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Euphoria: La amas o la odias

Por: Edwin Marcano

Esta es de esas series que no tiene puntos intermedios: o la amas o la vas a odiar.  En mi caso, amé cada minuto de esta serie, un retrato a la actual generación con crudeza, pero matizado con unos brochazos de magia.
«¿Y cómo es eso?», dirán algunos mientras leen estas líneas. Primero, Euphoria cuenta con un casting casi perfecto. Todos los actores que integran esta serie millennial son unos duros que harán posible que la alegría o el dolor traspasen la pantalla. Podremos ver a una Zendaya que hizo suyo el papel de Rue. Te hace pensar que la actriz es eso que muestra mientras actúa. Y ni decir cómo Hunter Schafer hace lo propio con su papel, sin miedos, censuras ni tapujos. Son sencillamente un dúo actoral maravilloso. No quiero decir con esto que las demás actuaciones quedan opacadas. Para nada. Cada quien brilla de una manera única.
Ahora me voy por el apartado de la dirección y el guión. Difícilmente se encuentran hilos sueltos en la historia; todo está muy bien hilvanado. Cada minuto de la serie te muestra lo necesario para concretar lo que Sam Levinson quiere contar. Y, como si esto no fuera suficiente, viene mi parte favorita de Euphoria: la fotografía y los encuadres. ¡La madre que los parió! Qué movimientos de cámara y qué iluminación tan perfectamente ejecutados tiene esta serie. Son la gran protagonista. Transmiten tensión, amor, odio, frustración o hasta terror de una manera única. No es que sean técnicas nunca antes vistas; lo que hicieron fue llevar a otro nivel lo que otros habían hecho de manera sutil.
Euphoria no es para todos. Hay escenas que incomodarán a algunos; y otros no entenderán los viajes de Rue. Pero es innegable que es una perfecta radiografía de la juventud norteamericana actual.

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