Una tarde para volver a los noventa con eurodance, verbena y electrónica
Desde la apertura de puertas por la tarde, con miles de seguidores luciendo camisas de mangas cortas, camisetas y disfraces especialmente elegidos para la ocasión, el ambiente fue creciendo entre colores fluorescentes, vaqueros imposibles, gafas de colores y una banda sonora que parecía sacada directamente de cualquier verano de los noventa. El festival volvió a apostar por su fórmula de éxito: dividir la experiencia en cuatro universos musicales —Dance, Pop, Playa y Techno—, permitiendo que cada asistente diseñara su propio viaje emocional.
Estos cuatro stages, especialmente diseñados para hacer del directo toda una experiencia, estaban capitaneados y amenizados magistralmente por Fernandisco, Jordi Cruz, Mónica Ordóñez y Josep Mirét. El escenario Playa, decorado con cintas de casetes antiguas con frases emblemáticas como “La nostalgia es infinita”, “Verbenas de pueblo” y “Megamix del verano de mi vida”. El escenario We Love Techno, con un ojo gigante presidiendo la escena, y, por su parte, el escenario Pop, con una estética futurista ochentera e ideal para los himnos que albergaría de toda la jornada.
Una máquina del tiempo llamada IFEMA
El escenario Repsol: tres décadas después, los himnos siguen intactos
Si hubo un lugar donde la euforia colectiva encontró su hábitat natural, ese fue el escenario Repsol. La sucesión de actuaciones convirtió el recinto en una pista de baile gigante. Jenny Berggren, voz histórica de Ace of Base, fue una de esas artistas que desató la emoción de los asistentes. Después llegaron nombres que siguen funcionando como una activación inmediata de la memoria colectiva.

Vengaboys desplegó una actuación tan colorida como efectiva. Los primeros compases bastaron para que miles de personas comenzaran a saltar al unísono. Cada estribillo parecía activar recuerdos compartidos entre desconocidos. La intensidad también contó con Dr. Alban, cuya presencia sobre el escenario mantuvo la energía en constante ascenso. Corona convirtió su actuación en una celebración multitudinaria mientras los asistentes disfrutaban a pleno.
Cuando apareció Whigfield, el público respondió como si el tiempo se hubiese detenido. Las pantallas, los juegos de luces y la producción audiovisual acompañaron una actuación donde cada éxito encontró una respuesta inmediata entre los asistentes. Entre concierto y concierto, las sesiones de Jumper Brothers mantuvieron el pulso de la pista sin permitir que la energía descendiera ni un instante. Las canciones que dominaron las pistas de baile de los noventa conservan intacto su poder para conectar generaciones.

Pop, recuerdos y latidos colectivos
El escenario Pop ofreció la cara más emocional del festival. La jornada arrancó con el WARM UP by DJ Teto, encargado de abrir el juego, seguido por actuaciones que fueron construyendo progresivamente una atmósfera de complicidad generacional. Modestia Aparte volvió a demostrar la vigencia de un repertorio que forma parte de varias generaciones de oyentes. Más tarde, Carlos Segarra, al frente de Los Rebeldes, aportó el toque más guitarrero de la programación.

Uno de los momentos más celebrados llegó con Amistades Peligrosas, capaces de provocar una de esas escenas que definen la esencia del festival: miles de personas cantando exactamente las mismas canciones al mismo tiempo. Piezas como Me Haces Tanto Bien, Me Quedaré Solo y Estoy Por Ti fueron las responsables de que miles de personas cantando al unísono ejemplificarán cómo estos himnos forman parte de la memoria colectiva del país. Gran momento se vivió cuando se pusieron a prueba los cimientos de los pabellones ante el gran karaoke que se vivía.
La temperatura emocional siguió creciendo con Alejo Stivel, referente fundamental del rock en español. El argentino apareció con la soltura de quien conoce perfectamente el terreno que pisa y fue encadenando canciones que despertaron recuerdos en cada rincón del recinto. A continuación llegó una de las actuaciones más especiales de la jornada. Marilia, de Ella Baila Sola, aportó sensibilidad y delicadeza a un escenario que alternó nostalgia y celebración durante toda la tarde.
Celtas Cortos y el gran karaoke del festival
Cuando Celtas Cortos tomó el escenario, el ambiente ya era de auténtica comunión colectiva. Canciones como 20 de Abril, Retales de una Vida y Cuéntame un Cuento transformaron el pabellón en un gigantesco coro popular. El público asumió buena parte de las voces mientras la banda se limitaba a acompañar una escena que hablaba por sí sola. Pocos grupos pueden ser leyendas en vida como lo son los originarios de Valladolid.
Su directo fue uno de los grandes momentos de la noche. Más que un concierto, aquello parecía una reunión multitudinaria de viejos amigos celebrando una banda sonora compartida y emblemática.
Inner Circle conquista Madrid
Dentro de la programación Pop hubo una actuación especialmente destacada. Desde Jamaica, Inner Circle firmó uno de los directos más sólidos de toda la jornada. El grupo desplegó un espectáculo dinámico, con un frontman constantemente conectado con el público, marcando el ritmo con gestos amplios y consiguiendo que miles de brazos se movieran al mismo tiempo.
La respuesta del público fue inmediata. Cada canción encontró una multitud entregada, coreando estribillos y siguiendo cada indicación desde el escenario. El sonido resultó especialmente brillante durante toda la actuación, permitiendo apreciar la riqueza instrumental de una banda que demostró por qué sigue manteniendo una reputación impecable en directo.
Playa: la gran verbena de los recuerdos
El escenario Playa fue, probablemente, el espacio donde más se difuminaron las fronteras entre festival y fiesta popular. La sucesión de artistas convirtió la zona en una verbena permanente. King África desplegó su habitual capacidad para convertir cualquier actuación en una celebración multitudinaria. A su alrededor aparecían grupos de amigos bailando coreografías improvisadas mientras otros asistentes aprovechaban para lucir algunos de los disfraces más llamativos del día.

Azúcar Moreno, Machito Ponce, El Símbolo, Proyecto Uno y Paradisio fueron encadenando ritmos latinos y éxitos estivales que mantuvieron el ambiente festivo durante horas. Aquí nadie parecía caminar con prisa. El escenario invitaba a quedarse, bailar y cantar mientras el resto del festival seguía desarrollándose a pocos metros.

We Love Techno: cuando los pioneros siguen marcando el camino
La propuesta más especializada llegó desde el escenario We Love Techno, donde la cultura club de los noventa encontró una representación impecable. Las sesiones de Rosy Specka fueron construyendo puentes entre actuaciones, manteniendo una pista permanentemente activa.
Cristian Varela volvió a demostrar por qué continúa siendo una referencia imprescindible dentro de la electrónica española. La intensidad aumentó con Der Dritte Raum y alcanzó uno de sus puntos álgidos con Octave One presents The Collective, una actuación que destacó tanto por su potencia sonora como por su impecable ejecución técnica.
La multitud respondió con una entrega absoluta durante la actuación de N3URONA4L by DJ Pepo, convertida prácticamente en una rave dentro del festival. Sin embargo, uno de los momentos más celebrados por los seguidores de la electrónica llegó con Interfront. Los pioneros valencianos ofrecieron una sesión cargada de personalidad, reivindicando un sonido que ayudaron a construir y que sigue despertando admiración décadas después. Todo un emblema de las consolas y precursores de la electrónica nacional.
Mucho más que conciertos
Entre escenario y escenario, el festival desplegó toda una experiencia paralela. Los asistentes se reencontraban con amigos, compartían anécdotas, comparaban disfraces y hacían paradas estratégicas en el cuidado espacio de merchandising oficial. Las zonas gastronómicas ofrecían un respiro entre actuaciones, mientras que los futbolines gigantes, los coches de choque y los juegos inspirados en las ferias populares completaban una ambientación especialmente trabajada.
Durante toda la jornada se repitieron escenas similares: abrazos, brindis, fotografías improvisadas y conversaciones que comenzaban hablando de recuerdos y terminaban celebrando el presente.
Un último latido compartido
A medida que avanzaba la noche, los cuatro escenarios fueron confluyendo en una misma sensación colectiva. La música seguía sonando, las luces continuaban dibujando paisajes sobre los pabellones y el público mantenía intacta la energía de las primeras horas. Cuando el festival llegó a su final, con la madrugada ya presente, el recinto parecía respirar al mismo ritmo. Miles de personas abandonaban IFEMA Madrid con esa mezcla tan particular de cansancio y satisfacción que solo dejan las jornadas especiales.
Antes de concluir, quiero agradecer especialmente a Josi Cortés y a todo el staff de The Music Republic por su profesionalidad, colaboración y ayuda en todo momento para que podamos desarrollar nuestra tarea. Gracias de corazón también a mi compañero fotógrafo Henrique Pratas por su colosal trabajo.
Love The 90’s Madrid 2026 volvió a demostrar que la nostalgia funciona mejor cuando se celebra en presente. Durante horas, varias generaciones compartieron canciones, recuerdos y experiencias en un evento que convirtió un recinto ferial en una auténtica máquina del tiempo.






























