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Overlord

Por: Alejandro Gutiérrez

En el 2126, Seiyū, un asalariado japonés, se dedica a jugar todo el tiempo que no está trabajando a Yggdrasil, un DMMORPG. Prácticamente es toda su vida y, junto con sus amigos, creó uno de los gremios más poderosos del juego “Ainz Ooal Gown”. Pero durante los años, de los 41 miembros iniciales, solo quedan un puñado, y para empeorar las cosas, van a cerrar los servidores del juego. Por esto, tras ponerse el casco de inmersión, conectarse con su avatar (un esqueleto llamado Momonga) y despedirse por última vez de los pocos amigos que le quedan, decide permanecer hasta el último segundo.
Sin embargo, al llegar la hora, se da cuenta de que sigue conectado, y empieza a notar cosas extrañas: no puede comunicarse con los administradores y los comandos del juego no funcionan. Luego los NPC que creó con sus compañeros empiezan a cobrar vida y descubre que, como Dorothy, ya no está en Kansas.

Esta es la premisa inicial de «Overlord». Lo que no les he contado es que durante su época en Yggdrasil nuestro MC y sus amigos roleaban a ser villanos, y todos los NPC que han empezado a cobrar vida los consideran dioses, que los crearon, omniscientes y omnipotentes. Momonga, a pesar de seguir siendo OP (OverPower), en su interior es una persona normal y se encuentra en una situación en la que tiene que hacerse pasar por ese ser que sus subordinados creen que es, por miedo a que, al descubrirlo, intenten eliminarlo. Todo esto provoca una gran cantidad de desentendidos que, a pesar de lo oscura que es la serie, pone un poco de humor.

La fuerza de «Overlord» está en el worldbuilding. No importa tanto lo poderoso que es el MC sino cómo su presencia afecta al mundo en el que acaba de aparecer. Kugane Maruyama, el escritor original de la serie, fue máster de D&D durante muchos años y, al no poder seguir jugando al rol, se dedicó a crear una serie de LN (novelas ligeras), con lo que pueden suponer que el storytelling y los sistemas de magia y habilidades son sólidos.

FuenteAlejandro Gutiérrez
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