En el marco de la duodécima edición del ya tradicional festival Inverfest, en su sede madrileña, el evento invernal se preparaba para recibir a León Benavente con motivo del concierto más importante en la historia del combo, ante un Movistar Arena resplandeciente. La ecuación era clara: una banda en un estado de forma excepcional, un público entregadísimo y una puesta en escena sublime. El resultado final fue un banquete pantagruélico de música.
Una familia alrededor del escenario
El show estaba anunciado como el concierto más importante de la trayectoria del grupo. Y verdaderamente lo fue. Pero no solo para su carrera, sino también para las propias instalaciones del Palacio de Deportes de Madrid. Supieron llevar su directo a otra dimensión, a otro nivel, elevando y honrando la música en vivo. A lo largo de toda la velada contaron con la participación de numerosos artistas invitados, colaboraciones de verdadero calado que evidenciaron la amistad y el respeto profesional entre ellos. El repertorio recorrió toda su discografía, con canciones de discos como Vamos a volvernos locos, Nueva sinfonía sobre el caos, 2 y el álbum homónimo de la banda.

Ante un escenario imponente, los León Benavente ingresaron para abrir la noche con Úsame/tírame, y desde el primer acorde dejaron claro cuál sería el hilo conductor del concierto: una familia de artistas reunida en torno a una mesa. La música como plato principal, las emociones como guarnición perfecta y el éxtasis como postre ideal. Las maderas del escenario parecían fundirse con las extremidades del quinteto para llevar a cabo una celebración única. Cuales titanes de la canción, fueron construyendo el espacio perfecto para que el espectador fuese parte y obra de la función.
A la moda, convertida ya en un himno colectivo. Cuando llegó el verso Que te jodan, yo no soy el titánic, no me voy a hundir, el recinto entero cantó a pleno pulmón. Ahí comenzó el desfile de invitados y también la confirmación de que todo estaba medido al milímetro.
La producción acompañó sin invadir con focos adicionales distribuidos por todo el escenario, hileras de luminarias colgando de los laterales del techo, una bola de discoteca suspendida en el centro del pabellón y tres pantallas gigantes combinando planos en directo con visuales sobrias y bien integrados.

Invitados que suman
Las primeras en aparecer fueron Carlota y Ana, de Hinds, aportando frescura y complicidad. El sonido era impecable: cada voz entraba en su sitio, cada guitarra tenía espacio. Era un concierto de colaboraciones perfectamente ensamblada y eso se evidenció. Cuales titanes de la canción, los Leones van construyendo un directo histórico.

El recorrido por la discografía fue amplio y bien dosificado: La ribera, No hay miedo, Amo y en Como la piedra que flota fue uno de los primeros momentos de piel de gallina, con Annie B Sweet y Rufus T. Firefly, representados por Julia Martín-Maestro y Víctor Cabezuelo, sumándose con elegancia en batería y voz respectivamente. Después llegó Ánimo, valiente, con Miren Iza de Tulsa, y más tarde La canción del daño, donde Nacho Vegas puso su voz mientras la bola de discoteca se encendía, envolviendo el Arena en una atmósfera hipnótica.
Un pequeño provocador(stage pequeño) coronaba el altar desde donde el combo oficiaba su ceremonia. Los responsables de guiar la celebración y evangelizar a sus apósteles-fans eran los profetas Abraham Boba, Eduardo Baos, Luis Rodríguez, César Verdú y Martin Perarnau. Los cinco rugían elegantemente y el público se dejaba acariciar el alma a través de las canciones.
El concierto crece y no se detiene
El banquete siguió con Habitación 615, acompañada por un vendaval de luces blancas casi cegadoras. Estado provisional contó con la voz de Eva Amaral, sobria y precisa. En Baile existencialista, Nuno García de Grande Amore se lanzó al público para cerrar su intervención entre aplausos y sonrisas.

La fiesta colectiva se escuchaba en toda la galaxia. El frontman recorría el escenario de punta a punta. Presente decía El Columpio Asesino a través de Cristina Martínez en Su verso. Luego llegaron más nombres: Ángel Stanich en Qué cruel, Triángulo de Amor Bizarro al completo—la banda favorita del país para Abraham, según confesó— interpretando Fukushima, e Iván Ferreiro entregando el alma en La aventura. El público no aflojaba. Cantaba, aplaudía y festejaba cada acorde.

Se percibía que cada uno de los detalles del concierto estaba cuidado. Ya sean las voces, las guitarras o la batería. Cada invitado sonó como si llevara años en la banda. Eso no es casualidad: es respeto, ensayo y amor por el directo. Las emociones seguían devorando bocado a bocado el corazón de los fans quienes no dejaban de animar en el festín. El perfume era de velada histórica.
Las emociones continúan con grandes invitados y memoria
El pantagruélico banquete prosiguió con adrenalina. Durante toda la actuación el respetable llegó al olimpo del placer sonoro. El show era una demostración de verdadera devoción a la música y fue la mejor manera de comenzar un nuevo año con energía revitalizante.

Previamente, en Mítico, la electrónica más pulcra y elegante se apoderó del auditorio. El cantante mostró un estado de forma formidable, alternando teclados, percusión adicional y una voz que alcanzaba otra dimensión. El grupo al completo evidenciaba su gran momento, algo palpable durante toda la noche. Abraham Boba se movía con naturalidad y la banda respiraba sincronía.

La fiesta colectiva celebraba con California y Tipo D, esta última con Abraham recorriendo cada esquina del escenario. Los aplausos parecían escucharse hasta León, hasta Benavente y hasta el más allá.
El carismático vocalista, tomó la palabra para agradecer a todo el equipo técnico y humano que hacían posible el gran concierto. Sin alargarlo demasiado, dejó uno de los momentos más intensos en una noche tan especial. Voy a tratar de ser breve y emotivo. Esta noche tenía que estar Jorge Martínez, de Ilegales, así que para honrar su memoria nada mejor que una versión punky de Europa ha muerto. El recinto casi se vino abajo ante el crudo y sentido homenaje, el cual hizo temblar el Arena.
Para cerrar la lista de invitados, Cristina Martínez de El Columpio Asesino y Carlos Elías (Alcalá Norte) aportaron voz y guitarra respectivamente en Ser brigada, con una interpretación apoteósica culminada con distorsiones finales de guitarra poderosísimas y que rozaron lo salvaje.

Un final de verdadera epopeya
Los ultimo cañonazos son titánicos y producen un gran desenlace: En el festín, Gloria y Ayer salí. En esta última, Abraham Boba bajó del escenario, se perdió entre el público, chocó palmas, miró a los ojos y lanzó un ¿estáis ahí? que no necesitaba respuesta. Todos los invitados volvieron a escena cuando el concierto terminó entre aplausos interminables, abrazos y lágrimas de emoción.

Antes de concluir quiero agradecer a Judith Salcedo por su colaboración incansable y trabajo, a toda la agencia La Trinchera por su profesionalidad y al festival Inverfest por seguir apostando firme con propuestas artísticas de calidad.

Concluía el festín de León Benavente en la capital española ante una tormenta voraz de vítores y la pregunta es evidente ¿Son la mejor banda en vivo de este país?.
No es que esté escrito el concierto del grupo en las páginas doradas de la música de Madrid. Es que escribieron un nuevo libro. El evangelio según León Benavente.




