InicioReseñasVive Latino convierte Zaragoza en una fiesta iberoamericana en su primer día

Vive Latino convierte Zaragoza en una fiesta iberoamericana en su primer día

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Era viernes 4 de septiembre de 2026 y a las cinco de la tarde el calor ya se había instalado sobre la explanada del Espacio Expo en la capital de Aragón. Las camisetas empezaban a pegarse a la espalda, el hormigón devolvía los últimos coletazos del verano de manera intensa con altas temperaturas y alrededor de los escenarios se mezclaban acentos de Zaragoza, Madrid, México y otros puntos de España y América. El aire llevaba aroma de comida callejera, cerveza fría, cantina y polvo levantado por miles de pasos. Todo listo para la quinta edición del Vive Latino España.

Tres escenarios, una ciudad festivalera

En el stage Escena VL, artistas como El Practicante, El Kuelgue, Ed Maverick, Plastilina Mosh, Sanguijuelas del Guadiana y La Chiva Gantiva ofrecieron lo mejor de su repertorio. Era el recorrido más imprevisible de la jornada: guitarras, indie, rap, electrónica, mestizaje y una sensibilidad mexicana capaz de pasar de la intimidad al desorden festivo en cuestión de minutos, fusionándose con el talento local por obra y gracia del grupo maño Volador. El recinto todavía tenía margen para crecer, pero ya se intuía la dimensión del viernes con tres escenarios funcionando en paralelo, dieciséis artistas y una multitud obligada a tomar decisiones desde el primer minuto.

Vive Latino España primer día
Foto: Vive Latino España

El Kuelgue aportó su universo amplio y emotivo. Para aplaudir la colaboración sorpresa junto a Daniela Spalla. Sanguijuelas del Guadiana rubricó el gran momento que vive siendo uno de los triunfadores de la primera jornada. Ed Maverick llevó al recinto a otra dimensión con Fuentes De Ortiz. Su guitarra encontró un público dispuesto a bajar revoluciones antes de que el festival volviera a apretar el acelerador. Poco después, Plastilina Mosh hizo exactamente lo contrario. Mr. P-Mosh y Afroman devolvieron el cuerpo a la pista y rescataron ese cruce entre funk, rap, rock y electrónica que sigue sonando magnético.

Brutal puesta en escena del dúo oriundo de Monterrey, y La Chiva Gantiva cerraba el recorrido del stage con una propuesta que encajaban en la lógica de un festival construido alrededor de la variedad estilística.

Vive Latino España primer día
Foto: Vive Latino España

El stage Caja Rural de Aragón trazaba otra ruta

Niña Polaca puso las primeras guitarras con Madrid Sin Ti y Cabaret. Después llegó Pignoise, encargado de activar la memoria dosmilera con Nada Que Perder, Estoy Enfermo y Te Entiendo. Las canciones provocaron ese reconocimiento instantáneo que tienen los temas asociados a una época concreta y bastaban unos acordes para que una parte del público supiera exactamente lo que venía después con M-Clan, quienes fueron responsables de endurecer el pulso. La voz de Carlos Tarque llevó el rock de la banda hacia un territorio más áspero, con Carolina, Sopa Fría y Quédate A Dormir entre los momentos más reconocibles de su repertorio. El público respondió desde el primer estribillo y convirtió el escenario en uno de los puntos de encuentro generacional de la noche. Sus canciones eran el mapa. Entonces llegó Rigoberta Bandini.

Vive Latino España primer día
Foto: Vive Latino España

El gran coro de Rigoberta con himnos como Con Ay Mamá, Perra, Too Many Drugs, In Spain We Call It Soledad y A Ver Qué Pasa fue una de las postales del viernes en Zaragoza. Rigoberta Bandini, quien se encuentra embarazada, anunció que era uno de los últimos concierto de la gira antes de dar a luz, encontró un recinto preparado para cantar a pleno pulmón. Ay Mamá funcionó como ese tipo de canción que deja de pertenecer al escenario cuando miles de personas empiezan a cantarla al mismo tiempo. La reacción con brazos arriba, saltos y un karaoke que se extendía mucho más allá del recinto. El ambiente adquirió otra emotividad. El festival ya llevaba horas funcionando, pero allí apareció una de las primeras grandes imágenes colectivas de la jornada. Modelo puso el broche final en el stage con la madrugada como testigo.

De la intimidad de Amaia al rugido de Loquillo pasando por Julieta Venegas

Julieta Venegas y su inseparable acordeón introdujo una textura reconocible desde los primeros compases y el repertorio hizo el resto. Me Voy, Limón Y Sal y Eres Para Mí activaron una memoria entre generaciones. Amaia y su actuación se movió en un registro más íntimo, con esa combinación de talento, poesía y explosión pop que define buena parte de su directo. El Encuentro, Tengo Un Pensamiento, Quiero Que Vengas, Nanai y La Canción Que No Quiero Cantarte construyeron un show de contrastes, capaz de pedir atención en medio de un recinto diseñado para el movimiento constante. La respuesta del público fue creciendo canción a canción.

Vive Latino España primer día
Foto: Vive Latino España

Entonces, sobre Ámbar, apareció Loquillo. Vestido de negro, el veterano rockero llevó al escenario décadas de carretera. Cadillac Solitario, Feo, Fuerte Y Formal y, especialmente, El Ritmo Del Garaje conectaron con un público que respondió levantando los puños y cantando como si aquellas canciones llevaran años esperando ese espacio. El público acompañó los riffs y los decibelios hicieron eco en las almas y dejaban sensación de carretera emocional. El frontman catalán convirtió la explanada en un gigantesco coro. El sonido del público terminó formando parte de su repertorio y la actuación adquirió esa sensación de directo clásico que se construye a base de himnos, experiencia y reconocimiento inmediato. La noche ya estaba en llamas.

Vive Latino España primer día
Foto: Vive Latino España

Rawayana pone el Caribe sobre el Ebro y, tomando el stage Ámbar, cambió el paisaje sonoro. High, Véngase I y Feriado llevaron el concierto hacia un terreno tropical y bailable. El público respondió con sus voces, bailando y entregándose a la causa por completo. El pavimento de la Expo se convirtió durante unos minutos en una pista de baile caribeña.

Vive Latino España primer día
Foto: Vive Latino España

Un ring en mitad del festival

Entre concierto y concierto, el Vive Latino ofrecía otra clase de espectáculo. Alrededor, los escenarios seguían activos. La sombra de la Torre del Agua empezaba a alargarse, el cuadrilátero de la Lucha Libre Mexicana concentró a una multitud. Niños a hombros, adultos con cerveza en la mano y espectadores que habían llegado atraídos por la música acabaron formando un círculo alrededor de la lona. Allí estaban Chico Calavera y Conquistador, entre otros luchadores, con máscaras multicolores, acrobacias, llaves imposibles y golpes teatrales contra el suelo. El público jaleaba cada movimiento con una intensidad que convertía el combate en una extensión natural de la fiesta.

La lucha libre funcionó como algo más que una actividad paralela. Era una puerta directa hacia la cultura popular mexicana que el festival quiere incorporar a su identidad en Zaragoza. Y el público disfrutó a pleno, mimetizándose con el espectáculo. Todo un acierto del Vive Latino.

Comer, caminar, comprar, volver a bailar y latir en el VL 2026

La Zona Gastro tenía su propio ritmo. Chilaquiles, cochinita pibil, tacos, pizzas, ceviches y propuestas mediterráneas compartían espacio con croquetas, opciones veganas y vegetarianas y alternativas para distintas necesidades alimentarias.

El resultado era una especie de cantina transatlántica montada junto al recinto de conciertos. Entre actuaciones, el público comía, buscaba una mesa, recuperaba fuerzas y volvía a consultar los horarios. Ese era el verdadero mecanismo del viernes. Mientras un artista cerraba una canción, miles de personas ya estaban cruzando el recinto. Algunos llegaban tarde a su siguiente concierto. Otros descubrían una banda por casualidad. Había quien se detenía ante un puesto de comida, quien hacía cola para comprar una camiseta y quien simplemente se sentaba diez minutos porque el cuerpo empezaba a pasar factura. El festival tenía sus propias normas. Los desplazamientos entre escenarios en una parte más de la experiencia con paradas estratégicas para refrescarse. Cada recital que terminaba abría una carrera improvisada hacia el siguiente.

El merchandising seguía una lógica parecida con camisetas de edición limitada, ilustraciones exclusivas, gorras, bolsas de tela, etcétera. El festival Vive Latino ofrecía suficientes estímulos para que el espectador tuviera algo que hacer incluso cuando su grupo favorito no estaba tocando con actividades recreativas y lúdicas para todos los públicos. También había zonas de descanso y espacios de activación que ayudaban a sostener una jornada larga. Porque ocho horas de festival requieren cierta logística y también piernas.

Una conversación entre generaciones en el Vive Latino

La primera jornada funcionó precisamente por esa convivencia. En un mismo recinto podían coincidir las canciones de Loquillo, el pop de Amaia, la memoria dosmilera de Pignoise, el rock de M-Clan, el universo de Rigoberta Bandini, la sensibilidad mexicana de Ed Maverick y el Caribe de Rawayana. No había una única generación ocupando el espacio. Había padres cantando canciones que sus hijos también conocían. Jóvenes descubriendo artistas que sus acompañantes llevaban años escuchando. Viajeros llegados de otros lugares, público local, mexicanos, españoles y latinoamericanos compartiendo cerveza, comida, canciones y conversaciones improvisadas. El idioma común era el estribillo. Y cada escenario ofrecía una versión diferente. El festival consiguió así algo más interesante que una sucesión de conciertos: creó una pequeña ciudad temporal dentro de Zaragoza, con sus propios desplazamientos, encuentros, descansos y puntos de reunión.

El calor también tuvo su papel

El calor acompañó la jornada desde el principio. A primera hora de la tarde, el termómetro apretaba y el hormigón acumulaba temperatura. El público buscaba agua y sombra cuando podía, agradecía las zonas de descanso y aprovechaba cualquier corriente de aire. A medida que avanzaba la noche, el calor físico se mezcló con otro. El de la pista.

Camisetas empapadas, polvo en los zapatos y brazos levantados formaban parte del paisaje. Cuando llegaron los conciertos más esperados, el termómetro había dejado de ser la principal preocupación. El público ya estaba demasiado ocupado cantando. Y la maquinaria del festival seguía funcionando. Un escenario terminaba, otro arrancaba. Una multitud cruzaba la explanada. Desde lejos se escuchaba un estribillo. Alguien aceleraba el paso. Ese movimiento constante fue quizá una de las imágenes más precisas del día viernes en el Vive Latino.

Un solo latido al otro lado del Ebro

Pasada la medianoche, el recinto seguía respirando como una ciudad despierta. La programación completaba sus últimos recorridos y se escuchaban conversaciones sobre la edición de México del pasado mes de marzo del Vive Latino. La gente continuaba alternando entre escenarios, comida y zonas de descanso. El festival había empezado a las 17 horas y, varias horas después, todavía conservaba suficiente energía para mantener a miles de personas en movimiento.

Cada actuación tuvo su propio lenguaje, su expresión, su puesta en escena y, junto a las canciones, construyeron una conversación musical entre España y América. Cuando la jornada terminó, el río Ebro seguía allí y aún vibrando. El Vive Latino había conseguido que Zaragoza funcionara durante unas horas con otra frecuencia.

La primera jornada de esta quinta edición dejó una mezcla reconocible con rock de carretera, pop de autor, nostalgia, indie, mestizaje, Caribe, cultura mexicana y una buena dosis de descubrimiento. Sobre todo, dejó la sensación de que el festival ha encontrado una manera propia de ocupar la ciudad. Tres escenarios con propuestas atrapantes y con la heterogeneidad como estandarte.

Niña Polaca, Julieta Venegas, Pignoise, Amaia, M-Clan, El Kuelgue, Loquillo o Plastilina Mosh fueron algunos de los protagonistas de la jornada de viernes del Vive Latino en Zaragoza. Después de horas de guitarras, pop, rock, indie y electrónica, el festival encontró en el público un hueco especial. Nos vemos en la segunda jornada del Vive Latino 2026 en España.

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Autor

  • Vive Latino España primer día

    Redactora musical, camarógrafa y enviada especial de Arepa Volatil.
    Mi profunda pasión por la música se remonta a mi infancia donde, gracias a mi padre, fui expuesta a una amplia gama de estilos y sonidos que van desde la opera pasando por el flamenco más puro, el pop de autor, hasta desembarcar en el blues, el mas furioso rock y otros géneros musicales del mundo.

    Un lenguaje tan diverso, pero tan universal, que logró crear una conexión tan profunda que necesita ser no sólo vivida, sino compartida.
    De ahí mi vocación por crear contenidos que inspiren y conecten a las personas con la música y a esta, con el mundo, cual ríos que buscan alcanzar el mar. Ya lo dice el mismo Sabina..."como un Pato en el Manzanares".

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