La XII edición de Inverfest sigue avanzando con paso firme entre Madrid, Zaragoza y Euskadi, confirmando que el invierno también puede arder. El viernes por la noche, con la semana todavía pesando en los hombros, la ruta llevaba a La Riviera, junto al Manzanares, para asistir a uno de esos conciertos que se comentan durante años: Derby Motoreta’s Burrito Kachimba en plena recta final de la gira de Bolsa Amarilla y Piedra Potente.
La ecuación estaba clara desde antes de cruzar la puerta: sala con el cartel de sold out, una banda en estado de gracia y el riff psicodélico como idioma común. A partir de ahí, todo fue dejarse llevar.
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ToggleArranque: cuando el tiempo se detiene
A las nueve, con la sala ya convertida en una masa expectante, el grupo aparece sin prisa. La intro es majestuosa, casi ceremonial, dejando claro que lo que viene no es un concierto al uso. El primer golpe llega con Agua Grande, seguida de La Fuente, Porselana Teeth y Prodigio. Cuatro temas que funcionan como declaración de intenciones: potencia, groove y una conexión inmediata con el público, que responde botando desde el primer compás.
El sonido es robusto, bien balanceado, con las guitarras cortando el aire y los sintetizadores envolviendo la sala sin empachar. La producción es sobria pero eficaz: luces cálidas, humo constante y una atmósfera que remite a otra época sin sonar a nostalgia.

La energía es desbordante desde el arranque y pone a todo el público a bailar y corear todas las letras. Se entregan a la causa tanto los artistas como todos los presentes. Desatan una pasión incontrolable e inimitable en sus seguidores.
Manifiesta Dandy Piranha que nuestra razón de ser es la de desafiar la capacidad de atención de la gente y vaya si lo consiguen. Tanto su música como su puesta en escena resulta exuberante, creativa y arte en vivo. Logran que su mezcla de psicodelia y raíces andaluzas sean una fusión excelsa de flamenco y rock, transformándolos en todo un referente del género.

El cuerpo del ritual
En el centro de todo, Dandy Piranha, con su manillar de bicicleta antigua como pie de micro y una presencia que mezcla chamanismo y rock setentero. Su melena rizada se mueve al ritmo de su cuerpo inquieto, marcando el tempo visual del show. A su lado, Bacca y Gringo tejen guitarras que miran tanto a Triana como a Led Zeppelin, Soni sostiene el pulso desde el bajo, Papi Pachuli golpea con precisión quirúrgica y Machete Carrasco aporta capas de sintetizador y teclado que amplían el paisaje sonoro. La química entre ellos es evidente. Los Derby Motoreta’s son dueños de un estilo propio y dejan su tatuaje en el corazón del auditorio.
El repertorio avanza como un juego compartido. Caño Cojo, RGTQ y Ef Laló mantienen el fuego alto, convertidas ya en himnos coreados por toda la sala. El público no es un espectador pasivo: canta, salta, se empuja con cuidado y responde a cada gesto del escenario. En un momento clave, Dandy Piranha pide que haya más mujeres en el pogo y que sea un espacio seguro para todos. El aplauso es inmediato y sincero. Suenan a convicción.

Entre el público se dejan ver músicos de otras bandas del panorama nacional, como miembros de Alcalá Norte, Ultraligera, Parquesvr, etc. Nadie quiere perderse la experiencia vital que ofrecen en su directo, confirmando que su show es de esos evocadores, crudos y atrapantes, tal como demuestran los Derby Motoreta’s Burrito Kachimba canción a canción.
Crecimiento y trance colectivo
La segunda mitad del concierto sube un peldaño más en intensidad, si es que eso era humanamente posible. Gitana, Turbocamello, Samrkanda y Las Leyes de la Frontera empujan a la sala hacia un estado cercano al trance. El duende andaluz aparece sin pedir permiso, mezclándose con la psicodelia y el rock como si siempre hubieran sido de la misma familia. Primos lejanos muy unidos.
Las canciones del estudio aquí mutan, se alargan, respiran distinto. Cada tema parece tener una vida nueva, creada solo para esta noche. La química entre los seis es evidente: se buscan con la mirada, se acercan, se abrazan, saben exactamente cuándo tensar y cuándo soltar. La energía del combo no disminuye ni un ápice. No solo contagian, sino que abrazan el alma mediante sus interpretaciones.

El Chinche, Manteca y Dámela marcan uno de los picos del concierto. Dandy Piranha baja al foso, se sube a la valla, se deja sostener por las manos de un fan y convierte la escena en una performance tan espontánea como celebrada. No hay distancia entre banda y público; todo ocurre en el mismo plano.
Sostenido por la mano de un fan, ofrece un fotograma muy celebrado, desde lo alto de la valla de seguridad. Se nota que tiene raíz y que la banda es un árbol de madera sabía que extiende sus brazos cuales ramas de talento para conectar con todos los presentes. La entrega es plena, la conexión también.
Final en llamas
El tramo final es puro incendio. The New Gizz, Aliento de Dragón y El Salto del Gitano sirven para cerrar la noche con una descarga total. La sala entera salta al unísono, las palmeras de La Riviera corean también y el sudor se mezcla con el humo mientras las luces dibujan los últimos destellos.

Los Derby Motoreta’s Burrito Kachimba son como un sextagrama y son dueños de un acero inolvidable sonoro, que se podría resumir como: músicos aguerridos, que se sitúan en la cúspide del rock, con un estilo que combina a la perfección el sonido de sintetizadores, la experimentación y la electrónica con ciertos pasajes arabescos.
El concierto termina y la sensación general es clara entre el público del Inverfest: no se ha asistido solo a un recital, sino a una experiencia compartida. Derby Motoreta’s Burrito Kachimba no imitan, no persiguen modas. Tienen su propia ley, la del magnetismo del directo, y anoche la aplicaron con firmeza en Madrid.
Autor

Redactora musical, camarógrafa y enviada especial de Arepa Volatil.
Mi profunda pasión por la música se remonta a mi infancia donde, gracias a mi padre, fui expuesta a una amplia gama de estilos y sonidos que van desde la opera pasando por el flamenco más puro, el pop de autor, hasta desembarcar en el blues, el mas furioso rock y otros géneros musicales del mundo.Un lenguaje tan diverso, pero tan universal, que logró crear una conexión tan profunda que necesita ser no sólo vivida, sino compartida.
De ahí mi vocación por crear contenidos que inspiren y conecten a las personas con la música y a esta, con el mundo, cual ríos que buscan alcanzar el mar. Ya lo dice el mismo Sabina..."como un Pato en el Manzanares".



