El streaming también mata (pero con buena curaduría)
¡Enhorabuena, melómano! Resulta que cada vez que le das play a ese hit de trap melancólico o a la última joya del indie folk en Spotify, no solo estás alimentando el ego de un artista con 0.003 centavos de dólar. También estás ayudando a que un dron en algún lugar del mundo identifique objetivos con una precisión quirúrgica que ya quisiera tu ex para encontrarte en redes.
Daniel Ek: del Daily Mix al Daily Blitz
El rumor resultó ser tan real como el autotune de los festivales modernos: Daniel Ek, el genio sueco que nos convenció de que no necesitábamos ser dueños de nada, ha decidido que el mercado de la música es muy aburrido. A través de su firma Prima Materia, Ek ha inyectado más de 600 millones de euros en Helsing, una empresa de Inteligencia Artificial militar.

Sí, el tipo que te sugiere canciones para llorar un domingo, está financiando tecnología para que los tanques aprendan a pensar. Es el sueño húmedo de cualquier villano de Marvel: Si no me pagan la suscripción Premium, les mando un dron con la discografía de Arjona a todo volumen.

El éxodo de los artistas con conciencia y sin stream
En este inicio de 2026, la desbandada ha pasado de ser un murmullo de pasillo a un portazo épico. Los músicos han decidido que no quieren que su arte sea el soundtrack de la Tercera Guerra Mundial.
El Eje Iberoamericano: Café Tacvba lidera la retirada latina. Rubén Albarrán ya no solo protege jaguares; ahora le dice pos no a los misiles.
Junto a ellos, el colectivo vasco Musikariak Palestinarekin (más de 160 bandas) ha borrado sus huellas digitales de la plataforma. Si buscas rock radical vasco en Spotify, ahora solo encontrarás silencio… o el eco de un algoritmo confundido.
La Resistencia Global: Massive Attack fueron los primeros en decir que Thanks but no thanks. Les siguieron los psicodélicos de King Gizzard & The Lizard Wizard, quienes prefieren que los escuches en un tocadiscos de madera reciclada antes que en un servidor que calibra drones.
El Batallón Indie: Bandas de culto como Deerhoof y Xiu Xiu ya recogieron sus bártulos digitales bajo la consigna: No queremos que nuestra música mate a gente. Es tierno, pero ahora sus fans tienen que aprender a usar Bandcamp, esa tecnología ancestral del 2010.
¿Ética o victimización?
Lo irónico es que, mientras los artistas se bajan de Spotify para no mancharse las manos, la mayoría seguimos usando iPhones ensamblados en condiciones dudosas para quejarnos en Threads y X.
La gran pregunta para el Manual de lo Anormal es: ¿Qué pasará cuando la IA de Helsing sea tan avanzada que empiece a componer reggaetón bélico? Ahí sí estaremos en una verdadera crisis humanitaria.
Por ahora, prepárate para ver a tus bandas favoritas mudarse a plataformas donde solo los escuchan sus mamás y tres hipster jugando a ser críticos musicales.
Y tú, ¿Preferirías dormir con la conciencia tranquila y el bolsillo vacío?




