La noche del viernes 23 de enero de 2026, Madrid amaneció gris, fría y pasada por agua. Pero nada de eso importó demasiado cuando, desde horas antes, los alrededores del Movistar Arena de Madrid —el antiguo WiZink Center / Palacio de los Deportes— comenzaron a llenarse de camisetas negras, chubasqueros improvisados y caras tiritando de emoción. La lluvia no frenó a nadie. Había una cita clara: Electric Callboy volvía a la capital española, esta vez con el TANZNEID WORLD TOUR, y su público estaba dispuesto a esperar lo que hiciera falta.
Con un cartel que combinaba riesgo, músculo y espectáculo —Wargasm, Bury Tomorrow y Electric Callboy— la noche prometía intensidad desde el minuto uno. Y cumplió.
Wargasm – descarga directa para abrir la noche
A las 19:00 en punto, Wargasm saltó al escenario con una puntualidad casi quirúrgica. El dúo británico de electronic rock con cruce de electro-punk, digital hardcore, nu metal y post-hardcore salió sin rodeos, con una energía alta y una actitud frontal que funcionó como un arranque sin anestesia para la sala. Milkie Way sostuvo el show desde el centro del escenario con una presencia magnética, mientras Sam Matlock alternaba guitarras, voces y gritos con una naturalidad salvaje.

Aunque se trata de un proyecto de base electrónica, el concierto se sintió grande, físico, casi violento por momentos. Durante 30 minutos exactos, el grupo logró algo que no siempre es fácil en una apertura: captar la atención de un público que aún se está acomodando. Hubo entrega, hubo volumen y hubo una vibra claramente punk que dejó la sala caliente desde temprano.
El público respondió bien, con curiosidad primero y con movimiento después. Wargasm cumplió su rol: abrir la noche sin pedir permiso.
Bury Tomorrow – músculo, himnos y una conexión real
A las 20:00, el turno fue para Bury Tomorrow, y el cambio de marcha fue inmediato. El sonido subió varios escalones y la respuesta del público también. La banda británica demostró por qué lleva años siendo un nombre respetado dentro del metalcore europeo: su concierto es sólido, directo y efectivo.

Desde los primeros compases, temas como Choke, DEATH (Ever Colder) y Cannibal encontraron eco en una parte importante del recinto, con coros claros y una energía compartida entre banda y público. El equilibrio entre voces ásperas, capas melódicas, buena comunicación con el público y poderosos riffs bien definidos funcionó especialmente bien en un recinto grande como el Movistar Arena.
Bury Tomorrow no actuó como un simple telonero. Se notó que muchos de los que estaban ahí habían ido también por ellos, y esa conexión se tradujo en aplausos sinceros y una respuesta constante. Un set robusto, sin fisuras, que dejó el escenario listo para el plato fuerte de la noche.

Electric Callboy – fiesta, precisión y un show sin freno
A las 21:00, con la sala ya completamente entregada, aparecieron los protagonistas. Electric Callboy salió a escena exactamente como se espera de ellos: eléctricos, exagerados y absolutamente conscientes del espectáculo que manejan.
El arranque con TANZNEID dejó claro que no habría descanso. Desde ahí, todo fue una sucesión de estímulos: pirotecnia, serpentinas, papelillo, fuego en tarima y un muro de sonido que combinó guitarras pesadas con electrónica frontal sin perder impacto.
La versión de Still Waiting, original de Sum 41, fue uno de los primeros grandes momentos de la noche, con un guiño especial al hecho de que su baterista actual, Frank Zummo, proviene justamente de esa banda. Un detalle que el público celebró.

Visualmente, el grupo jugó fuerte. Vestuarios deportivos, diademas en la cabeza, colores imposibles y una puesta en escena que no se toma en serio a sí misma, pero sí su ejecución. En uno de los momentos más comentados del show, el bajista bajó al público, se paró junto al camarógrafo y se lanzó un baile pegado, más cercano al reguetón trancado que al metalcore tradicional. El Movistar Arena explotó en risas y gritos.
La sucesión de Tekkno Train, Hypa Hypa, MC Thunder, Neon, Pump It y Hurrikan convirtió el recinto en una auténtica rumba metalera, un bloque diseñado con precisión quirúrgica para no perder ritmo ni un solo segundo. Todo parecía un comercial de ejercicios de los años 80 y 90: ropa deportiva clásica de aeróbics televisivos, colores chillones y una estética sacada directamente de aquellas rutinas que veíamos en la tele. Antes de que sonara Hypa Hypa, apareció el robot que forma parte de la narrativa visual del grupo en esta gira, empuñando en uno de sus brazos mecánicos un reproductor de sonido ochentero. Mientras iba cambiando canciones, el robot bailaba y levantaba pesas al compás de cada fragmento, rodeado de animaciones de televisores antiguos y las míticas franjas de color que soltaban algunos canales para balancear imagen o lo que fuera que hacían entonces. Todo quedaba recortado contra un atardecer animado que dominaba las pantallas. Un despliegue visual de primer nivel, tan bien ejecutado como efectivo, que confirma que Electric Callboy no deja nada al azar cuando se trata de espectáculo.

Producción, sonido y puesta en escena
La producción fue uno de los grandes aciertos de la noche. Las luces, el fuego y la sincronización entre música y pirotecnia —especialmente en Revery, donde los gritos del grupo se alinearon con explosiones visuales— dieron al show un carácter casi coreografiado. Preciso, pero nunca frío.
El bloque de Electric Bassboy arrancó con el personaje soltando unas pistas electrónicas que calentaron el ambiente antes de que entrara All the Small Things de Blink-182, dando paso luego a Bodies de Drowning Pool, en una secuencia que aportó ese caos controlado que define al grupo. Más adelante, el popurrí de Monsieur Moustache vs. Clitcat / Muffin Purper-Gurk / We Are the Mess / Crystals desembocó en un solo de batería de Frank Zummo, acompañado por una animación gigantesca del ya mencionado robot replicando cada uno de sus movimientos. A mitad del solo, dos integrantes más se sumaron con redoblantes, cerrando un momento percusivo tan simple como efectivo.
El momento clave de la noche
La pausa llegó cuando nadie la esperaba. En medio de una euforia sostenida, los integrantes aparecieron en mitad del público, armados con un piano y una guitarra, para interpretar Fuckboi y Everytime We Touch en formato acústico. El silencio fue inmediato. Luego, la emoción. Para acompañar el momento, el público encendió las linternas de sus móviles, creando una atmósfera íntima y casi irreal que terminó de redondear un pasaje perfecto, tan emotivo como inesperado.
El regreso a la tarima, con distorsión completa para cerrar Everytime We Touch como corresponde, fue uno de esos momentos que justifican una noche entera.
El tramo final —MC Thunder II (Dancing Like a Ninja), Elevator Operator, RATATATA, Spaceman y We Got the Moves— cerró el concierto con un público rendido, empapado y feliz.
En Elevator Operator, la descarga de fuego y pirotecnia —tanto lineales como cruzadas— fue directamente descomunal, una locura total que elevó la intensidad a niveles casi irreales, mientras la carga de electrónica ejecutada en vivo transformaba el recinto en una auténtica fiesta rave de máxima potencia.

En RATATATA, la banda apareció con sus ya clásicos cascos brillantes estilo disco ball, mientras las integrantes de BABYMETAL se proyectaban al fondo y en las pantallas laterales de la tarima, reforzando el carácter colaborativo y espectacular del momento. Ya en We Got the Moves, al fondo del escenario y entre las visuales, aparecieron enormes penes de vidrio con una pajita en forma de corazón saliendo de la punta, acompañados por fragmentos de la letra del tema: una imagen tan absurda como hilarante que desató carcajadas y complicidad colectiva. La pirotecnia volvió a hacerse presente en los últimos compases de la canción y, como broche final, la banda pidió al público que los acompañara a capela con el mismo tema, sellando una despedida tan festiva como desvergonzada.
Veredicto final del paso del TANZNEID WORLD TOUR por Madrid
Electric Callboy entiende el concierto como una experiencia total. Mezclan humor, música y espectáculo sin que nada se caiga, y consiguen que la energía no decaiga en ningún momento. El público fue mayoritariamente joven, aunque también hubo oyentes de largo recorrido, todos conviviendo sin problema.
Una noche fría y lluviosa en Madrid terminó con sonrisas, piernas doloridas y la sensación clara de haber vivido algo más que un concierto. Electric Callboy no solo tocó: hizo que la gente se fuera feliz. Y eso, en estos tiempos, no es poco.
Como siempre, gracias a Bring the Noise y Daniel Claudín por la acreditación de prensa.
Que la música no se detenga.




