Neil Young vuelve a la trinchera ideológica. Este martes, el legendario músico anunció dos medidas drásticas que marcan su rechazo a la actual política estadounidense: el retiro inmediato de su catálogo de Amazon y la apertura gratuita de sus archivos digitales para los habitantes de Groenlandia. No es un movimiento promocional, sino una protesta frontal contra la administración de Donald Trump y la estructura corporativa que lo sostiene.
La salida de la plataforma de Jeff Bezos tiene una justificación ética para el artista. El autor de Harvest califica al empresario como un multimillonario partidario del presidente y se niega a que su obra conviva en un ecosistema que, según su criterio, financia la inestabilidad política. Aunque reconoce el impacto económico negativo para su sello discográfico a corto plazo, Young mantiene la coherencia que ya mostró en el pasado: el mensaje moral pesa más que la rentabilidad del streaming.
Por otro lado, el gesto hacia Groenlandia responde a la reciente amenaza de anexión territorial sugerida por la Casa Blanca. En un acto de diplomacia musical, ofrece un año de suscripción gratuita a sus Neil Young Archives, esperando que su música y películas alivien el estrés de una población bajo una lupa geopolítica injustificada. Es una oferta de paz y amor ante la hostilidad diplomática.
Su comunicado también carga contra la prensa estadounidense, tildando a cadenas como Fox y CNN de irrelevantes y recomendando el periodismo independiente de The Guardian. Esta ofensiva se alinea con un clima de tensión cultural donde figuras como Bruce Springsteen, Billie Eilish y Katy Perry también han alzado la voz tras la violencia reciente de ICE y tragedias como la muerte de Renee Good. A veces, el rock necesita dejar de ser mero entretenimiento para volver a ser resistencia.




