Madrid, el pasado día viernes 18 de septiembre de 2026 a las tres de la tarde, abría las puertas de su alma a una nueva edición del Festival Jardín de las Delicias en el histórico campo de rugby de Cantarranas en la Universidad Complutense de la capital ibérica.
El enorme búho colorido que identifica al festival con sus alas abiertas, era el maestro de ceremonias ideal. A su alrededor, el recinto comenzaba a llenarse de colores vivos, criaturas fantásticas, decorados florales, mariposas gigantes, ballenas voladoras, luces atrapantes y grupos de amigos que llegaban con enorme expectación por disfrutar de la música en directo con muchas horas por delante. La sensación era la de entrar en un pequeño universo paralelo en la tierra. Como un cuento sonoro.
La primera jornada de la séptima edición del festival desplegaba dos escenarios y una programación que viajaba del pop al rock, de los artistas emergentes a la electrónica. En el Escenario Endesa, Club del Río, Despistaos, Marlena, Sexy Zebras, Dani Martín y Nil Moliner fueron marcando las distintas estaciones de la jornada. En el stage Bosque Ahorramas, Tere!, Ignacio Serrano, Gon Abril, La Azotea, Mbongo, Kalenn, Ivan MG, Los Gilca, Carlos G B2B Tinture, Ardiya, Barce y Mickey Pavón construyeron una segunda línea narrativa que acabó prolongando la noche.
Jardín de las Delicias hechiza a Madrid
El primer pulso musical llegó con Club del Río, una elección que encajaba con la hora. Su propuesta permitió que la tarde arrancara mientras el público terminaba de instalarse y el recinto adquiría ritmo. Remedios, Montaña y Arena cósmica ayudaron a poner ese primer tono cálido y orgánico a la jornada.
Después llegaron Despistaos, y con ellos apareció una nostalgia de las que se comparten en voz alta. Física o química volvió a funcionar como una contraseña generacional. Bastaron los primeros compases para que la multitud encontrara sus recuerdos en la canción. El repertorio también pasó por Gracias, Cada dos minutos y Mi accidente preferido, canciones que hicieron que la tarde adquiriera una familiaridad especial. El festival ya estaba en ebullición pero las descargas de los reyes del pogo por antonomasia, Sexy Zebras, fueron las responsables de sacar a Madrid de orbita nuevamente. Anteriormente Marlena y su pop bien entendido, transformaron el recinto en un océano de emociones.
Mientras tanto, el Escenario Bosque Ahorramas desarrollaba su propia historia. Tere!, ganadora del concurso Endesa Play, inauguró la programación de ese escenario antes de dejar paso a Ignacio Serrano, Gon Abril, La Azotea, Mbongo y Kalenn. Era otro tipo de experiencia. Más cercana, más orientada al descubrimiento, con ese pequeño placer de escuchar por primera vez a un artista y quedarse con la sensación de haber encontrado algo que todavía no pertenece a todo el mundo. Como por ejemplo, hace algunas temporadas gran parte del respetable oyó en este mismo espacio por primera vez a Ultraligera .Entre ambos escenarios se encontraba una de las claves del festival: el trayecto también formaba parte del espectáculo.
Un bosque que estaba vivo
Caminar por Cantarranas significaba encontrarse continuamente con algo. Las criaturas de Pablo Méndez Performances aparecían entre el público convertidas en habitantes de aquel bosque improbable. Hadas, árboles, flores, ballenas y personajes de colores se mezclaban con los asistentes, posaban para las fotografías y transformaban el desplazamiento entre conciertos en otra actividad del festival. El escenario dejaba de ser el único lugar donde podía ocurrir algo.
Había un enorme photocall, decorados florales, rincones preparados para las fotografías y paredes que invitaban a participar. En una de ellas, los asistentes podían dejar sus propios mensajes con tiza. Y allí se producía una de las escenas más sencillas de la jornada: personas de edades distintas deteniéndose unos minutos para escribir un nombre, dibujar algo, dejar una frase o improvisar una ocurrencia. Después, cada cual volvía a su grupo y continuaba la ruta hacia el siguiente concierto. El Jardín de las Delicias construía así una experiencia que se entendía mejor caminando que mirando desde un único punto.
Comer, jugar y seguir descubriendo
Cuando apareció el hambre, los food trucks y los puestos gastronómicos repartidos por el recinto asumieron su papel. Había alternativas para diferentes gustos y necesidades, incluidas opciones veganas y aptas para personas celíacas. Es para destacar como la amplia oferta gastronómica mezclaba fusión, tradición y variedad para contentar a todos los paladares
Los cambios de escenario se convertían entonces en pausas para comer, sentarse un rato, encontrarse con alguien o recuperar fuerzas antes de regresar a la música. También estaban las actividades y activaciones de los patrocinadores. Juegos, propuestas participativas, fotografías y premios mantenían el recinto en movimiento incluso cuando no sonaba ninguna banda en el escenario principal. El resultado era un Jardín de las Delicias vivo. Un festival que funcionaba como una suma de pequeñas escenas para crear grande momentos con un concierto escuchado a lo lejos, una fotografía junto a una criatura fantástica, un grupo compartiendo comida, alguien escribiendo con tiza en una pared y, unos metros más allá, una nueva canción empezando. La jornada del viernes tenía muchos centros de atención. Un ciclo que tendrá parada el próximo 17 de octubre en Sevilla y del ya disfrutamos en Valencia.
Entre toda aquella actividad había otro elemento integrado en el paisaje con los numerosos puntos de reciclaje. La organización mantiene una estrategia de sostenibilidad que incluye la separación de residuos desde el montaje, materiales degradables, fuentes de agua, reducción de plásticos y reutilización de parte de la decoración. El festival también ha recibido reconocimientos de A Greener Future por sus avances en esta materia. El mensaje estaba incorporado al recorrido festivalero.
Dani Martín hace latir el Festival
A las 22:20, después de horas de actividad, Cantarranas había alcanzado otra energía. Entonces apareció Dani Martín sobre el Escenario Endesa con su gira 25 Pts Años con un espectáculo concebido para recorrer una trayectoria musical que forma parte de la historia del arte en castellano. Su repertorio tenía canciones capaces de convertir un campo de rugby en una gigantesca sala de conciertos y un karaoke masivo para enmarcar. Colmaron cada partícula del aire piezas como Zapatillas, Una foto en blanco y negro, Peter Pan, Hoy es el ultimo día de nuestras vidas, Volverá, Canciones, Qué bonita la vida y La madre de José entre otras. El madrileño fue un verdadero huracán, ofreciendo un sólido directo y con gran con destreza, supo construir un emotivo puente entre su etapa en solitario y su recordada época en El Canto del Loco
La noche encuentra su segunda velocidad y Nil Moliner mantiene encendida la noche
Mientras el Escenario Endesa concentraba buena parte de las miradas, el Bosque Ahorramas seguía funcionando con artistas de la talla de Ivan MG, Los Gilca, Carlos G B2B Tinture, Ardiya, Barce y Mickey Pavón quienes llevaron el festival hacia otro senderos. La electrónica tomó progresivamente el relevo y el espacio empezó a funcionar con otra energía. Y todavía quedaba una última gran parada. A la una de la madrugada, Nil Moliner asumió el cierre de la programación de la primera jornada del escenario principal. Libertad, Soldadito de Hierro y Mi Religión, eran protagonista de su repertorio en vivo. Su directo fue una ultima descarga de energía y baile. ero el festival todavía tenía música en el Bosque Ahorramas. La jornada se resistía a desaparecer de golpe.
Una brisa para el alma en Madrid
Cuando finalmente tocaba recoger la noche, quedaba la impresión de haber pasado muchas horas dentro de un lugar que había dejado de ser exactamente el que era a las tres de la tarde. Hubo guitarras, himnos, nostalgia, clásicos, energía, canciones, baile, comida, personajes mitológicos, encantamientos, fotografías y descubrimientos. Los asistentes disfrutaron de artistas consolidados y nombres emergentes. El Jardín de las Delicias había construido su identidad alrededor de esa suma.
Por eso, cuando llega septiembre, Cantarranas adquiere durante dos días otra identidad mutando en el Festival Jardín de las Delicias y sumergiendo al respetable en un bosque encantado.






























