La noche del sábado 20 de diciembre, Madrid amaneció con lluvia fina y planes grandes. En los pabellones de IFEMA, Starlite Madrid desplegaba su tercera edición invernal como quien prepara una casa para una visita importante: luces cálidas, un mercadillo navideño con pulso propio, gastronomía sin prisa y after partys prometidas hasta bien entrada la madrugada. Todo encajaba. Faltaba el motivo.
Ese llegó puntual. Con el recinto resplandeciente y un murmullo expectante que se notaba en el aire, aparecieron Emmanuel y Mijares. Dos nombres que no necesitan presentación y que, aun así, nunca habían cantado en España. Incomprensible hasta esta noche. Histórico desde ahora.
Antes del primer acorde
Entrar a Starlite Madrid fue atravesar un pequeño ritual: la tienda oficial —parada obligatoria—, el photocall con rostros conocidos, stands de fundaciones solidarias explicando causas y proyectos. Foodtrucks para los paladares mas exigentes y los restaurantes con propuestas desafiantes desde lo culinario. Un festival que no solo entretiene, también conversa.

Dentro, la producción técnica hizo su trabajo con eficacia: sonido nítido, pantallas limpias, una iluminación elegante que huía del exceso. El escenario estaba pensado para el diálogo entre dos voces y una amistad de años.
Two’r Amigos en carne viva
Desde el primer tema, la energía fue la de un reencuentro largamente esperado. No había prisa. Emmanuel y Mijares se miraban, se cedían espacio, se sonreían como quien sabe que está viviendo algo irrepetible. El proyecto Two’r Amigos, que suma más de 80 conciertos con llenos absolutos en el Auditorio Nacional de Ciudad de México a lo largo de 12 años, aterrizaba por fin en Madrid con toda su verdad.
Bella cayó pronto y lo hizo hondo. Un auditorio entero cantando sin necesidad de indicaciones, con lágrimas visibles y móviles en alto. Se los veía felices, sorprendidos por la respuesta, agradecidos. Qué bonito estar aquí por primera vez, soltó Emmanuel, sin subrayar demasiado. No hacía falta.
El concierto avanzó alternando momentos conjuntos y recorridos individuales. Mijares firmó uno de los picos emocionales con Tan solo, sostenida por un público que no falló ni una sílaba. Emmanuel, por su parte, hizo volar el pabellón con Rey azul, demostrando que el tiempo, cuando se canta así, juega a favor.

El centro exacto de la noche
El formato acústico marcó un cambio de clima. Guitarras, menos luz, más cercanía. No hace falta y Rompecabezas se interpretaron como si el recinto se hubiera encogido de repente. Silencio respetuoso, aplausos largos. De esos que no empujan, acompañan.
El guiño inesperado llegó sin ensayo previo: Madrid, Madrid, Madrid. Improvisada, confesaron. Imperfecta en el mejor sentido. El público respondió con una ovación cómplice que selló la conexión definitiva.
Invitados, memoria y vigencia
Entre el público se dejaron ver Antonio Carmona, el embajador de México en España, Quirino Ordaz, el seleccionador mexicano de balompié Javier Aguirre, y Camila, acompañando a Mijares en una noche personalísima. No subieron al escenario, y no hizo falta.

La relevancia de ambos pesa, pero no aplasta. Mijares, Premio a la Excelencia Musical en los Latin Grammy 2023 en Sevilla, entregado simbólicamente por Emmanuel. Emmanuel, distinguido en 2021 con el Lifetime Achievement. Trayectorias que siguen vivas porque no se apoyan solo en el recuerdo.
Bella señora volvió a sacudir el pabellón, confirmando que hay canciones que no envejecen, se afinan con los años. El público, intergeneracional, respondió como uno solo.
El cierre
El concierto se despidió con Toda la Vida. Todo el mundo en pie. Aplausos largos, emoción sin artificio, la sensación clara de haber asistido a una primera vez que ya es referencia. Emmanuel & Mijares se fueron como llegaron: juntos, serenos, conscientes de lo que acababan de ocurrir.
Starlite Madrid seguirá hasta el 23 de diciembre. Esta noche, al menos, ya tiene un capítulo reservado en la memoria musical de la ciudad.




