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METALLICA – WORLDWIRED TOUR 2022: Episodio Santiago de Chile

Reseña por: Carmelo T. Aguilar @elcar_melo / Fotos por: Ramón eMe Gómez @el.eme de https://www.agendamusical.cl/

La banda de San Francisco NO DEFRAUDA. Un majestuoso show de nivel y de calidad que sencillamente es típico de ellos. Aman a sus aficionados y les demuestran ese amor con sus magníficos y potentes setlists, sonido IMPECABLE, shows pirotécnicos, y esa camaradería con los asistentes en cuanto a coros y a capella que cada tema requiere.
Más de 60.000 personas coreando Ecstasy Of Gold dieron a entender que por fin la espera había terminado. Escuchar esas voces cantando el opening de verdad fue algo ÚNICO, para luego deslumbrarnos con su show visual y, en conjunto, dar el puntapié al poderoso riff de Whiplash. Algunos sorprendidos, ya que no esperaban esa canción para iniciar el torbellino de emociones. Los gritos fueron el significado de que la sorpresa fue HERMOSA.
En medio de aplausos, cuando la gente intentaba recuperarse del magnífico inicio, empezaron las notas por siempre recordadas de Ride The Lightning y la locura no se hizo esperar. En algún momento llegué a pensar que tenía a Metallica a mi lado y no, eran cientos y cientos de personas cantando con James.
El desarrollo se complementó con Memory Remains, Seek & Destroy, Through The Never, One (esperada), Sad But True, Moth Into Flame, Unforgiven, For Whom The Bell Tolls, Creeping Death, No Leaf Clover, Master Of Puppets, Spit Out The Bone, Nothing Else Matters. Durante esta última canción, fue sublime ver a muchas parejas abrazadas y haciendo un baile de disfrute como expresando que realmente NADA MÁS IMPORTA. Para cerrar, Enter Sandman, con la que James interactuó muy, muy bien con el público; y nosotros no lo defraudamos.
Cada tema iba acompañado de su respectiva cinemática. Definitivamente Metallica, aparte de ser una banda, es una EMPRESA. Se rodea de un personal de categoría MUNDIAL que cubre cada detalle, hasta el más mínimo, para que sus shows sean recordados hasta el momento de estar en nuestro lecho de muerte; y éste, a manera personal, lo recordaré hasta ese momento.
Algunos asistentes (incluyéndome) con los ojos aguados y sus manos levantadas agradeciendo cada segundo del recital. Un poco de mosh por aquí; otro poquito por allá. Frío brutal. Ciertas localidades algo lejanas pero, GRACIAS a la ingeniería en sonido que Metallica posee, se vivió el concierto como si se estuviera en primera fila.
Lastimosamente, no se pudo apreciar del todo las agrupaciones teloneras, como Yajaira (banda de rock chilena) y el estupendo grupo llamado Greta Van Fleet. Y acá describo por qué una gran parte de los asistentes no lo pudo disfrutar.
Como público, al adquirir una entrada, imaginamos que la producción del evento estará a la par con la envergadura de la banda; pero en esta ocasión no sucedió así.
Un espectáculo que daría inicio a una majestuosa gira en Sudamérica de una de las mayores bandas del planeta, estuvo plagado de errores y fallos en logística y producción. El recital estuvo pausado durante más de dos años por razones de pandemia y, al parecer, todo ese tiempo no fue suficiente para analizar y mejorar cada aspecto en lo que a producción se refiere.
Luego de muchos vaivenes con la fecha, problemas con el recinto original (nunca hubo un plan B con respecto al recinto) y quejas vecinales por el ruido “molesto” de una prueba de sonido/ensayo, el evento se realizó. Pero lamentablemente la productora, con determinadas empresas tercerizadas, se tomó muy a pecho el nombre del nuevo recinto: CLUB HÍPICO.
Hubo filas desde tempranas horas (sin señalizaciones explícitas para hacerlas), y una infinidad de boletos revendidos en presencia de varias personas de “seguridad” del evento.
Había gente sin boletos con la esperanza de ingresar, y gente con boleto en mano entusiasmada, cantando a todo pulmón los temas míticos de la banda y que hicieron agradable la espera, entre entrevistas ocasionales por parte de importantes medios de comunicación; agrupaciones de culto a Metallica tocando improvisadamente en la calle; gente haciendo amistades, compartiendo anécdotas, cervezas, cigarrillos y otras cosillas por allí.
Luego de toda la espera e ir avanzando poco a poco en la fila, se fueron encontrando cúmulos de personas abarrotando la entrada. Mucho disgusto, y hasta llanto, de personas con entradas falsificadas, algunas asfixiadas y lesionadas por la avalancha de gente que corría para acceder. Asistentes agitados, celulares perdidos, billeteras extraídas y demás cosas sucedieron, lo que aceleraba el corazón y activaba el sentido arácnido de la prevención.
El personal de seguridad era algo inexperto, ya que su manera de revisión corporal dejaba mucho que desear. Mil y un “recomendaciones” o “instrucciones de seguridad” se pasaron por alto. El trayecto hacia la zona del concierto efectivamente te dejaba claro que estabas en un club hípico. Barro, caballerizas, gente galopando, y uno pensando “Bueno, esto es ROCK y así se vive”. Otros pensando “¿Qué es esto vale?” Unos se lo tomaban con serenidad al estar en galerías con asientos numerados, y otros en zonas donde el puesto te lo garantizaban tu viveza y tu adrenalina.
El momento de la salida fue algo engorroso para muchos, ya que nos imaginamos que, si habíamos entrado por un punto X, la salida sería por el mismo lugar; pero no, errados estábamos.
La misma entrada fue cerrada con un enrejado y nadie del personal a cargo aparecía para hacer alguna indicación. Era cuestión de tiempo para que la bomba de la inconformidad con el trato hacia el público explotara, y así empezó la gente a derribar las barricadas para que algunos salieran y pudieran respirar.
El recorrido de salida fue totalmente distinto al de entrada; caminos improvisados repletos de barro (llovió toda la noche anterior al concierto). A mi lado, gente aun coreaba canciones, otros diciendo “Perdí la billetera, ¿cómo chucha me regreso a casa?” “Caminando nomás cabrón, caminando”. Y la risa de complicidad.
A mi parecer, y el de muchos, si no hubiese sido por el TREMENDO SHOW que Metallica entregó, habríamos vivido un gran desplante. Para algunos chilenos que han asistido a innumerables eventos de alto calibre, de no haber disfrutado de semejante espectáculo, esta reseña habría sido la del PEOR evento de rock jamás presenciado.
Viendo los fallos de producción, no me queda más que agradecer a la banda por el concierto y por una logística, ingeniería, pirotecnia, visuales y un personal altamente CALIFICADO para brindarnos experiencias que JAMÁS se vivirán de igual manera viéndolo en video. Hay que estar ahí, en el barro, sintiendo la vibra de la gente.
Mis respetos a la gran mayoría del público chileno. Ustedes rockean ¡DURO!
…And Nothing Else Matters
Reseña por: Carmelo T. Aguilar @elcar_melo
Fotos por: Ramón eMe Gómez @el.eme  https://www.agendamusical.cl/
FuenteCarmelo T. Aguilar / Ramón eMe
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