El Teatro Eslava, el pasado 10 de mayo, recibió al rapero venezolano Lil Supa (Marlon Morales) para presentar su obra más reciente: ANIMAL. Un setlist más ecléctico, concebido claramente para el en vivo, cuyas propiedades sonoras supieron expandirse a lo largo del show hasta retumbar en el propio corazón de Madrid.
Apenas se abrieron las puertas, los asistentes fueron recibidos por un banco de niebla teñido de neón azul, latas de spray y la consola de DJ Sweet en la tarima. Cuando apareció Supa, había una multitud de manos en el aire. No sería exagerado decir que la propia arquitectura del lugar recordará aquella noche como una de las más encendidas de su historia. Entre sudor, brincos y cerveza batiente, el público devoró cada uno de los temas con esa energía que une artista y colectivo bajo un mismo código: el hambre insaciable.

Un matiz que alcanzó su pico en cortes como Lince, Plata, Requiem, Madzilla (zkit) y, por supuesto, Still Hungry: clásico de 2019 que, a golpes secos de batería y scratches en vivo de DJ Sweet, se sintió como una exquisitez confeccionada para los amantes del beatmaking y del hip-hop que va más allá del rapero. Entre oscilaciones sonoras, neones, flashes y gritos de fanáticos —ya a voz quebrada— se sostuvo toda la atmósfera de la segunda mitad del show, hasta que cortes como Crudo elevaron el escándalo y la euforia del recinto al extremo.
Puede decirse que Marlon se sirvió un auténtico banquete con su propia discografía, trasladándose desde los ritmos tensos de Asalto y Rodman, claves indiscutidas del disco Yeyo, hasta panoramas más frescos (ironía aparte) del multititular Lil Supa. Allí se sintió esa chispa de auténtico disfrute que compone aquello intangible que distingue a la cultura del circo. Toda una constelación de sonidos calibrada para enaltecer la figura que representa Lil Supa para el rap.
Incluso se tomó un momento para comunicar, aunque muy entre líneas, su postura sobre las reclamaciones del under venezolano ante raperos que han aceptado participar en conciertos en Venezuela, supuestamente pagados por testaferros. El trasfondo, en este particular, desde una postura de incuestionabilidad y no desde la apertura, resultó más defensivo que conciliador.
Si el primer bloque del concierto fue un descargue corporal, el segundo fue un despliegue celebratorio e impositivo. Marlon trajo auténticos íconos del rap global: nombres como Elio Toffana, N-Wise Allah, Nasty Killah y Dano, entre otros. En un catálogo tan polifacético y multiestilístico como el de Lil Supa, no podía faltar esa vena cosmopolita que el rapero de Maracay ha demostrado desde sus inicios. Y no faltó. Por ello, en una auténtica noche de rap de etiqueta, quedó demostrado que bajo el hip-hop todos somos una sola cara.
“Una sola cultura, una sola nación”, como dijo el propio Toffana cuando interpretaron Azotea (2020).

Otra de las claves del evento, por obra de DJ Sweet, fue la dosificación magistral del setlist. Supo aprovechar la sinergia de Supa con el público como un mosaico sonoro que aumentaba las revoluciones hasta estremecer el suelo y, al mismo tiempo, permitía contrapuntos más reflexivos.

El momento más espiritual y de mayor conexión fue, sin duda, la propia salida de Lil Supa de la tarima. Al apagarse las luces y darse por culminado el show, el público, a una sola voz, exigía lo justo: escuchar ese tema. Escuchar 光 Luz.
La figura de Marlon se abrió camino entre flashes, luces de encendedores y cigarrillos hasta el centro de la tarima donde, más que interpretar una vez más su tema insignia, se lo entregó al público, que tantas veces lo ha convertido en himno, en parte de su propia alma y también de su propia luz.
Autor

Soy Andrés Lissi, escritor y fotógrafo venezolano radicado en Madrid, con una pasión constante por la música y el periodismo cultural. Mi trabajo se caracteriza por un oído crítico y sensible, un gusto ecléctico y una pluma honesta y cercana.
Como periodista musical, he colaborado en medios especializados, reseñando discos, cubriendo conciertos y entrevistando a artistas emergentes y consolidados. Actualmente soy corresponsal y fotógrafo de Arepa Volátil, donde aporto mi visión para documentar y narrar la escena musical con cercanía y autenticidad.
Mi enfoque combina sensibilidad artística y rigor periodístico, generando piezas que inspiran, cuestionan y enriquecen la experiencia musical en su escucha o lectura.
Soy un creador que une literatura, fotografía y crítica musical en un mismo espacio narrativo, consolidándome como una voz joven y prometedora dentro del periodismo cultural contemporáneo.













