Madrid amaneció el jueves 23 de julio con pronóstico de ola de calor. Lo que no anunciaron es que esa noche La Riviera se iba a convertir en la sala más caliente de la ciudad por otra razón: Jet, los australianos que sacudieron al rock n’ roll con su actitud sin filtro a principios de los 2000, volvían a pisar suelo español.
Jet vuelve a Madrid con sus grandes himnos
8:45 p. m., quince minutos tarde. El calor apretaba y la espera se sentía, pero nadie reclamó. Cuando sabes que viene Jet, el reloj deja de importar. Esto es rock: el retraso se perdona, la espera se cobra en adrenalina.
Last Chance abrió el show y la banda entró al escenario como si llegara a su propia casa. Con razón, el público llevaba rato coreando «rock n’ roll» antes de que nadie tocara una nota. Le siguieron Put Your Money Where Your Mouth Is, She’s a Genius y Get What You Need, un repaso que confirmó lo que todos veníamos a buscar: la nostalgia pura de los 2000, cuando Jet resucitó el rock n’ roll con un recorrido que hoy suma más de veinte años de catálogo.

Nic Cester mantiene intacta la voz de Jet
Jet fue recibido como ídolos. La Riviera no dejó de saltar ni un segundo y Nic Cester demostró que, dos décadas después, su voz sigue intacta: ese rasguño rockero que nunca desafina, ni cuando el cuerpo ya no es el de 2003.
Look What You’ve Done fue el primer respiro emocional de la noche: las manos arriba, más de un tatuaje del 2000 vibrando en el pecho de alguien en el público. Nic la presentó como una de las primeras canciones que escribió en su vida y se notó: la cantó como quien todavía se sorprende de que funcione.
Are You Gonna Be My Girl hace saltar La Riviera
El tributo a su país llegó con It’s a Long Way to the Top, de AC/DC, la banda más grande que ha parido Australia, y toda la sala bailó literalmente al clásico tema. Después, sin dejar respirar al público, el bajo de Mark Wilson, junto a la batería de Chris Cester, lanzaron Are You Gonna Be My Girl, el himno con el que crecieron generaciones enteras, ese riff que sigue siendo una lección de cómo un bajo puede cargar una canción entera sobre la espalda.
De ahí en adelante, fue un repaso sin pausa por Get Born, el disco que trajo de vuelta ese sonido clásico a los 2000s: Rollover D.J., Get Me Outta Here y Cold Hard Bitch, la sala entera cantando cada línea, sin que nadie mirara el móvil ni una sola vez.
En el regreso al escenario, Nic se abrió con el público: dedicó la siguiente canción a todos los que han perdido a alguien especial, como le ocurrió a él recientemente. Así empezó Shine On y, por un momento, La Riviera dejó de ser una fiesta para convertirse en algo más íntimo.
Después llegó el turno de presentar al guitarrista Cameron Muncey, quien tomó la voz principal en Come Around Again, un tema con aire de rock sureño, suave, que ya anunciaba que la despedida estaba cerca. Rip It Up cerró la noche como el «one more song» perfecto.
Ahora, lo que hay que decir sin filtro: el show se sintió corto. Sin ninguna sorpresas de última hora, la banda entró, dispararon los himnos y se fueron, dejando la sensación de que el público habría aguantado media hora más sin problema. Y es justo decirlo también: Jet es una banda de fórmula. Ese golpe de bajo y batería a lo AC/DC, que se repite canción tras canción, podría cansar en cualquier otra banda. Pero no cansó. Ahí está el truco: cuando la fórmula está bien ejecutada y el carisma de Nic Cester sostiene cada tema, la repetición se siente más a «sello de casa» que a fórmula gastada.

Conclusión: Jet sigue sonando brutal en 2026
El show de Jet me sorprendió, no solo por el estado físico de Nic, Cameron, Mark y Chris, que siguen fieles a sus raíces, sino por la fidelidad de sus seguidores en la capital española, que llenaron La Riviera para vivir una noche así. Si tienes un show de Jet cerca, no lo dudes: a pesar de no sacar un disco nuevo en más de dos décadas, en este 2026 siguen sonando brutales.
Nos vemos en el próximo show.



