InicioReseñasMarky Ramone mantiene vivo el espíritu de Ramones en Madrid

Marky Ramone mantiene vivo el espíritu de Ramones en Madrid

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El miércoles 12 de agosto de 2026 tenía algo de noche escrita para la eternidad. Mientras buena parte de España levantaba la mirada hacia un cielo mordido por la sombra de la Luna, en Madrid otro fenómeno estaba a punto de suceder a ras de suelo: una sala preparada para recibir a una de las últimas conexiones directas con la edad fundacional del punk. El héroe de las baquetas, míster Marky Ramone.

El firmamento regalaba un espectáculo astronómico de los que erizan la piel con un eclipse que sumergió la noche en una penumbra mágica y casi mística. Pero dentro de la Sala Mon, la luz no venía del cosmos, sino del escenario. Había un clima especial, donde el aire se siente denso y emotivo antes de que suene la primera nota. El público lo sabía. Estaban a punto de presenciar la misa profana del último gran bastión del punk de Queens, el legendario Marky Ramone.

Cuando la leyenda se sienta detrás de la batería

Los técnicos hicieron los últimos ajustes sobre el escenario. El murmullo fue creciendo. El público sabía lo que estaba a punto de ocurrir y la espera empezó a convertirse en una tensión eléctrica. Entonces llegó la intro y, con ella, Marky Ramone’s Blitzkrieg. El rugido fue inmediato y el baterista desafiaría al tiempo en Madrid en una noche de punk bajo la sombra del eclipse. Arriba, el día se apagaba. Abajo, el punk encendía sus motores y allí estaba Marky Ramone, el hombre que llegó al mundo como Marc Steven Bell en Nueva York hace casi 75 años, dispuesto a demostrar que algunas canciones no envejecen, adquieren memoria y eternidad.

Marky Ramone Madrid 2026 show
Foto: Victor Daniel HM @vdhmphoto

El histórico baterista caminó lentamente y se ubicó detrás de su instrumento como quien entra en un territorio que conoce desde hace décadas. Las baquetas comenzaron a trabajar y Do You Wanna Dance?, de Bobby Freeman, abrió la maquinaria. La elección tenía algo de manifiesto: antes incluso de entrar de lleno en Ramones, estaba la semilla rock and roll de la que aquel universo también se alimentó. Después llegó Havana Affair y la sala entendió que aquello iba a ser una carrera sin frenos.

Teenage Lobotomy, Commando y Beat on the Brat cayeron una detrás de otra. El público reaccionaba con cada reconocimiento, con cada aplauso, con cada pogo, con emoción, y las canciones apenas dejaban espacio para respirar. I Don’t Care y Sheena Is a Punk Rocker elevaron todavía más la temperatura, mientras Now I Wanna Sniff Some Glue y We’re a Happy Family llevaban el repertorio hacia ese universo sonoro donde la melodía, la velocidad y la actitud de Ramones forman un mismo ente. La sala era ya un solo cuerpo latiendo.

Marky Ramone Madrid 2026 show
Foto: Victor Daniel HM @vdhmphoto

No había discursos entre canciones. La comunicación estaba en el ritmo, en las miradas, en la respuesta inmediata de la platea. El cronómetro era la batería. Las pausas resultaban casi innecesarias porque el siguiente golpe estaba siempre a punto de llegar y eso se rubricaba con Let’s Dance, de Chris Montez, la cual abrió una pequeña ventana hacia otro tiempo antes de que Surfin’ Bird, de The Trashmen, volviera a poner patas arriba el escenario.

Y entonces Judy Is a Punk, I Wanna Be Your Boyfriend, I Believe in Miracles, The KKK Took My Baby Away y I Wanna Be Sedated fueron píldoras de pólvora que explotaban desatando una colección de recuerdos. El karaoke traspasaba las paredes del recinto y los rostros reflejaban una emoción indescriptible.

Una batería como extensión del cuerpo

A esas alturas, Marky Ramone había dejado de parecer un baterista sentado detrás de un set de tambores y platillos. Las baquetas eran una extensión de su cuerpo. Había gente cantando cada palabra. Otros simplemente dejaban que la música les pasara por encima. Cada pieza encontraba reacción, aunque todas terminaban confluyendo en la misma escena de brazos arriba, cabezas galopando al riff y ovaciones como parpadeos. Impresionante es la contundencia, la pulcritud, la garra trepidante y el compás del mítico artista. Es para aplaudir hasta sangrar cómo mantiene una destreza descomunal para un estilo de música con tanta rapidez. No pisa el acelerador, él es la velocidad de la luz.

Marky Ramone Madrid 2026 show
Foto: Victor Daniel HM @vdhmphoto

California Sun, de Joe Jones, dio paso a Rockaway Beach, y el público respondió como si acabara de reencontrarse con un viejo amigo. Gimme Gimme Shock Treatment mantuvo la presión mientras Have You Ever Seen the Rain?, de Creedence Clearwater Revival, introducía uno de esos contrastes que permitían comprobar hasta qué punto el repertorio podía viajar sin perder su identidad. La vuelta a Ramones llegó con Oh Oh I Love Her So y I Just Want to Have Something to Do. Después apareció Chinese Rocks, asociada a The Heartbreakers, antes de que Pinhead prosiguiera incendiando la sala.

Marky Ramone Madrid 2026 show
Foto: Victor Daniel HM @vdhmphoto

Gabba gabba hey flotaba en el ambiente como una contraseña multitudinaria. Cretin Hop llevó la velocidad todavía más arriba y desembocó en Rock ‘n’ Roll High School. El público parecía haber renunciado definitivamente a esta vida. Ya habían pasado a la eternidad por obra y gracia del punk rock más visceral. Entonces llegó R.A.M.O.N.E.S. de Motörhead. Fue uno de esos momentos en los que la historia del rock parece doblarse sobre sí misma. Ramones homenajeados desde dentro de su propio legado, y Marky Ramone devolviendo el tributo desde el escenario. La canción cerró el tramo principal con la contundencia de quien todavía tiene gasolina para seguir. Y la tenía, y de sobra.

Los bises: la última descarga de punk

Hubo un brevísimo respiro. Marky Ramone se apartó para refrescarse y el público aprovechó para tomar aire. El regreso confirmó que todavía quedaba pólvora. You’re Gonna Kill That Girl, Chain Saw, Glad to See You Go y Listen to My Heart construyeron unos bises que funcionaron como una última vuelta por la discografía de Ramones. Entonces llegó una de las postales del directo. What a Wonderful World, de Louis Armstrong, la cual introdujo más carbón en la máquina. Después de una noche construida a toda velocidad, las almas se permitían mirar alrededor y comprender dónde estábamos: una sala latiendo, un público exhausto y feliz, y delante un músico que ha dedicado buena parte de su vida a mantener vivo un repertorio que es historia viva de la música.

Y todavía faltaba una. Un último cañonazo con Blitzkrieg Bop. El título que resume una revolución entera. La última descarga fue recibida como tenía que ser y con la sala completamente entregada. La batería volvió a marcar el pulso y el público convirtió el final en una celebración épica y multitudinaria. Tras el último golpe, la respuesta fue una tormenta de aplausos. Marky Ramone levantó ligeramente los brazos en señal de agradecimiento. Fue un gesto sencillo y precisamente por eso resultó tan poderoso.

The Bannanos: gasolina para encender la noche

Antes de que apareciera la figura que todos habían ido a buscar, The Bannanos tomaron el escenario bajo el lema En el rock creemos. La banda madrileña salió a jugarse el concierto desde el primer acorde. Mikelone, Joe B y Leo Ramone dispararon una sucesión de canciones pegadizas, guitarras afiladas y ritmos acelerados que encontraron rápidamente respuesta entre un público que empezaba a ocupar cada centímetro de la sala.

Marky Ramone Madrid 2026 show
Foto: Victor Daniel HM @vdhmphoto

Tan salvaje, Jack el destripador, Jenni ya no volverá y Mírame a los ojos fueron colocando las piezas en su sitio. Había ironía, velocidad y una energía tremendamente física. Las canciones avanzaban como pequeños proyectiles de tres minutos y dejaban tras de sí cabezas moviéndose, sonrisas y esa sensación tan reconocible de estar asistiendo a una banda que disfruta realmente de lo que está haciendo. The Bannanos entendieron su papel: abrir la puerta y dejar la sala completamente encendida para quien venía después. Cuando terminaron, el aplauso fue generoso. El terreno estaba preparado.

Marky Ramone Madrid 2026 show
Foto: Victor Daniel HM @vdhmphoto

El faro de Ramones que sigue encendido

Hubo algo especialmente simbólico en la noche del miércoles. Mientras el cielo había vivido su propio espectáculo y la sombra de la Luna había atravesado España besando el Sol, en la Sala Mon un hombre sostuvo otra clase de luz. Marky Ramone fue el faro de aceite de un punk que se niega a apagarse, que resiste como un estandarte de la velocidad y como todo un emblema del rock.

Un histórico batería conectado con el público en todo momento y allí estaban las canciones que acompañaron adolescencias, noches de fiesta, primeros conciertos, descubrimientos musicales y miles de kilómetros de carretera. También estaban quienes quizás escucharon Ramones por primera vez mucho después de que la banda dejara de existir. La gira española de Marky Ramone había aterrizado en Madrid el 12 de agosto, dentro de una nueva visita dedicada a celebrar el legado de Ramones. Y después de lo vivido en la capital, queda una sensación difícil de esquivar: ojalá esta haya sido la penúltima visita de Marky Ramone. Porque todavía queremos y necesitamos volver a escuchar esas baquetas. Todavía queremos vivir esas canciones.

Necesitamos que, durante un rato, un hombre, un baterista, un mito, un héroe y un prócer de los tambores vuelva a sentarse frente a nosotros y marque, con cuatro golpes, el comienzo de otra noche imposible de olvidar. Del eclipse a Blitzkrieg Bop, Marky Ramone incendió eternamente la Sala Mon.

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Autor

  • Marky Ramone Madrid 2026 show

    Redactor, fotógrafo y entrevistador de Arepa Volátil. El riff como capa, la poesía como espada y el rock and roll como sangre bendita. La música, el único escudo.

    Escritor de pluma honesta, siempre atento a las propuestas emergentes, a los artistas que rompen moldes y con devoción suprema a los dioses de la música.

    Rockstar a mi manera.
    Los shows en directo, la sal de la vida.

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