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ZZ TOP hizo vibrar los cimientos de Madrid

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Había un ambiente especial mucho antes de que se comenzara el legendario concierto de ZZ TOP en Madrid. Por los aledaños del recinto transitaba un bus que llevaba a los jugadores de la selección española de fútbol y las calles de la ciudad estaban repletas de fans vitoreando a los triunfadores. La reciente conquista del mundial de balompié por parte de la selección había teñido de rojo y amarillo los alrededores de Noches del Botánico, donde se mezclaban camisetas de España, rostros pintados con los colores nacionales y un sinfín de seguidores luciendo prendas con los tres miembros clásicos de ZZ TOP. En el aire flotaba la sensación de estar ante una cita histórica y también ese pensamiento inevitable: quizá esta fuera una de las últimas oportunidades de ver a la legendaria banda sobre un escenario madrileño.

ZZ TOP convirtió Noches del Botánico en una celebración de blues, boogie y rock bajo el cielo de Madrid

Antes incluso de que aparecieran los músicos, el escenario ya contaba una historia viva. Un mural colosal realizado con estética graffiti presidía el fondo con el nombre de ZZ TOP en enormes letras. Varias torres de amplificadores decorados con coloridos diseños reforzaban la estética callejera, mientras varios monopatines serigrafiados giraban constantemente sobre estructuras, aportando movimiento a la escenografía.

Los pies de los dos micrófonos, diseñados como tubos de escape cromados de un automóvil americano, iban cambiando de color, según avanzarían las canciones en el show, mientras la imponente batería lucía varias banderas de España en sus pies, un detalle que conectó inmediatamente con el ambiente festivo de la noche.

ZZ TOP Madrid
Foto: Vega Halen para Noches del Botánico

El arranque: banderas españolas y los primeros rugidos

La entrada del grupo a las 21:15 horas, terminó de desatar la euforia y el recinto estalló en aplausos. Billy Gibbons, Elwood Francis y Michael Monahan aparecieron sobre el stage portando banderas de España, un gesto sencillo que fue recibido con una enorme ovación. Un de las tantas prueba a lo largo de la velada de la química que expresa la banda y con la que conecta con todo el auditorio.

El experimentado guitarrista lideraba una formación marcada por las circunstancias de esta gira. Elwood Francis al bajo, continúa ocupando el lugar del inolvidable Dusty Hill, mientras Michael Monahan asumía la batería durante esta gira europea debido a la ausencia de Frank Beard, todavía recuperándose de sus inconvenientes de salud y a quién deseamos ver próximamente de nuevo sobre las tablas.

Los aplausos apenas se apagaron cuando comenzó Got Me Under Pressure. Elwood Francis sorprendió desde el primer instante empuñando un espectacular bajo de quince cuerdas, mientras Billy Gibbons dejaba claro que sigue conservando esa mezcla de autoridad, calma, garra, voz ancestral, épica barba y carisma que solo poseen los grandes frontman. Así arrancaba la parada madrileña de The Big One!, la extensa gira con la que el grupo recorre buena parte de Europa.

ZZ TOP Madrid
Foto: Vega Halen para Noches del Botánico

Sin apenas pausa llegó I Thank You, el clásico de Sam & Dave, enlazado de forma natural con Waitin’ for the Bus. Fue entonces cuando aparecieron los movimientos sincronizados que forman parte del ADN visual de ZZ TOP: guitarrista y bajista inclinándose al mismo tiempo, agachándose sobre el escenario, formando ese binomio en el directo y señalando constantemente al público, mientras sonríen y ejecutaban esa coreografía que llevan perfeccionando durante décadas. Una marca registrada de la casa texana fundada en 1969.

Entre canción y canción felicitaron a los asistentes por el reciente Mundial conquistado por España, provocando otra ovación antes de continuar con Jesus Just Left Chicago.

Sonido de carretera americana

Uno de los aspectos más comentados durante el concierto fue el sonido. El volumen quizá resultó algo más contenido de lo que algunos esperaban, aunque la definición fue sobresaliente. El carácter áspero, ligeramente sucio, con alma de garage, esencia de carretera y profundamente orgánico de la guitarra y el bajo aparecieron perfectamente dibujado durante toda la actuación. A destacar es como uno de los bombos sonaba como cuando golpea Thor con su martillo, lo que incluyó una coreografía entre el bateria y el bajista a mediados del concierto.

Una vez más, Noches del Botánico volvió a demostrar por qué se ha convertido en uno de los recintos con mejor acústica del verano madrileño: desde prácticamente cualquier ubicación se apreciaba cada matiz de la banda. Un auditorio que tiene como seña de identidad la limpieza de su sonido. Quizás, alguno de los presentes que nunca había visto anteriormente en vivo al grupo, esperaba que los decibelios les hirieran los tímpanos, pero ZZ TOP siempre se ha caracterizado por la pulcritud de sus shows en directo, nuca han sido del todo mainstream y nuevamente, en Madrid dejaron su huella. Sin lugar a dudas el espectáculo que ofrecieron, esperamos que siempre sea el penúltimo, ya se encuentre entre las páginas doradas del libro sagrado del rock patrio.

Entre el público todavía había quien confesaba seguir con la resaca emocional del triunfo futbolístico y también quien lamentaba descubrir que Frank Beard no formaba parte de esta gira. Su ausencia fue recordada con respeto durante toda la noche, deseándole una pronta recuperación.

La conexión definitiva llegó con Gimme All Your Lovin’. Hasta ese momento el público había disfrutado con entusiasmo, aunque fue ese clásico el que terminó de romper cualquier barrera entre escenario, pista y grada. Desde ahí, el concierto adquirió otra velocidad. Como aquel Ford Coupé rojo de 1933 que protagoniza la portada de Eliminator, la maquinaria de ZZ TOP empezó a funcionar a pleno rendimiento y el coche de fuego ya carburaba como máquina siniestra perfecta que atraviesa espinas dorsales y al volante acariciándolo con su barba, va el conductor mas temerario de todos los tiempos, Billy Gibbons.

Cambios constantes de instrumentos, boogie y mucho oficio

A medida que avanzaba el repertorio, la carretera sonora que propone la banda parecía recorrer kilómetros imaginarios por el sur de Estados Unidos. Esencia de Blues rock, dosis de boogie, alma de hard rock y corazón rock sureño convivían con absoluta naturalidad.

Los continuos cambios de guitarras y bajos se convirtieron en otro espectáculo paralelo. Instrumentos con la madera prácticamente desnuda casi sin pintura, nos permiten ver el alma de los mismos, como mostrando la raíz sagrada de la que fueron hechos. Otros cubiertos con llamativos acabados e incluso modelos revestidos como si fueran auténticos peluches sonoros fueron apareciendo durante la noche y destacaba la pegatina con la bandera de España sobre una de las tantas guitarras que lució Billy, el cual es un frontman de vieja escuela y sabe como ganarse en cada respiración al público. Guiños que agradecía el respetable dedicándole a la banda como retribución, continuos cantos de Oé, oé, oe.

El experimentado guitarrista volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los grandes líderes escénicos del rock de todos los tiempos. Cada gesto, cada sonrisa y cada pausa parecían medidos para mantener la atención del auditorio. las brillantes chaquetas decoradas que lucia el trio terminaron de completar una estética tan reconocible como efectiva mientras iban desfilando temas como Pearl Necklace, I’m Bad, I’m Nationwide, I Gotsta Get Paid y My Head’s in Mississippi.

Uno de los momentos más celebrados por los seguidores más veteranos llegó con Brown Paper Bag, procedente de la carrera en solitario de Billy Gibbons. La inclusión del tema fue recibida como un regalo por unos aficionados que entendieron perfectamente el gesto de cercania.

La recta final elevó definitivamente la temperatura

Superado el ecuador del concierto, Billy Gibbons y Elwood Francis comenzaron a intercambiar posiciones sobre el escenario, ocupando el lado opuesto al que habían permanecido durante buena parte de la actuación. La complicidad entre los tres músicos era evidente y se trasladaba continuamente al público que ya era un motor en combustión eterna en por la gasolina suministrda por ZZ TOP.

El tramo final de la actuación concentró varios de los himnos imprescindibles de la formación. Cheap Sunglasses, Just Got Paid, Sharp Dressed Man y Legs levantaron definitivamente a todo el recinto, que respondió con una ovación interminable cuando los músicos abandonaron momentáneamente el escenario. Los aplausos, acompañados nuevamente por el ya habitual Oe, oe, oe, reclamaban un último esfuerzo de los texanos.

ZZ TOP Madrid
Foto: Vega Halen para Noches del Botánico

Un bis cargado de humor y clásicos

El regreso llegó con cambio de vestuario incluido. Los tres aparecieron ahora con llamativas chaquetas rojas repletas de brillo, manteniendo intactas sus inseparables gafas de sol. El bis comenzó con Brown Sugar y continuó con Tube Snake Boogie, tras la que amagaron con abandonar nuevamente el escenario. Una broma que repetirían hasta en dos ocasiones, demostrando que el sentido del humor sigue siendo una parte inseparable de la personalidad del grupo.

Los últimos cartuchos llegaron con Thunderbird antes de desembocar en La Grange, el himno definitivo con el que cerraron la noche transformándola en legendaria e inmortal.

La ovación final resumía perfectamente lo vivido durante la actuación de ZZ TOP en Madrid, en Noches del Botánico. Billy Gibbons continúa ejerciendo como un maestro de ceremonias de otra época, respaldado por una banda perfectamente engrasada que mantiene vivo un legado irrepetible. Más allá de la inevitable nostalgia que acompaña a cualquier grupo con más de medio siglo de historia, ZZ TOP sigue ofreciendo conciertos que transmiten cercanía, oficio, madera, raíz, rabia, garage, aceite de motor, épicas barbas, oficio, alma, pasón por el directo, un corazón que late a base riffs, excelso repertorio y una autenticidad que muy pocos pueden conservar con el paso del tiempo. Historia, leyenda, mito, Rock and roll.

ZZ TOP, desde ya ¿Cuándo regresan?

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Autor

  • ZZ TOP Madrid

    Redactor, fotógrafo y entrevistador de Arepa Volátil. El riff como capa, la poesía como espada y el rock and roll como sangre bendita. La música, el único escudo.

    Escritor de pluma honesta, siempre atento a las propuestas emergentes, a los artistas que rompen moldes y con devoción suprema a los dioses de la música.

    Rockstar a mi manera.
    Los shows en directo, la sal de la vida.

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