El gobierno de Francia incluyó recientemente la música electrónica en su Inventario Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial, reconociendo su valor histórico y social. Esta decisión, impulsada por el Ministerio de Cultura y anunciada por Rachida Dati, oficializa el estatus de una corriente artística que ha posicionado al país como un referente global de la vanguardia sonora desde finales del siglo pasado.
Este hito representa un primer paso estratégico hacia la lista de la UNESCO, siguiendo el camino trazado anteriormente por el techno de Berlín. La medida busca proteger el ecosistema completo del conocido French Touch, abarcando desde la ingeniería de sonido y la producción en estudio hasta la cultura de los clubes y la experiencia colectiva de los festivales.
La escena gala ha exportado talentos inmensos que definieron generaciones y estilos. Nombres como Daft Punk, Justice, M83, Phoenix y Air son pilares de esta identidad. En el centro de esta historia se encuentra Jean-Michel Jarre, pionero absoluto desde los setenta con su álbum Oxygène, quien ha servido como embajador de estas texturas sonoras ante el mundo y la propia UNESCO.
La recepción del anuncio ha sido emotiva para el gremio. Tommy Vaudecrane, presidente de Technopol, califica el momento como un avance decisivo y una reivindicación necesaria. Atrás quedan los tiempos de incomprensión y marginación de las raves; hoy, el género se consolida como una pieza clave de la riqueza estética francesa, garantizando su transmisión a las futuras generaciones.




