InicioReseñasPlacebo devuelve Madrid a 1996 con un show único

Placebo devuelve Madrid a 1996 con un show único

Comparte con tus amigos

Placebo aterrizaba en Madrid en el marco de su ‘30th Anniversary Tour’ en la noche del jueves 1 de octubre de 2026 y hacía que un Movistar Arena lleno hasta la bandera viajara treinta años atrás en el tiempo para disfrutar de un recital donde se prohibieron los teléfonos móviles, logrando que cada uno de los recuerdos quedara grabado sabiamente en el alma.

El rock tiene un comienzo

Una cortina gigantesca ocupa el escenario del Palacio de Deportes. Sobre ella se mezclan imágenes, rostros, conciertos, fragmentos de memoria y una cuenta atrás desde 2026 que retrocede hasta 1996, el año en que Placebo publicó su debut discográfico homónimo. El contador finaliza y los miles de fans leen: el pasado es el presente.

Las primeras pulsaciones electrónicas de Bionic (Sirens Club Mix) empiezan a ocupar el recinto. La tensión crece mientras las imágenes se suceden al otro lado de la tela. Entonces, la cortina cae. El rugido del público se adelanta por un instante a la música y el Movistar es un templo de voces, luces y humo que inicia el viaje con Pure Morning.

Placebo Madrid
Fotos de Eddie Peters @eddiedub para Movistar Arena

Las numerosas pantallas verticales que presiden el escenario proyectan a los integrantes de la banda entre ondas electromagnéticas, creando una extensión visual de la música. Le siguen Come Home y You Don’t Care About Us, movimientos iniciales que dejan claro el carácter retrospectivo del repertorio, mientras las luces rojas se funden con la descarga eléctrica del grupo y una espesa nube de humo atraviesa el stage. Desde las primeras filas hasta las gradas, miles de voces cantan junto a Brian Molko. Había ganas de volver a ver a Placebo en directo después de su última visita a Madrid, y esa espera se percibe en cada respuesta del público.

Un concierto sin teléfonos

En otro momento especialmente significativo, el guitarrista agradece al público que haya dejado los teléfonos a un lado. Quiere recuperar, dice, la sensación de estar en 1996. La petición transforma el espectáculo en otra clase de experiencia. En un espacio acostumbrado a miles de móviles, la oscuridad de las gradas permite que la mirada solo esté pendiente del escenario. En este apartado, es para destacar la gran labor de todo el equipo de seguridad, pero convendría que la banda lo anunciara previamente al momento de adquirir las entradas para evitar cualquier tipo de molestias en los fans.

Placebo Madrid
Fotos de Eddie Peters @eddiedub para Movistar Arena

Brian Molko lleva entonces esa autenticidad un paso más allá. Desciende hasta situarse sobre los altavoces y queda prácticamente a un palmo de distancia de los espectadores; la distancia física desaparece y la química entre Placebo y sus seguidores se vuelve visible. Teenage Angst, Without You I’m Nothing, Allergic (to Thoughts of Mother Earth) y una versión más reducida de 36 Degrees completan esta parte del set. Las canciones van levantando un castillo sensorial sostenido por las luces, el humo y las pantallas verticales, que funcionan como un envoltorio ideal para el directo, mientras el público acompaña con vitalidad.

En otro momento de complicidad, Brian Molko agradece el cariño recibido durante los treinta años de trayectoria de la banda y lanza una petición sencilla: sigamos haciendo ruido. El recinto responde a la altura de la invitación. Han pasado tres décadas desde aquel comienzo y Placebo decide celebrarlas recorriendo su propia historia.

Placebo recorre su propia historia en Madrid

Durante su trayectoria, Placebo ha construido una identidad sonora de enorme precisión. Escuchar alguna arista fuera de sitio recuerda que incluso una banda con semejante recorrido sigue siendo un organismo vivo cuando toca frente a miles de personas. Esa pequeña imperfección humaniza una actuación concebida con una producción de gran escala.

El concierto continúa avanzando entre memoria y presente. Después de agradecer de nuevo el cariño del público, Placebo presenta su nuevo single, Helen Keller, integrado dentro de un repertorio que hasta ese momento ha mirado hacia atrás. Previamente, la banda había descargado Scared of Girls, Lady of the Flowers y My Sweet Prince, y una vida cargada de recuerdos latentes se reflejaba en los ojos de todos los presentes.

Bruise Pristine funciona como un auténtico elixir dentro del tramo final del repertorio principal. El ritmo se endurece y la respuesta desde el público vuelve a subir varios grados para, acto seguido, Stefan Olsdal abandonar su posición habitual y sumergirse en el foso. Allí desarrolla algunos pasajes instrumentales durante Nancy Boy, en una secuencia que estrecha todavía más el espacio entre músicos y espectadores, rubricando la química que emana del grupo en vivo.

Placebo Madrid
Fotos de Eddie Peters @eddiedub para Movistar Arena

Un final con himno, Depeche Mode y Kate Bush

La primera descarga del bis es Every You Every Me. La canción devuelve al recinto a uno de los momentos más reconocibles de la trayectoria de la banda. Después, Placebo lleva a su terreno I Feel You, de Depeche Mode, y, para concluir, la banda escoge Running Up That Hill (A Deal With God), de Kate Bush. El último tramo del concierto se convierte así en un viaje emocional que conecta distintas épocas y sensibilidades, entrelazando el rock y la electrónica.

Una lluvia de confeti cae sobre el recinto mientras Placebo se despide en la capital española, tras haber conducido a miles de fans por un sendero de treinta años de canciones, imágenes y recuerdos. El show logró que cada uno de los presentes se llevara una versión distinta de lo ocurrido. La misma canción podía significar adolescencia para alguien, descubrimiento para otro y una sensación completamente nueva para quien la escuchaba por primera vez.

El pasado es el presente, había anunciado la pantalla antes de que comenzara todo. Al terminar, la frase adquiere otra dimensión. Placebo transformó el pasado en un presente lleno de vida.

Comenta con tu Facebook!

Autor

  • Placebo Madrid

    Redactor, fotógrafo y entrevistador de Arepa Volátil. El riff como capa, la poesía como espada y el rock and roll como sangre bendita. La música, el único escudo.

    Escritor de pluma honesta, siempre atento a las propuestas emergentes, a los artistas que rompen moldes y con devoción suprema a los dioses de la música.

    Rockstar a mi manera.
    Los shows en directo, la sal de la vida.

Recomendaciones Recientes

Cargando recomendaciones...

300x600

Subidas Recientes