InicioReseñasPlastilina Mosh hace temblar Madrid con sus himnos

Plastilina Mosh hace temblar Madrid con sus himnos

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Había una cuenta pendiente entre Plastilina Mosh y Madrid. Más de dos décadas de espera daban para alimentar unas expectativas enormes, y la noche del lunes 7 de septiembre terminó demostrando que la espera había merecido la pena. Después de su celebrado paso por Vive Latino, la banda de Monterrey aterrizó en la sala Copérnico con el cartel de sold out colgado en el marco de Las noches de Río Babel que se celebran del 4 de septiembre al 13 de noviembre en catorce espacios de Madrid y con una sensación inequívoca en el ambiente: aquella noche había mucha gente que llevaba demasiado tiempo esperando este momento. Desde antes de cruzar la puerta se percibía.

Entre el público aparecían camisetas llegadas desde MéxicoColombiaPerú, etcétera y otros rincones de mundo. La escena tenía algo de reencuentro familiar entre primos cercanos. Gente que había esperado años para volver a tener delante a Alejandro Rosso y Jonás González, y que había llegado a Madrid dispuesta a recuperar el tiempo perdido.

Una entrada entre humo y electricidad

Tras la intro, una nube de humo comenzó a envolver las tablas. La expectación se podía cortar en el aire hasta que, finalmente, aparecieron Rosso y Jonás junto al resto de la formación. Desde los primeros compases quedó claro que la banda no había venido a administrar la energía, ni alimentar la nostalgia, sino, ser ese presente sonoro que atraviesa las espinas dorsales con magnetismo y electricidad y la respuesta fue inmediata con una atronadora ovación que recibió a Plastilina Mosh, y Niño bomba fue la encargada de encender la mecha.

Plastilina Mosh Madrid
Fotos: Victor Daniel HM @vdhmphoto

Desde ese primer golpe quedó claro que la noche iba a funcionar bajo las reglas de la banda. Aquí no había una ruta perfectamente trazada ni un repertorio encorsetado. Una de las grandes particularidades de los directos de Plastilina Mosh es precisamente esa capacidad para dejar que las canciones aparezcan según lo que sucede sobre el escenario. Rosso y Jonás parecen buscar las musas delante del público. Se miran, juegan, reaccionan al ambiente y van construyendo el concierto sobre la marcha. Esa imprevisibilidad convirtió cada canción en un pequeño acontecimiento y mantuvo al público permanentemente encendido.

Después llegaron Te lo juro por MadonnaMonster TruckEnzo y Oxidados, piezas que fueron apareciendo como fogonazos dentro de un recorrido por distintas etapas de la carrera de la banda. Las canciones se entremezclaban con unas trabajadas visuales que ampliaban lo que ocurría en escena y daban al concierto una dimensión especialmente inmersiva. La pantalla y la iluminación no funcionaban como mero acompañamiento. Formaban parte de la narración. Cada tema encontraba su espacio visual mientras el sonido de Plastilina Mosh iba ocupando cada rincón de Copérnico.

Plastilina Mosh Madrid
Fotos: Victor Daniel HM @vdhmphoto

Las noches de Río Babel también eran testigo de la descarga del combo mexicano y hasta el tradicional pescado de su logo bailaba al compás. Por el ciclo pasaran este otoño artista como El Kuelgue, El Tri, Gilipojazz, Guitarricadelafuente, Jorge Drexler, La Bomba de Tiempo, Las Pastillas del Abuelo, Las Pelotas & Cruzando el Charco, Los Vinagres, Miranda! y No Te Va Gustar entre otros. Entradas disponibles  

Humor, complicidad y una sala entregada

En algún momento de la velada llegaron también las disculpas por haber tardado tanto en regresar. El gesto tenía algo de confesión y mucho de complicidad. La respuesta del público fue la mejor posible con más voces, más saltos, mas aplausos y más ruido.

A destacar es el nuevo sistema de iluminación de la sala Copérnico que tuvo además un papel destacado. Los haces de luz, combinados con el humo y las visuales, hicieron que el espectáculo ganara profundidad y envolviera literalmente a la sala. Sobre las tablas, mientras tanto, Rosso y Jonás demostraban una química intacta. Hubo chistes, chascarrillos, gestos cómplices y hasta coreografías de inspiración robotizada. Todo formaba parte de una comunicación constante con una audiencia que respondía a cada estímulo. Y el público llevaba los deberes hechos.

Plastilina Mosh Madrid
Fotos: Victor Daniel HM @vdhmphoto

Los coros aparecían una y otra vez con una contundencia que obligaba a los músicos a dejarse llevar. Había canciones que parecían pertenecer tanto a quienes estaban sobre el escenario como a quienes habían esperado durante años al otro lado del stage. La sensación de sed acumulada por volver a ver a Plastilina Mosh en España, y especialmente en Madrid, era evidente.

De la pista de baile a la intimidad

La banda siguió avanzando por su particular universo sonoro sin renunciar a ninguno de sus extremos. AfromanHuman Disco Ball y Pinche Stereo Band mantuvieron la temperatura alta, mientras Bungaloo Punta Cometa aportó otro de esos cambios de textura que forman parte de la identidad del grupo.

Plastilina Mosh Madrid
Fotos: Victor Daniel HM @vdhmphoto

Con Ode to Mauricio Garces llegó uno de los momentos más íntimos de la noche. La intensidad cambió de forma, pero no desapareció. El público acompañó con la misma atención y permitió que la canción respirara antes de que el concierto volviera a recuperar velocidad. Después llegaron Aló y Purrum, pum, pum, devolviendo el pulso a una sala que parecía haber encontrado una segunda reserva de energía. Tras superar el ecuador del concierto, aquello continuaba creciendo. Si parecía difícil elevar todavía más la temperatura, EncendedorCínicos Pecadores y Blasfemos se encargaron de demostrar lo contrario.

Entonces apareció Mr. P. Mosh, seguida por Millionaire, dos nuevos golpes sobre la mesa que volvieron a disparar los coros y el movimiento de la pista. Fueron un fuego sagrado liberador en el interior de la gente que explotaba de felicidad.

Un invitado para la recta final

La recta final tuvo además un invitado especial. Charlie Parra del Riego, actualmente guitarrista de Saratoga, se sumó a la banda para interpretar Peligroso pop. Su aparición añadió una nueva capa de energía a un concierto que ya transitaba hacia el desenlace. La guitarra se integró en una puesta en escena que continuaba jugando con las luces y las visuales, mientras Plastilina Mosh seguía demostrando que su personalidad escénica continúa intacta.

Después llegó Pervert Pop Song, que incorporó además estrofas del clásico Vamos a la Playa, de Righeira. Fue uno de esos momentos en los que el concierto se convierte en una conversación directa con el público con referencias compartidas, memoria musical y una audiencia que reconoce el guiño al instante.

El falso final y una última descarga

Cuando parecía que la noche tocaba a su fin, Plastilina Mosh volvió a jugar con las expectativas. La banda llevó a cabo una nueva puesta en escena con el público, estiró la complicidad hasta el último momento y protagonizó una falsa retirada. La reacción era que nadie quería que aquello terminara nunca.

El regreso tuvo premio. Nalguita apareció como último clásico de la noche y puso el punto final a una presentación que había recorrido buena parte del imaginario de Plastilina Mosh, desde la electrónica juguetona hasta el rock, el funk, el pop, una dosis de jazz y esa mezcla imposible de etiquetar que la banda convirtió hace tiempo en una marca propia.Los rostros de los fans cuando las luces comenzaron a devolver a la sala a la realidad eran de satisfacción, cansancio y esa expresión que dejan los conciertos que consiguen borrar durante unas horas el tiempo transcurrido.

Plastilina Mosh Madrid
Fotos: Victor Daniel HM @vdhmphoto

Plastilina Mosh pasó por Madrid y convirtió Copérnico en el punto de encuentro de varias generaciones que llevaban demasiado tiempo esperando este regreso. Lo hizo con canciones, humor, visuales, improvisación y una conexión extraordinaria con sus seguidores.

Después de casi de treinta años de carrera, Plastilina Mosh sigue vital y siendo ese titán sonoro con corazón de fuego y alma eléctrica. En la noche del lunes en la sala Copérnico, la banda mexicana dejó una estela de talento, personalidad y magnetismo que ya forma parte de las páginas doradas del libro sagrado de la música en España.

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Autor

  • Plastilina Mosh Madrid

    Redactor, fotógrafo y entrevistador de Arepa Volátil. El riff como capa, la poesía como espada y el rock and roll como sangre bendita. La música, el único escudo.

    Escritor de pluma honesta, siempre atento a las propuestas emergentes, a los artistas que rompen moldes y con devoción suprema a los dioses de la música.

    Rockstar a mi manera.
    Los shows en directo, la sal de la vida.

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