: un viaje de la bilis a la redención en menos de una hora.
El cierre: La realidad del reloj
Apenas terminó Corgan, la burbuja emocional se rompió con la cruda realidad logística: me fui y ya, porque el Metro estaba a minutos de dar su último aviso. No hubo tiempo para despedidas románticas ni para ver el cierre de Banda Machos a la una de la mañana; la prioridad era alcanzar el último tren en Ciudad Deportiva.
Así termina este ritual: una mezcla de introspección profunda, euforia colectiva y el sprint final por el asfalto para no quedarse varado. Nos vemos en el 2027… si es que para entonces nuestras rodillas ya perdonaron al Autódromo.
Nota: El Vive Latino es un monstruo de mil cabezas y, aunque lo intentamos, el don de la ubicuidad todavía no se nos da. Entre las caminatas kilométricas y los cruces de horarios, hubo bandas que no pudimos ver, pero aquí les dejamos el mapa completo de lo que sucedió en los escenarios principales para que no falte nadie en el registro.
¿Qué pasó en el día 2 del Vive Latino 2026?
Amazon Music: Triciclo Circus Band, Dread Mar I, Música Pa’ Mandar a Volar Vol. 2, Fobia, Los Fabulosos Cadillacs y Steve Aoki.
Amazon: Santa Sabina, Esteman & Daniela Spalla, Illya Kuryaki and the Valderramas, The Smashing Pumpkins y Banda Machos.
Telcel: Ladrones, Hermanos Gutiérrez, Allison y Rich Mafia.
Little Caesars: Reyna Tropical, Rigoberta Bandini, Conociendo Rusia, Liran’ Roll, Tom Morello y Avatar.
Intolerante: Beta, Dubioza Kolektiv, Hello Seahorse! y Meridian Brothers.










