InicioReseñasPablo López se vuelve uno con su piano en Noches del Botánico

Pablo López se vuelve uno con su piano en Noches del Botánico

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La décima edición de Noches del Botánico vivió el pasado viernes una de sus citas más esperadas con la actuación de Pablo López, quien se presentaba por primera vez en el prestigioso festival ante miles de espectadores en el Real Jardín Botánico Alfonso XIII, para ofrecer una velada marcada por la cercanía, la emoción y una conexión constante con el público. El artista malagueño volvió a demostrar por qué es uno de los músicos españoles más importantes de las últimas dos décadas. Su talento como compositor, pianista y cantante se complementa con gran autenticidad en su directo, y esa combinación convirtió su paso por Madrid en una de las actuaciones más memorables de esta edición.

Una antesala perfecta a cargo de Juan Melov

Al ingreso del recinto, en la zona Momentos Alhambra, el DJ Juan Melov fue el encargado de tender el puente entre lo terrenal y lo espiritual con una sesión construida a base de himnos atemporales. Mientras las nubes amenazaban con descargar sobre Madrid, su selección musical fue calentando motores para una jornada en la que el faro artístico de Pablo López acabaría imponiéndose a cualquier amenaza meteorológica.

Pablo López en Botánico 2026
Fotos de Vega Halen para Noches del Botánico

Pamela Rodríguez y su universo creativo

Con la luz todavía suspendida sobre el jardín y el público ocupando poco a poco cada rincón, la cantante y compositora peruana Pamela Rodríguez asumió la responsabilidad de abrir una velada que terminaría grabada entre los momentos más memorables de esta edición del festival.

Acompañada por su banda en formato cuarteto, presentó una propuesta elegante, cálida y llena de matices. Su repertorio transitó con naturalidad entre el indie pop, el folk latinoamericano y la canción de autor. Sonaron Olvidando Que Te Olvidaba y la delicada Ligera Love, dedicada a su abuela, en una interpretación especialmente emotiva. Uno de los momentos más inesperados llegó con una sorprendente revisión de Una Persona Sospechosa, de Los Punsetes, junto a Silvia Superstar, mientras que también hubo espacio para adelantar Flores En El Asfalto, una nueva composición grabada junto a Abraham Boba, de León Benavente, que verá la luz próximamente. Su actuación terminó con la sensación de haber conquistado a muchos oyentes nuevos.

Un piano de cola y miles de expectativas

Cuando llegó el momento del cambio de escenario, todas las miradas se dirigieron hacia un imponente piano de cola negro situado en el centro. A su alrededor, una escenografía sobria y cuidadosamente diseñada: tambores auxiliares, una disposición instrumental que invitaba a la sorpresa y grandes pantallas que acompañarían visualmente cada tramo del concierto. El recinto, completamente lleno, estalló en aplausos cuando apareció Pablo López.

Pablo López en Botánico 2026
Fotos de Vega Halen para Noches del Botánico

Antes incluso de tocar una nota, el músico dedicó unas palabras cargadas de emoción a una persona de su entorno. Bastaron unos segundos para entender que aquella no sería una noche construida únicamente desde las canciones. También desde las historias, los silencios y las conversaciones.

Dos horas entre la celebración y la emoción

El arranque llegó con El Niño Del Espacio, punto de partida de un recorrido de dos horas que alternó momentos de recogimiento y explosiones de entusiasmo colectivo. Desde el principio quedó claro que el piano sería mucho más que un instrumento. Pablo López lo acariciaba, golpeaba su estructura como si se tratara de un elemento de percusión, se levantaba del banco para improvisar, regresaba a las teclas y volvía a detenerse para compartir alguna reflexión con el público. La sensación era la de asistir a un espectáculo en permanente construcción.

Poco después fueron apareciendo canciones como La Niña De La Linterna, Me Voy A Escapar y Lo Saben Mis Zapatos, interpretadas con una naturalidad que convertía cada pieza en un relato diferente. El auditorio respondía a cada pausa, completaba versos y celebraba incluso los silencios. La comunicación entre artista y asistentes terminó siendo uno de los grandes protagonistas de la noche. Conversador, espontáneo y cercano, López manejó los tiempos con la soltura de quien conoce perfectamente el lenguaje del directo.

Uno de los pasajes más aplaudidos llegó con una emocionante versión de Un Vestido Y Un Amor, de Fito Páez, interpretada desde la admiración y el respeto. Poco después, la intensidad emocional alcanzó otro nivel cuando decidió cantar a capela. Primero junto al piano. Después completamente de pie. Durante unos instantes, la única instrumentación fue una voz llenando cada rincón del imponente recinto. El silencio respetuoso del público terminó convirtiéndose en una de las imágenes más poderosas del vivo.

El pulso colectivo de La Libertad

Con los primeros acordes de La Libertad, el concierto aumentó más aún de temperatura. Miles de fans acompañaron cada verso mientras el artista imprimía energía a una interpretación cargada de ritmo y alma. Funcionó como una descarga capaz de acelerar el pulso de todo el recinto. Aparecieron Te Espero Aquí, Esdrújula, Quasi y Tu Enemigo, cada una recibida como una celebración por parte de un público que conocía el repertorio al detalle. Incluso cuando algunas nubes amenazaban con alterar la noche, la respuesta de los asistentes actuó como un auténtico escudo emocional. Los coros espontáneos terminaron formando una masa sonora que reforzó la conexión entre escenario y platea.

Pablo López en Botánico 2026
Fotos de Vega Halen para Noches del Botánico

Un bloque electroacústico lleno de riesgos

Uno de los segmentos más originales llegó mediado el concierto. Con una guitarra colgada al hombro y acompañado por cajón peruano, guitarra, bajo, trompeta y trombón, Pablo López abandonó temporalmente su posición habitual al piano para afrontar un bloque electroacústico que introdujo nuevos colores en el repertorio.

Las influencias flamencas, ciertos aromas de bulería y algunos guiños casi western dieron forma a una sección especialmente creativa. La brillante sección de viento enriqueció los arreglos sin restar protagonismo a las canciones. Fue en ese contexto donde aparecieron KLPSO2, Mamá No y El Abrazo Más Grande De Todos Los Tiempos, entre otras, interpretadas desde una perspectiva diferente.

El tramo final y una despedida a la altura

De regreso al piano, el concierto entró en su recta definitiva. Las visuales cobraron especial protagonismo, acompañando cada canción con imágenes cuidadosamente sincronizadas que amplificaban la carga emocional del setlist. El Mundo desató una de las mayores explosiones de entusiasmo de la noche. El público cantó cada palabra mientras las pantallas multiplicaban la sensación de grandeza de un tema ya convertido en himno.

Pablo López en Botánico 2026
Fotos de Vega Halen para Noches del Botánico

Después llegó El Patio, otra de las canciones más esperadas por la platea. También fueron muy celebrados los fragmentos de Mariposa Tecknicolor, de Fito Páez; Salir, de Extremoduro, con el espíritu de Robe Iniesta sobrevolando el recinto; y La Bolsa, de Bersuit Vergarabat (¿será un guiño al otrora líder de la agrupación que desembarca esta semana en Europa?), entre otros. Resultaba evidente que cada interpretación latía por sí misma. Pablo López actuaba como un guía capaz de conducirlas hasta miles de personas que respondían con idéntica intensidad.

El show concluyó con una prolongada ovación tras la ejecución de Suplicando y con la sensación general de haber asistido a algo más profundo que un concierto. Lo que ocurrió sobre el escenario de Noches del Botánico tuvo sello de encuentro humano, de conversación sincera y de celebración multitudinaria, por obra y talento de Pablo López, el niño del espacio y del piano eterno.

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Autor

  • Pablo López en Botánico 2026

    Redactor, fotógrafo y entrevistador de Arepa Volátil. El riff como capa, la poesía como espada y el rock and roll como sangre bendita. La música, el único escudo.

    Escritor de pluma honesta, siempre atento a las propuestas emergentes, a los artistas que rompen moldes y con devoción suprema a los dioses de la música.

    Rockstar a mi manera.
    Los shows en directo, la sal de la vida.

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